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Competitividad con Brasil cae al mismo nivel de 1999

En enero de 1999 Brasil devaluó el real y en un mes perdió 60% de su valor. En ese entonces, el país vecino tenía tipo de cambio fijo y al liberarlo se dio esa devaluación.

Uruguay también tenía un tipo de cambio fijo (de banda de flotación) por aquel entonces, pero recién lo abandonó en junio 2002, cuando acumulaba tres años de recesión y en medio de una crisis bancaria. Ahora, Brasil está en recesión, busca aprobar un potente plan de ajuste fiscal y perdió el grado inversor de su economía. El dólar en el vecino país subió 52,5%, la diferencia, es que lo hizo en nueve meses y medio. En Uruguay la divisa estadounidense corre de atrás: el alza es de 18,5% en lo que va del año.

"De acuerdo a nuestras estimaciones, terminaremos septiembre con el Tipo de Cambio Real (TCR, que además de la moneda combina la inflación) bilateral en un nivel de más de 40% por debajo del promedio de los últimos 35 años, un valor similar al de febrero de 1999", dijo a El País el gerente del Departamento Económico de la consultora CPA Ferrere.

Mientras, el Banco Central (BCU) no prevé seguir ese ritmo devaluatorio de Brasil porque hoy su prioridad es la inflación. Una suba del dólar para empardar al país vecino, significaría dejar que la inflación se vaya bien arriba del 10%. "Ya sabemos lo que es una inflación de dos dígitos", recordó un integrante del equipo económico.

Aún así, el TCR bilateral con Brasil está en el mismo nivel al que llegó después de la devaluación de 1999. La dependencia del gigante sudamericano es distinta, al fin de la década del 90 a Brasil iba el 35% de las exportaciones uruguayas y en 2014 fueron el 18% del total. Pero, en el turismo, sí es más relevante Brasil hoy que en 1999 (representa 31% de los turistas que llegan a Uruguay frente al 7% que representaban en el total hace 16 años). Para el presidente del BCU, Mario Bergara la situación actual no se puede comparar con 1999 (ver aparte).

Según Capurro, "hasta hace unos meses, podía llegar a haberse argumentado que este desvío del TCR no representaba un problema dado que la economía estaba creciendo a buen ritmo y que los datos mostraban que Uruguay estaba desacoplado de la región. Sin embargo, el dato del PIB del segundo trimestre (caída de 1,8% frente al primer trimestre y de 0,1% frente a abril-junio de 2014) dejó en evidencia que Uruguay se estancó en forma abrupta antes de lo previsto".

Recordó que "algunos analistas habíamos advertido que el desacople era transitorio, y que en ausencia de una corriente de inversión interna, Uruguay iba a converger a tasas de crecimiento mucho más moderadas y por eso era importante corregir el desequilibrio del TCR, de lo contrario el aterrizaje de la economía uruguaya sería más abrupto del necesario. Todo eso está ocurriendo ahora, antes de lo esperado".

Ahora, corregir ese desvío, permitiendo una mayor suba del dólar en Uruguay tendría otras consecuencias como un mayor aumento de los precios al consumo.

"Una vez más, la disyuntiva de objetivos que atraviesa la política económica en la actualidad es derivada de la inconsistencia de las políticas macroeconómicas en los últimos años. La inflación en 9,5% tiene que ver con la depreciación real de la moneda, pero también tiene que ver con una política fiscal y una política salarial que no fueron consistentes con el objetivo de inflación. Haber tenido una política más consistente en los últimos años nos habría permitido mantener la inflación más controlada y llegar a este momento con más espacio fiscal. Todo eso nos daría más aire para depreciar la moneda en un momento como el actual. Sin embargo partimos de una situación inicial de inflación elevada y alto déficit fiscal, eso nos dejó poco espacio para utilizar las tarifas como ancla inflacionaria y poco espacio para acompañar la apreciación global del dólar sin asumir el riesgo de poner la inflación en dos dígitos", apuntó Capurro.

A su juicio, "el problema es que en la situación actual hay que tomar una decisión que es tipo second best, es decir, elegir entre el menor de dos males: evitar la depreciación de la moneda para mantener la inflación debajo de 10% y por tanto mantener un TCR desequilibrado a riesgo de que la economía ingrese en fase de estancamiento o dejar que la moneda se ajuste acompañando las presiones internacionales, corregir parcialmente el desequilibrio del TCR e intentar amortiguar la desaceleración de la actividad, a riesgo de que la inflación supere el 10% en forma transitoria".

Algo similar ve el banco brasileño Itaú. En un informe elaborado en Brasil al que accedió El País, Itaú sostiene que "el gobierno se enfrenta a un dilema: permitir que caigan sus reservas internacionales y mantener el tipo de cambio nominal o permitir que la inflación suba al rango de dos dígitos. Una fuerte depreciación del peso podría tener un impacto al alza sobre los precios, y añadiría presión para las próximas negociaciones salariales, dado el alto grado de indexación salarial".

Según el banco, "un elevado déficit por cuenta corriente (de 5% del Producto Interno Bruto) y un empeoramiento de los términos de intercambio están empujando el peso hacia abajo".

Ante ello, está "la decisión del Banco Central de intervenir en el mercado de cambios en los últimos meses", la que "está enmarcada en este tipo de dilemas de objetivos de política económica", dijo Capurro.

El dólar, por ahora, sigue al servicio de contener la inflación.

El margen para dejar subir al dólar y la olla a presión


El ministro de Economía, Danilo Astori dejó en claro hasta cuando seguirá el dólar al servicio del combate a la inflación. "Tenemos que mantener el manejo de las herramientas que estamos desarrollando en este momento. Pero, es muy probable que si se confirma una desaceleración de la inflación que todos esperamos para los próximos meses, tengamos más margen para practicar una política cambiaria que ponga más el acento en la apreciación de la moneda norteamericana", señaló Astori entrevistado en el programa Claves Económicas de Nuevo Siglo Cable TV.

En tanto, en sus últimas apariciones públicas, el presidente del Banco Central (BCU) Mario Bergara ha dejado en claro qué diferencias ve respecto a 1999. En una conferencia en la Asociación de Despachantes de Aduana (ADAU) el pasado 19 de agosto les dijo a los empresarios: "Si la inflación se disparara, ustedes no nos lo perdonarían, porque la estabilidad de precios es fundamental para hacer negocios" y por eso el BCU "combina la política monetaria contractiva con intervención cambiaria para suavizar procesos".

El 4 de septiembre en rueda de prensa, Bergara dijo que los "datos" de inflación (de 9,5% en 12 meses a agosto) son "preocupantes" y "reafirman la continuidad de seguir el combate contra estas presiones inflacionarias".

En la presentación de ADAU comparó la situación cambiaria actual con la que se dio en 1999 cuando Brasil devaluó y Uruguay no lo siguió, lo que para muchos fue el principio de la crisis. "El soporte de políticas es incomparable con 1999. Teníamos la atadura cambiaria, no nos despegamos de la banda (de flotación, que marcaba el ritmo devaluatorio, fijando un piso y un techo para el dólar) hasta la corrida cambiaria" (en junio de 2002), afirmó Bergara.

"No se está haciendo una olla a presión con tipo de cambio por no seguir a Brasil. El nivel del tipo de cambio está básicamente determinado por la gestión del sector privado", dijo.

SABER MÁS

El BCU ya "disparó" US$ 1.600: de su arsenal

Entre venta de divisas en el mercado cambiario y otras operaciones (canje con el Ministerio de Economía y pago en dólares de deuda en pesos) el BCU lleva utilizados unos US$ 1.600 millones de reservas en este año. Para una nueva operación lanzada la semana pasada (recompra de deuda en pesos y UI que vence en los próximos dos años) el Central dispuso otros US$ 500 millones, que pueden ser más si las ofertas son atractivas. Los objetivos: evitar una suba más pronunciada del dólar y bajar la deuda del Central.

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