MARíTIMAS

Conectividad que tenía Puerto de Montevideo con el resto del mundo desde los años 1860 (II)

En nuestra nota anterior, nos referíamos a la extendida conectividad que tuvo el puerto de Montevideo aún mucho antes de haber construido su infraestructura portuaria. Ya por 1865 eran numerosos los barcos de las líneas navieras inglesas, francesas, españolas, alemanas e italianas, en ese orden, que nos conectaban con el mundo.

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MARÍTIMAS

Básicamente venían a buscar nuestras materias primas que no eran otras que las producidas por la industria de la carne, la saladeril, el famoso tasajo que iba a cuatro o cinco países, incluido Cuba, pero hemos averiguado que esta carne llegaba también a barcos de guerra ingleses y españoles. Y anualmente salían entre 800 mil y un millón de cueros, además de sebo, lana, guano, huesos, astas, aceite de potro, plumas de avestruz y pasto enfardado.

Cuando llegó el Frigorífico Liebig’s a Fray Bentos, generó un gran cambio en el comercio exterior del país en volumen económico y en calidad de las exportaciones, enriqueciéndolo a cifras enormes. En cuanto a las importaciones, hemos leído listas de las mercaderías que Uruguay y Argentina solían importar por aquellos años -1850-, principalmente desde Europa, y la verdad es que a juzgar por la calidad y variedad de los productos importados, el nuestro, un país de inmigrantes (además de numerosos profesionales franceses, catalanes, alemanes, etc., que nos urbanizaron) lo muestra culto, refinado, importador de pianos, ropa de primera, buenos vinos, perfumes, botas, muebles finos, y ya con una biblioteca pública en 1816. La influencia francesa en el Uruguay fue muy importante, incluso por la afinidad político- republicana entre ambos países. Recibíamos por aquellos años las flotillas nórdicas de balleneros que hacían escala en Montevideo. La ciudad y el puerto de Montevideo eran una pequeña Europa. Volviendo a nuestro “racconto” muchas de aquellas líneas navieras venían del siglo anterior, eran poderosas-más fuertes que los bancos- y a sus barcos, últimos testigos de un tiempo, los hemos visitado en el pasado sin excepción. Muchas de estas empresas se vendieron, otras fueron compradas, asociadas, adquiridas como marcas sin barcos, y las más desaparecieron. La francesa Charge urs Reunis, que venía a Montevideo desde 1870, unos cien años después dejó el rubro del transporte marítimo y se reconvirtió en acopiador de lanas. Ybarra de Sevilla fue otra empresa fundada en 1881 y adquirida cien años más tarde por la Hamburg-Sud, y la española Sota y Aznar fue otra de las primitivas que también desapareció. La inglesa Royal Mail Lines (Mala Real Inglesa) la compraron los chinos no hace más de tres décadas, lo mismo que la Blue Star Line. Es que aquel mundo naviero y el que le siguió inmediatamente estaba mutando inexorablemente en todo: en lo social, político, comercial, industrial y, sobre todo, en lo tecnológico. La marítima fue una industria fuertemente conmovida en sus raíces, y golpeada por la II Guerra Mundial que cambió las reglas de juego. Surgió una nueva valoración del tiempo de los barcos por razones de rentabilidad que no admitía que estuvieran fondeados quince días esperando muelle de atraque en puertos congestionados, o inactivos por huelgas, o ineficientes por falta de tecnología. Y mucho más grave fue cuando aparecieron los barcos portacontenedores de enorme costo y alta tecnología cuya rentabilidad comenzó a medirse por hora/barco, funcionando bajo el rigor de la logística. Hoy, una hora de atraso en cada puerto y en cada barco puede ser catastrófico, pero entonces no lo sabíamos muy bien. Es que había comenzado la era del contenedor, que trajo los grandes cambios en el transporte marítimo, con puertos más modernos, y se pudo dar comienzo a una logística más sofisticada. Todo esto fue lo que no entendieron los directivos de aquellas viejas empresas; sus ejecutivos, extraños en un mundo de cambios, sin comprender la nueva industria, perdieron. Fue una verdadera explosión. Todas ellas nos conectaban con puertos del Pacífico y del Atlántico, de Estados Unidos, el Golfo y México al Mediterráneo, España, Italia, la entonces Yugoslavia, Rumania, Grecia, Egipto, norte de África, Israel con la Zim Line y con otras líneas. Uruguay estaba bien conectado ya que esas eran las principales empresas navieras del mundo que llegaban hasta nuestra australidad. Así que cuando alguien dice que por aquí no pasaba nadie, no es verdad, por aquí pasaban y pasan todas las líneas marítimas más importantes del mundo que van a todos los destinos. Uruguay está satisfecho con el servicio de aquellas empresas y con las actuales. Bodegas hay y ahora muy a favor de los cargadores.


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