TASAS ALTAS ALIENTAN AL CARRY TRADE

Argentina: nuevo manejo económico

El poder que ha ganado el presidente del Banco Central lleva a que se priorice la inflación.

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Federico Sturzenegger. Foto: Reuters

A diferencia de lo que sucedía en la década del 90 con Domingo Cavallo o en los primeros años de la etapa kirch-nerista con Roberto Lavagna, el poder de los ministros de Economía ha venido perdiendo fuerza en Argentina. La negativa a ceder amplios márgenes de decisión a ministros todopoderosos es un hilo que une a Cristina Fernández de Kirchner con Mauricio Macri. De hecho, tras el pedido de renuncia a Alfonso Prat-Gay a fines de 2016, Macri decidió dividir el Ministerio de Economía en dos carteras: Hacienda, a cargo de Nicolás Dujovne, y Finanzas, encabezada por Luis Caputo.

Con el manejo de la política económica repartido en varias áreas del gobierno, quien concentra cada vez un mayor protagonismo es Federico Sturzenegger, el titular del Banco Central. "En los 90, con la convertibilidad (un peso argentino = un dólar), Argentina dejó de tener política monetaria, y en los últimos años del kirchnerismo el Banco Central se había transformado en la caja boba del estado para financiar el gasto público. Tras el cambio de gobierno, la autoridad monetaria recuperó en Argentina el rol que tiene en otros países y su influencia para determinar el rumbo económico es alta", dijo Ramiro Castiñeira, economista jefe de la consultora Econométrica, en Buenos Aires.

Con Sturzenegger, el Banco Central lleva adelante una política monetaria restrictiva que tiene como núcleo la fijación de elevadas tasas de interés para quitar pesos de circulación y, con eso, intentar reducir la inflación. El objetivo que se impuso es que la inflación caiga del nivel cercano al 40% registrado en 2016 al 17% como techo este año.

Para los críticos de la estrategia de Sturzenegger, ajustar la política monetaria a una meta de inflación tan ambiciosa —más aún si se tiene en cuenta el contexto de suba de tarifas de los servicios públicos— está estimulando la especulación financiera y ralentizando la recuperación de la actividad económica. "El Banco Central anunció a comienzos de año que iba a restringir la política monetaria lo que sea necesario para alcanzar la meta de inflación del 17%. Eso dio por sentado que las tasas iban a ser altas, lo que estimuló el carry trade (invertir en la moneda local para obtener fuertes ganancias en dólares)", dijo la economista Marina Dal Pog-getto, directora ejecutiva del Estudio Bein, en Buenos Aires.

El combo de tasas altas en pesos y dólar estable reabrió las puertas de la llamada bicicleta financiera en Argentina. El contexto de alto déficit de las cuentas públicas financiado mayoritariamente por endeudamiento en dólares estimula esa maniobra especulativa. Como el gobierno nacional y los provinciales necesitan pesos para hacer frente a sus obligaciones, venden los dólares en el mercado y eso deprime el tipo de cambio. Para sostener el valor del dólar y no afectar aún más la competitividad de las pymes industriales y las economías regionales, el Banco Central compra parte de esos dólares que ingresan vía deuda. Pero, para hacerlo, debe emitir más pesos que luego absorbe con títulos de deuda en pesos llamados Lebac. Para renovar cada mes buena parte del stock e impedir que esa montaña de pesos vuelva a la calle, la autoridad monetaria debe convalidar tasas altas. El martes pasado logró renovar el 94% de las Lebac que vencían (el equivalente a la mitad de la base monetaria) a costa de elevar la tasa del 24,25% al 25,50%.

Con un valor del dólar planchado, las Lebac ofrecieron en los últimos meses una ganancia en torno al 2% mensual en dólares, rendimiento difícil de igualar en otros países. Según el Balance Cambiario del Banco Central, el ingreso de dólares para aprovechar esta oportunidad sumó en el primer cuatrimestre US$ 2.900 millones. "Es de manual: mientras más altas son las tasas, menos incentivos a la inversión hay. La suba de tasas perjudica al nivel de actividad y a la inversión en particular, pero no hay muchas más alternativas ante la herencia que dejó el gobierno anterior y que todavía pesa", señaló Castiñeira.

Debate interno.

Con las Primarias Obligatorias fijadas para el 13 de agosto y las elecciones parlamentarias de medio término para el 22 de octubre, el sector político del gobierno viene alzando cada vez más la voz para que el Banco Central flexibilice su política monetaria y baje las tasas de interés con el objetivo de apurar la reactivación de la economía.

En cambio, quienes defienden la estrategia de Sturzenegger sostienen que los frutos de la política monetaria contractiva se verán a partir de junio, cuando la inflación empiece a exhibir índices en torno al 1% mensual. Esa disminución de la inflación permitiría reducir las tasas y estimular el consumo. Hasta ahora, Macri inclinó la balanza a favor del camino delineado por Sturzenegger.

Además de ese respaldo, la volatilidad cambiaria provocada por la crisis institucional en Brasil también parece jugar a favor del titular del Banco Central, al menos en el corto plazo. El día en que se conocieron los audios en los que el presidente de Brasil, Michel Temer, avaló el pago de coimas, el peso se depreció en Argentina 2,6% y los que habían apostado a las Lebac perdieron en una jornada la ganancia esperada para todo el mes.

La disociación es un riesgo.

El stock de las Lebac ya representa más de 7% del PIB y renovarlo a estas tasas pone presión sobre el Banco Central, aunque, por ahora, es manejable. El riesgo es que se nota cierta disociación entre la política expansiva del gasto público y la estrategia contractiva del Central. La corrección en la pata fiscal está bastante desdibujada, por lo menos en este año electoral", dijo Castiñeira.

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