TEMA DE ANÁLISIS

Un crecimiento más lento del PIB dificulta el abatimiento de la pobreza

El crecimiento en el ingreso de los hogares y las mejoras en su distribución permitieron, en el año 2016, una nueva mejora para el problema social de la pobreza, al reducirse nuevamente la cantidad de hogares y personas que reciben menos de determinado nivel de ingreso.

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El 0,7% de los uruguayos estaba en la indigencia según Cepal. Foto: F. Ponzetto

La mejora en un contexto de 10 años es importante, fruto de la combinación del crecimiento económico y de las políticas públicas. Hasta ahora los resultados son positivos pero si se quiere mejorar en el futuro no alcanza con repetir la receta. Incluso hay riesgos de rebote en caso de que la economía ingrese en una recesión.

La economía ya no crece al mismo ritmo que unos años atrás, al tiempo que el impacto de las políticas es cada vez más reducido para continuar abatiendo la pobreza. En tal sentido es probable que existan situaciones de pobreza más extremas que requieran una mezcla de políticas con acciones y énfasis distintos a los adoptados hasta el momento.

Uno de los criterios para obtener medidas de la pobreza es la medición del ingreso del hogar y compararlo con un nivel mínimo para satisfacer determinado consumo básico.

Para facilitar la comparación se establece un criterio predeterminado para llegar a esa "línea" de ingreso que divide los hogares y las personas entre pobres y no pobres según estén por debajo o por encima de la misma.

Los datos recientemente divulgados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) señalan que, en promedio, en el año 2016 el 9,4% de los uruguayos era pobre. Ello significa una mejora respecto al año anterior cuando la pobreza ascendía al 9,7% de la población.

La pobreza es mayor en Montevideo (12,9%) que en el interior del país. En particular es muy baja en las zonas rurales donde solo alcanza al 2,7%.

Esta brecha hay que analizarla con el debido cuidado que merece. En primer lugar, son poblaciones numéricamente distintas, y en el caso de las zonas rurales, si no hay trabajo se emigra a las ciudades, contribuyendo así a engrosar la pobreza de los centros urbanos.

Otra forma de medir es considerar la cantidad de hogares en lugar del número de personas. En el último año el 6,2% de los hogares estaba por debajo de la línea de pobreza. En este caso el porcentaje es menor que si se mide por personas, desprendiéndose de ello que en los hogares más pobres viven más personas que en los más pudientes.

En particular, en los hogares más pobres viven más niños que en los restantes, lo que se ve reflejado en los datos de pobreza por edad. El 20% de los niños menores de 6 años a nivel de todo el país es pobre (29,5% en Montevideo).

En el extremo opuesto, tan solo el 2% de los mayores de 60 años lo es. Más allá de las dificultades que puedan tener los más pobres de llegar a esa edad, la brecha de pobreza entre niños y adultos mayores se explica en buena medida por las políticas de protección social enfocadas en los más ancianos. En particular las pasividades.

Si se analiza la evolución del ingreso de los hogares por el tipo de ingreso que reciben sus miembros, se puede constatar que las pasividades son las que más suben. Cabe recordar que en los últimos tiempos las mismas no solo se ajustaron se acuerdo a lo que establece la Constitución, sino que se aumentaron las más bajas, contribuyendo así a disminuir la pobreza de este tramo etario.

Los números que hemos analizado hasta el momento muestran el descenso de la pobreza, pero nada dicen de cómo se distribuye el ingreso al interior de la sociedad. La distribución se mide a través del índice de Gini. Este índice varía entre 0 y 1, cuanto más cerca del 0 se esté mejor distribuido está el ingreso, si vale 1 se concentra todo en una sola persona (o grupo).

Junto con la baja de la pobreza el índice de Gini fue mejoran-do en Uruguay, pero desde 2012 a la fecha se estabilizó, es decir que hace cuatro años que no mejora la distribución del ingreso en Uruguay.

Este dato es coherente con el desempeño que mostró la economía en dicho período e incluso con la evolución de la pobreza. El INE publica datos del índice de Gini desde 2006 a la fecha. Entre 2006 y 2012, cuando el índice mejoró, la economía creció a una tasa promedio del 5,5% anual. Desde que se estancó, el crecimiento se redujo al 2,4% anual.

El crecimiento económico es la variable fundamental para combatir la pobreza. Con crecimiento hay más empleo, siendo este el principal motor para abatirla.

En tal sentido, el desempeño del mercado laboral uruguayo, en particular en los dos últimos años, explica en buena medida por qué no mejora la distribución del ingreso. Es más, de acuerdo a la Cepal, en el período 2010-2014 el 55% de la baja de la pobreza en Uruguay se explica por el crecimiento económico y el restante 45% por los cambios en la distribución del ingreso.

Se deduce fácilmente que con una economía creciendo más lento, disminuye la creación de empleo y el aumento real de las remuneraciones.

Esto repercute en el ingreso de los hogares, en particular los más vulnerables que son aquellos que se encuentran muy cerca de la línea de pobreza. Hay una concentración muy grande de hogares en el entorno de cualquiera de las líneas que se utilicen para separar hogares pobres de no pobres.

Por lo tanto una mejora del salario real y las pasividades impacta fuertemente en el indicador pero no hay que perder de vista que también puede ocurrir lo contrario en un período de recesión.

Por lo tanto, mantener el crecimiento de la economía y la generación de empleo pasó a ser la condición necesaria para mantener lo alcanzado en este indicador. Pero no es suficiente y va a ser fundamental lograr mejoras en la calidad del gasto público y la focalización a los diferentes cuellos de botella que enfrenta la sociedad.

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