FINANZAS DE BOLSILLO

La Regla de Oro para lograr mejorar el manejo del dinero

Hábitos que se cambian y se logra ese ahorro que aparentemente “no se puede”.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Tienda de ropa.Foto: Francisco Flores

Levantarse de la cama, mirar el celular, darse una ducha, prepararse el desayuno y salir a trabajar. Es parte de una rutina, o dicho de otra manera: un hábito.

Toda nuestra vida está definida por una enorme cantidad de decisiones que se transforman en hábitos, de los cuales no somos en general conscientes. Aunque tendemos a creer que las decisiones las tomamos luego de evaluar rápida o lentamente distintas alternativas, esto no es así. Son los hábitos. Según un estudio publicado por la Duke University de Estados Unidos en 2006, más del 40% de las acciones de una persona promedio responde a hábitos antes que a decisiones conscientes.

Hoy analizaremos qué son los hábitos y cómo funcionan, siempre a la luz de los últimos descubrimientos anunciados en el campo de la neurociencia. Luego, veremos qué papel cumplen los hábitos en nuestra relación con el dinero y expondremos la denominada "Regla de Oro", con el objetivo de transformar los hábitos nocivos en saludables para mejorar nuestras vidas.

Qué son los hábitos y cómo funcionan.

En notas anteriores, hemos establecido la diferencia entre rutina y hábitos. También, hemos presentado hábitos nocivos y saludables para las Finanzas de Bolsillo. Es momento ahora de profundizar el conocimiento sabiendo que podemos modificar los hábitos siempre y cuando sepamos cómo funcionan. Los hábitos esconden decisiones que tomamos de manera deliberada en algún momento, pero que luego abandonamos a la costumbre.

Dejamos de poner atención en las razones detrás de esa conducta y simplemente la repetimos.

En algún momento, decidimos qué camino tomar con el auto para volver del trabajo. Luego, automatizamos el comportamiento y el camino deja de ser una opción para convertirse en una suerte de autoimposición no deliberada.

Nuestro cerebro automatiza las distintas secuencias de acciones que ponemos en práctica periódicamente. Lo hace con el fin de ahorrar energía.

El beneficio es enorme: nos permite dejar de pensar en comportamientos básicos y cotidianos para concentrarnos en cuestiones que consideramos más importantes, como puede ser un nuevo desafío (aprender un idioma, presentar un informe en el trabajo, etc.).

Sería agotador elegir todos los días un camino distinto para volver del trabajo a casa. No podemos mantener alerta al cerebro sobre cuestiones, en principio, menores. El gasto de energía podría ser enorme.

En su libro "The power of habit", Charles Duhigg detalla cómo emergen los hábitos y cómo pueden ser modificados. Básicamente, el proceso consta de tres momentos: señal, rutina y recompensa.

El origen de todo hábito es una señal o disparador que da inicio a la automatización de la conducta. Allí aparece la rutina, que espera su recompensa por concretar la acción cuantas veces sea necesario.

Señales y recompensas pueden ser muy distintas según cada persona y su estructura mental y psicológica.

Supongamos que una persona asegura que, a pesar de sentirse poseedora de un ingreso que le posibilita ahorrar todos los meses, no puede hacerlo y eso la frustra.

Interrogada acerca de qué hace apenas percibe su salario, responde que suele comprarse ropa y comer en su parrilla preferida.

En este caso, el disparador (señal) se detecta con facilidad: el cobro del salario. Esta persona responde con una rutina nociva que consiste en gastar parte del dinero en indumentaria que seguramente no necesita. También hay una recompensa: el asado que tanto le gusta.

Lo lógico sería recomendarle que deje de comprar ropa por un tiempo o que coloque el sueldo en instrumentos financieros que no le permitan tomar inmediatamente una parte del dinero para derrocharlo. Esas nuevas consignas serían difíciles de implementar por parte de la persona, que seguramente debe haberlo intentado infructuosamente tiempo atrás.

Sin embargo, en el tratamiento de este tipo de "adicciones" existe una solución mucho más potente y efectiva: La Regla de Oro.

Los hábitos nunca desparecen. Se codifican dentro de una parte del cerebro conocida como ganglios basales.

Esta codificación nos permite no tener que aprender nuevamente lo que ya incorporamos: caminar, andar en bicicleta, manejar...

El problema es que nuestro cerebro no puede diferenciar entre hábitos positivos y negativos.

Estos últimos también estarán dando vueltas en nuestra cabeza esperando la señal correcta para iniciar el proceso y luego disfrutar la recompensa.

Una de las razones por las que resulta tan difícil reemplazar un hábito por otro es que no basta con proponer un esquema distinto de señal, rutina y recompensa: debe existir, además, ansiedad por recibir la recompensa para convertir en hábito un comportamiento distinto. La Regla de Oro sostiene que para transformar un mal hábito en un buen hábito es necesario mantener la vieja señal disparadora y la recompensa, pero incorporando una nueva automatización en el medio.

Siguiendo el ejemplo anterior, conviene decirle a la persona con problemas para ahorrar que siga cobrando su sueldo como siempre.

Una vez depositado el efectivo, caminar por alguna plaza o parque y, finalmente, pedir una mesa en la parrilla de siempre.

De esta forma, se mantiene la señal (hacerse con el dinero del salario) y se mantiene la recompensa (comer la mejor carne), pero se inserta una nueva rutina en el medio (la caminata, que reemplaza a la nociva costumbre de comprar ropa sin necesidad).

La Regla de Oro ha demostrado a lo largo del tiempo tener una gran eficacia y constituye una gran opción para transformar hábitos perjudiciales en saludables sin afectar nuestro humor, más bien haciéndonos sentir más satisfechos con nosotros mismos.

Lo principal pasa por invertir tiempo en analizar cuáles son las señales que disparan nuestras acciones y qué recompensas buscamos a cambio, para luego repensar las rutinas que cumplimos entre el primer paso y el último. Las conductas que algunas vez tuvieron sentido, pueden no tenerlo hoy y resultar muy nocivas. Debemos encontrar esas fallas para reprogramar nuestro cerebro con nuevas rutinas.

Un estudio encabezado por Jane Wardle para la University College de Londres y publicado en el European Journal of Social Psychologyafirma que para convertir un objetivo o actividad en algo automático, de forma tal que no tengamos que apelar constantemente a la fuerza de voluntad, necesitamos 66 días. Basado en LA NACIÓN / GDA

Tecnología como aliada para cambiar conductas.

El primer paso para mejorar las finanzas personales es tener un termómetro real de cuántos son gastos necesarios y cuáles son evitables. Para ello, la tecnología es una aliada. Hay varias aplicaciones para teléfonos ya sea con sistema operativo Android o Apple. Una de ellas —disponible en ambas plataformas— es Costman. Es una aplicación simple para organizar los gastos personales. ¿Cuánto se destina a cafés por año? ¿Y cuánto se va en almorzar afuera? Costman permite ver graficadas los gastos personales con un acumulado por sector y resumidas en varias categorías. También permite realizar presupuestos mensuales y semanales para evitar gastar de más y planear para gustos específicos. Para mantener esta información sensible con un buen nivel de privacidad, la aplicación ofrece determinar una contraseña especial para acceder a los datos. Otra opción es la página web www.zetacuentas.com o la aplicación Zcuentas Express (también disponible en Android y Apple) de la empresa uruguaya ZetaSoftware. Permite registrar gastos en el momento, controlar vencimientos de facturas, planificar presupuestos con informes, gráficos, etc.

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