HORACIO BAFICO Y GUSTAVO MICHELIN

Los aspectos a tener en cuenta para salir del estancamiento del salario

Tras una década de fuerte crecimiento, en el último año el salario real prácticamente no varió. Más allá de las preocupaciones atendibles que se generan, el resultado es lógico, ya que en última instancia el salario tiene que reflejar el valor de lo producido por unidad de trabajo dedicada.

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La actividad industrial verificó una baja en el décimo mes del año.

Y en esta nueva fase del ciclo económico, la producción uruguaya vale menos, la caída de los precios de exportación así lo refleja.

El menor valor de la producción deja al descubierto el posicionamiento de Uruguay en las cadenas de valor internacional, donde ocupa el eslabón que genera menos valor. El desafío pasa por acceder a esos eslabones más rentables, que permitan pagar mejores salarios. Pero para ello son necesarias importantes reformas internas.

El salario real apenas creció 0,4% en el último año. Tal desempeño contrasta con el fuerte dinamismo de los 11 años anteriores, período en el cuál se incrementó a una tasa promedio del 4,1% anual, acumulando un incremento del 55% entre 2014 y 2003.

Pero no se puede decir que este freno sea algo sorpresivo. Por el contrario, tanto la evolución pasada de los salarios como la actual está en consonancia con la marcha de la economía. El Producto Interno Bruto (PIB) global también creció a tasas muy importantes durante el período en que crecieron los salarios y se estancó en el último año.

Fue ese crecimiento económico, y un punto de partida muy deprimido, el que posibilitó que los salarios reales aumentasen al ritmo que lo hicieron. En particular incidieron varios factores, entre los que cabe destacar al incremento que registró la productividad de la economía uruguaya.

De hecho, el concepto de productividad se introdujo como una novedad en las negociaciones salariales. Sin embargo, dada la coyuntura actual, queda de manifiesto que el concepto no fue bien utilizado. El salario no debe vincularse a la productividad de la mano de obra (lo que se produce) sino al valor de esa productividad.

Estrictamente, el salario debe igualar al valor de la productividad marginal del trabajo, es decir al valor de lo que produce la última unidad de trabajo empleada.

Los conceptos marginales son difíciles de implementar, por lo que una aproximación sería el valor de la productividad media.

Precisamente uno de los factores que más contribuyó al crecimiento económico registrado en la última década, que posibilitó a su vez la suba de los salarios fue el mayor valor de la producción uruguaya.

Los precios de exportación se duplicaron en dólares entre 2003 y 2013, se estancaron en 2014 y cayeron 12% en el último año.

Ese menor valor de la producción, que determina que comparado con el año 2013 ingresen a la economía uruguaya US$ 10.000 millones menos, es el que explica el comportamiento de los salarios en el último año.

En momentos en que están negociando varios Consejos de Salarios, no tenerlo presente es el camino seguro a una suba en la tasa de desempleo.

Cambiando la mirada de la coyuntura al mediano plazo, el tema del valor de la producción uruguaya amerita una discusión más profunda.

No proponemos entrar a los viejos debates de agro versus industria, que quedaron zanjados con el fracaso del modelo de sustitución de importaciones (en los años 50), pero si prestar atención a lo que ocurre en el mundo, en el que las cadenas de valor son cada vez más importantes.

Una cadena de valor representativa del sector industrial se inicia en la etapa de diseño, continúa con las etapas de producción, fabricación y coordinación de componentes, y pasa luego a través de varias etapas intermedias hasta llegar a la distribución, la comercialización y la venta minorista. Las distintas etapas no se desarrollan necesariamente en el mismo lugar, sino que se van localizando en aquellos países en los que resulta más conveniente llevarlas a cabo.

Entre los factores que han hecho posible el crecimiento de estas cadenas se incluye en primer lugar el desarrollo de las telecomunicaciones, los servicios financieros y las tecnologías de la información, que han permitido la coordinación en tiempo real de actividades de producción que se encuentran hoy fragmentadas y dispersas en distintas partes del mundo.

En segundo lugar, las mejoras en la infraestructura, la logística y los servicios de transporte que han posibilitado una entrega más fiable y rápida.

Por último, los acuerdos comerciales mediante la disminución de los aranceles y la liberalización de los servicios, que facilitan el comercio mundial.

La evidencia muestra que de todos los eslabones de la cadena, el que agrega menos valor es la producción propiamente dicha. Los eslabones anteriores (diseño, investigación y desarrollos) y los posteriores (venta, comercialización y servicios pos-venta) son quienes más agregan, conformando así la denominada curva de la sonrisa.

La variabilidad del valor de la producción uruguaya, que incide a su vez en la evolución de los salarios, se explica en buena medida por los principales productos que conforman nuestra canasta de exportaciones. Se trata de productos que pertenecen al eslabón más bajo de la curva de la sonrisa.

El desafío es intervenir en los restantes eslabones. Hay algunos ejemplos como en el software y en la propia cadena cárnica, en la que el país está logrando diversificar sus productos. Pero son ejemplos puntuales.

Para poder competir en los eslabones más valiosos hay que tener las condiciones, y ese es uno de los talones de Aquiles de nuestra economía.

Hay problemas de infraestructura, la mano de obra no está lo suficientemente preparada para llevarlas a cabo y en materia de inserción internacional queda todo por hacer.

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