IMPACTO DEL CAMBIO TECNOLÓGICO EN EL TRABAJO

Avance técnico podría reemplazar dos tercios de las ocupaciones

Así cuantificó este riesgo para Uruguay y Argentina un estudio del Cinve.

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Agricultura, caza, forestación, silvicultura y pesca tiene la mayor probabilidad de reemplazo. Foto: F. Ponzetto

Qué tan vulnerables serán los mercados laborales actuales en Uruguay y Argentina al avance de la tecnología en las dos décadas que vienen? Esta es una de las interrogantes que trató de responder el estudio "Innovación y habilidades en América Latina", de los economistas Diego Aboal y Gonzalo Zunino, del Centro de Investigaciones Económicas (Cinve).

El trabajo —que es parte del informe "Robot-lución" del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), divulgado hace unos días— marca que alrededor de dos tercios de las ocupaciones que hoy se desarrollan en ambos países "estarían en riesgo de ser reemplazadas por el avance técnico".

Además, el llamado "desempleo tecnológico" no se limitaría a algunos sectores sino que permearía a todas las ramas de actividad. "No existe ninguna rama donde la probabilidad de sustitución sea inferior al 50%", marcan los autores.

En Uruguay, el sector de agricultura, caza, forestación, silvicultura y pesca tiene una probabilidad de reemplazo de sus ocupados de 82,2%, el guarismo más alto registrado por los autores en el país. En el extremo opuesto, hoteles y restaurantes, con 51,9%, tuvo el menor.

Otro punto que destaca el informe como una "preocupación adicional" es el hecho de que los jóvenes de esos dos países "se siguen insertando laboralmente en ocupaciones con alto riesgo de reemplazo".

"Este fenómeno es particularmente preocupante, puesto que evidentemente el desafío en materia de seguridad social se reduce si las personas expuestas al desempleo tecnológico se encuentran en edades próximas a su retiro", dice el informe.

La probabilidad de ser víctima del "desempleo tecnológico" está vinculada (de manera negativa) al nivel educativo que posea el trabajador, lo cual hace que el "desafío hacia el futuro parece indicar que la educación será cada vez más necesaria para lograr una inserción laboral menos vulnerable".

En este sentido, aquellos que solamente hayan cursado educación primaria son quienes tienen la probabilidad más alta de automatización, con 73,7%. Por el contrario, ese número cae a 29% en el caso de los trabajadores con universidad completa.

Los autores marcan que "hay evidencia bastante clara de que la innovación presenta un sesgo de habilidades, es decir, favorece a la demanda de mano de obra más calificada".

El estudio —que cruzó información procesada por dos académicos de la Universidad de Oxford con la que se desprende de las encuestas de hogares en Argentina y Uruguay— concluyó que los hombres son los que tienen ocupaciones con mayor riesgo de automatización. Pese a esto, "incluso en las mujeres la probabilidad de automatización superaría en promedio el 60%" en ambos países.

Desafíos.

Ante este escenario, Aboal y Zunino señalan tres "grandes desafíos" a nivel de política pública. Por un lado, "adaptar" a los trabajadores a las demandas de este siglo. Por otro, "minimizar los costos de la transición hacia el nuevo escenario laboral". En tercer lugar, "buscar arreglos institucionales que permitan a la sociedad beneficiarse de las ventajas del cambio tecnológico".

A pesar de que los autores descartan un contexto de desempleo "masivo", sí podría haber menos demanda laboral. Esto no equivale a una menor cantidad de trabajadores sino que podría abrir la puerta para la reducción horaria de la jornada laboral.

Registros "notoriamente superiores" en la región.

Los resultados de Argentina y Uruguay son "notoriamente superiores" a los de otros países. Mientras que el riesgo en el Río de la Plata asciende a dos tercios de las ocupaciones actuales, para Estados Unidos se estimó que el reemplazo tecnológico llegaría al 47%.

Los registros argentinos y uruguayos también son superiores a los de otros países desarrollados, como Finlandia (35%), Alemania (59%) y las economías del sur de Europa (entre 40% y 60%).

Entre otras hipótesis, los investigadores señalan que "la mayor calificación promedio de la mano de obra en las economías desarrolladas respecto de las emergentes probablemente haya facilitado su inserción en ocupaciones de mayor complejidad, con un menor componente rutinario y, por lo tanto, con mayores dificultades para su automatización".

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