TEMA DE ANÁLISIS

La devolución por Fonasa mitiga el impacto negativo

Los impuestos sobre el trabajo se sufren todos los meses y solo una vez al año hay un momento grato para muchos contribuyentes en el que el Estado devuelve lo que se aportó en exceso.

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BPS. Administra el Fonasa y devuelve a los trabajadores dependientes cuyos pagos deben ser retenidos por los empleadores. Foto: F. Flores

De acuerdo a lo anunciado por el Banco de Previsión Social (BPS), este año el gobierno reintegrará $ 3.000 millones a una cantidad aproximada de 136.000 personas por aportes excedentes al Fondo Nacional de Salud (Fonasa).

Además de que es siempre una buena noticia recibir algo de quienes se encargan de recaudar, hay una instrumentación del proceso que hace que esto ocurra con bastante eficiencia colmando las expectativas de los contribuyentes.

Pero, es un acontecimiento que motiva la pregunta sobre si es eficiente que el Estado cobre de más y luego devuelva y de ahí a la reflexión sobre si la parte tributaria del Fonasa está siendo buena.

No es intención en esta oportunidad aportar a la discusión sobre la calidad de la atención en servicios de salud comprendidos en este sistema. Tampoco sobre el impacto redistributivo de los mismos. La atención está en el tema recaudación y tratamiento impositivo. Hay devoluciones porque el sistema tributario determina que exista un vínculo con el servicio público y en el impacto redistributivo tenga un tope igual para toda la población.

Por un lado el Estado quita a los trabajadores un 3% o un 4,5% de su salario si es una sola persona o hasta un 8% si tiene dependientes a cargo. De acuerdo a la ley, la exigencia que tiene cada persona es hasta una suma determinada de dinero que tiene relación con lo que se le transfiere a la institución que le presta servicios de salud. A esta suma se le agrega una cantidad de dinero que tiene el carácter solidario. En este último caso se estipula si hay exceso de aportes se incrementa lo que se debería aportar en el año en un 25% para cubrir a los que no llegan.

Por lo tanto, cuando el porcentaje aportado sobre los sueldos durante el año supera la contraprestación y el aporte solidario, se genera un excedente que es devuelto al año siguiente.

Deja de ser un impuesto y pasa a ser una contribución asociada a un servicio.

Una de las razones para elegir esta modalidad es que reduce la reacción negativa de los contribuyentes al impuesto. La lógica es que si el Estado me obliga a pagar impuestos pero luego el mismo dinero me lo devuelve en algo que yo me compraría, entonces la presencia del impuesto no genera distorsión. Obviamente que no sumamos a este análisis si la gente considera que recibe un buen servicio de salud de acuerdo a lo que paga.

Esta percepción puede jugar un papel muy importante al momento de evaluar conductas. Todo impuesto genera reacciones y en muchos casos motiva cambios en decisiones que llevan a una pérdida social.

Una forma de presentar el tema exageradamente es observar que el Estado pone impuestos al tabaco para reducir su consumo y con ello la incidencia del cáncer en la salud de la población. Si esto es así, ¿qué piensa el Estado que puede ocurrir cuando le pone un impuesto al trabajo?.

La respuesta desde el punto de vista técnico se encuentra en el nivel de reacción que tengan los individuos a la presencia del impuesto. Por lo general el impuesto modifica el precio y con ello hay una reacción en las cantidades. Esta reacción de las cantidades es la primera clave para comprender el impacto que tiene un impuesto. La segunda es el tamaño del cambio del precio o en este caso el porcentaje de impuesto que se aplica.

La reacción de las cantidades a los cambios de precios se conoce con el nombre técnico de elasticidad que es una medida representativa de la reacción y que se logra al dividir el porcentaje en que se estima va a cambiar la cantidad sobre el porcentaje en que cambia el precio.

Como se trata de la oferta de horas de trabajo, lo que importa para esta medida es cuánto van a caer las horas de trabajo por mes que está dispuesto a ofrecer una persona en el mercado frente a una caída en su sueldo por culpa del impuesto.

Esta medida varía mucho de caso en caso. Un jefe de hogar con un nivel de ingreso medio que le da para cubrir exacto las necesidades de su familia seguramente trate de compensar la falta de ingreso con más trabajo. Mientras tanto, si existe un segundo generador de ingresos dentro del grupo familiar, es posible que baje la cantidad de horas que trabaja y las dedique al trabajo doméstico que no está siendo grabado por el impuesto. Hay gente que puede migrar si lo que recibe como remuneración es muy bajo en relación a lo que recibe en otro país.

Los estudios muestran parámetros de reacción muy variados pero existe el consenso de que frente a tasas de impuestos al trabajo moderadas la reacción de la oferta de horas en el mercado de trabajo no se altera sustancialmente.

El problema es cuando la tasa es muy alta. Volviendo al caso del cigarrillo, si el impuesto es muy alto se deja de fumar pero entra en juego un segundo nivel de incentivo: el contrabando y el "mercado negro".

Con el trabajo, en cierta manera, sucede algo parecido por lo tanto es positivo mantener el carácter de contribución con contraprestación.

Todos los años se genera una diferencia entre lo recaudado y lo que se debería aportar que no es menor. Sobre los $ 51.000 millones recaudados el año pasado se efectuarán devoluciones por $ 3.000 millones. Esto lleva a un porcentaje de sobre-recaudación del orden del 5,8%. Se deberían buscar formas para reducir esta devolución manteniendo el carácter tributario diseñado en la ley.

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