HORACIO BAFICO Y GUSTAVO MICHELIN

Economía colaborativa derriba barreras con impactos productivos inciertos

De la mano de acelerados cambios tecnológicos, los patrones de conducta de la sociedad se están modificando, con impactos que aún no se han manifestado en toda su magnitud en el campo económico, pero que seguramente lo harán en un futuro no muy lejano.

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Foto: Reuters

Es difícil evaluar en la actualidad esos impactos. Hay indicios de que tendrán efectos positivos y negativos, siendo imposible discernir en el momento actual cuáles primarán. En todo caso hay que ir preparándose para ellos.

El impacto de las redes sociales es inmenso. Por primera vez en la historia las generaciones jóvenes de todo el planeta comparten los mismos códigos e intereses. En particular una cuasi dependencia del smartphone, en donde encuentran gran parte de las respuestas a sus inquietudes y forma parte de lo cotidiano.

Por otra parte, los intereses de las generaciones nuevas difieren de los de sus antecesores. En muchos aspectos son más prácticas y no incurren en gastos superfluos o excesivos.

En este contexto global, las distintas aplicaciones que van apareciendo, y les facilitan el acceso a ciertos bienes y servicios en mejores condiciones, alcanzan un éxito masivo.

Uber es un claro ejemplo de lo que está sucediendo a nivel mundial. Pero no es la única aplicación. Existen varias como Airbnb que permite encontrar alojamiento de una manera más directa u otras que posibilitan el acceso a una prenda de etiqueta que será usada en una sola ocasión. Existe incluso la posibilidad de compartir comidas.

Los ejemplos son incontables. Se trata de la denominada economía colaborativa, que irrumpió con fuerza y parece haber llegado para quedarse.

El primer impacto palpable de la economía colaborativa es la superación de las barreras de entrada en actividades que, por distintas circunstancias, están reguladas. De hecho son las nuevas tecnologías las que derriban las barreras como lo ha sido a lo largo de la historia.

Una de las justificaciones económicas para aceptar la participación del Estado en la economía es cuando se producen fallas de mercado, y éste no puede alcanzar el equilibrio de la competencia perfecta.

Se da en aquellos casos en que se producen situaciones monopólicas naturales. El saneamiento y la distribución de la energía eléctrica son ejemplos actuales. Pero hasta hace no mucho tiempo, la telefonía también era un monopolio natural, que fue superado con la invención del teléfono celular, que tornó competitivo el mercado de las comunicaciones.

El accionar del Estado fue creciendo a lo largo del tiempo. Sin llegar a situaciones tan extremas como los monopolios legales, fueron apareciendo mercados en los que se limitaba el número de participantes, sujetos al cumplimiento de determinados requisitos, generalmente el pago de una tasa o canon y determinadas condiciones de seguridad y otras formalidades.

El servicio de taxis y coches remise es un claro ejemplo de actividades reguladas que están siendo desafiadas por un adelanto tecnológico, en este caso la aplicación Uber, que para un amplio grupo de usuarios ofrece un servicio más completo en los estándares del mundo moderno.

Es una aplicación que capta perfectamente las necesidades de las nuevas generaciones. Los jóvenes, en los países desarrollados tiene un menor apego hacia el automóvil que sus ancestros.

De hecho, lo empiezan a considerar un gasto excesivo ya que la mayor parte del tiempo está sin utilizar. Poder acceder a un servicio eficiente de transporte, menos costoso y a través del celular, donde se encuentran todas las respuestas resulto ser todo un éxito.

Desde la oferta de software hasta la de vivienda y automóviles el concepto pasa a ser el de servicio en lugar del activo. No importa la propiedad sino el uso de la misma y hay quienes se especializan en prestar el servicio.

Pero no todos los impactos de la economía colaborativa son tan auspiciosos. En primer lugar afecta ciertos derechos adquiridos, que aunque ineficientes y costosos para la sociedad, significaron un costo importante para quienes los disfrutaban.

En el caso de los taxis, que tanto revuelo está causando en todo el mundo, no se han encontrado aún mecanismos que compensen a quienes pagaron por una chapa. No parece sensato que sea la población quien cargue con ese costo.

Tampoco se consigue una prestación a precio uniforme en los horarios más complicados y eso puede ser un deseo de la sociedad.

Esto trae aparejado otro problema, en este caso para los gobiernos. Se trata de la fiscalización de estas nuevas actividades y la posibilidad de gravarlas con impuestos.

Esto está vinculado también a un cambio de actitud ante la autoridad.

Muchas de estas aplicaciones conscientemente saben que en muchos casos van contra la normativa existente y en vez de esperar un cambio en la misma deciden avanzar.

Es un tema en el que hay que trabajar mucho, ya que las aplicaciones son una realidad, pero el Estado necesita recursos para financiar los distintos programas sociales para resolver situaciones que no pueden ser resueltas por el mercado.

Asociados a los cambios de actitud y nuevos comportamientos de las generaciones más jóvenes puede haber implicancias negativas en el área productiva.

Compartir la comida, por ejemplo en los cada vez más numerosos hogares unipersonales, para quienes una pizza solicitada al delivery puede ser muy grande es posible gracias a una aplicación. Lo mismo pasa con la ropa para fiestas.

Por otra parte los jóvenes no se sienten muy entusiasmados con los automóviles. En todos estos casos, la economía colaborativa permite compartir el usufructo de ciertos bienes entre varios.

Pero esa actitud colaborativa puede implicar una menor demanda global por todos los bienes y servicios, con las consecuentes implicancias negativas sobre la marcha de la economía.

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