LOS NÚMEROS DEL AJUSTE PROPUESTO

"Estamos en estanflación y por eso el ajuste es como es"

Gabriel Oddone: margen para bajar más gasto y subir menos los impuestos es bajo.

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Gabriel Oddone. Foto: Marcelo Bonjour.

En una economía en estanflación (estancamiento de la actividad con inflación elevada) el gobierno tenía un escaso margen para implementar el ajuste fiscal. Si hubiera priorizado el recorte de gastos por sobre la suba de impuestos, podía tener efectos mayores sobre el Producto Interno Bruto (PIB). El ajuste es suficiente para reducir el déficit pero puede ser "insuficiente" para "blindar el grado inversor". Esa es la visión del socio de CPA Ferrere, Gabriel Oddone. Lo que sigue es un resumen de la entrevista con El País.

¿Cuál es la primera impresión de este plan de ajuste?

Se trata de un ajuste necesario porque la trayectoria fiscal estaba transmitiendo una señal de desvío. Es un ajuste fiscal que en principio es suficiente para lograr suavizar el crecimiento de la relación deuda/PIB, no para estabilizarlo. Por tanto, en términos de un objetivo más ambicioso como ser blindar el grado inversor, puede ser que el ajuste sea insuficiente. El tercer comentario es que habiendo esperado hasta mayo del 2016 para introducir innovaciones a partir de la Rendición de Cuentas que entra en vigor en 2017, probablemente el margen de maniobra para hacer cosas sustancialmente distintas, es bajo. Este es un momento en que la economía está estancada, cualquier ajuste que priorizara más un recorte de gastos y menos un aumento de impuestos podía tener consecuencias mayores en el corto plazo sobre el nivel de actividad. Es un ajuste necesario, que por ahora da un poco de respiro al gobierno para seguir navegando estas aguas turbulentas de la región, y trata, en la medida de lo posible y pagando el precio de haber llegado tarde, que la situación de actividad no se vea más comprometida.

¿El ajuste genera un efecto adicional en la actividad?

En todos los ejercicios que hemos hecho, estamos asumiendo que no necesariamente. En la medida que el efecto sobre el gasto es menos de la tercera parte del ajuste de un punto del PIB —estamos hablando de unos US$ 125 millones en US$ 460 millones— esa afectación en la demanda agregada en el corto plazo es menor y por tanto, estamos pensando que una buena parte del ajuste va a ser sobre un nivel eventualmente de ahorro que tendría lugar sobre todo en las franjas altas. Creemos que la economía está creciendo 0,3% este año y 0,5% el año que viene, nuestros modelos mantienen ese nivel de crecimiento con los cambios. Si uno mira el impulso fiscal que el Presupuesto tenía implícito para el año pasado, el gasto adicional era de 0,9 punto del PIB y hoy se está haciendo un ajuste de un punto del PIB. Grosso modo lo que se está haciendo es neutralizar la expansión del gasto que el Presupuesto hizo, con otro mix de gasto, porque hay partidas que se siguen protegiendo como el caso del Sistema de Cuidados.

Es como volver a 2015, pero con una economía más deteriorada.

El punto en el que varios analistas coincidimos es que era innecesario llegar hasta aquí. Hubiera sido mejor dar esta discusión con mucha más claridad el año pasado, porque estaban todas las señales arriba de la mesa. Cuando digo todas las señales, no me refiero a 2016. Debo reconocer que en mayo cuando el gobierno presenta el programa financiero que soporta el Presupuesto, nosotros dábamos de crecimiento para 2016 1,8% y el gobierno tenía previsto 2%, o sea que no había una diferencia muy grande. Pero, nosotros veíamos un 2017 ny un 2018 con crecimientos menores al 2%, mientras que el gobierno lo veía levantando. Cuando decíamos en mayo del año pasado, "los supuestos sobre los que está construido el Presupuesto son muy optimistas" no nos referíamos a la situación de Brasil. El Presupuesto era muy optimista para el escenario del quinquenio. Lo que pasa es que mientras el gobierno discutía el Presupuesto, Brasil y la región y los precios internacionales cambiaron con lo que el Presupuesto se convirtió crecientemente inconsistente con la realidad.

¿El gobierno queda con alguna bala o gasta todo en este ajuste?

Un ajuste que afecte a la renta de las personas físicas de una magnitud de este tipo (el 60% del ajuste es ahí), difícilmente el gobierno lo pueda repetir en este período, por los efectos que esto tiene en las expectativas y en la estabilidad emocional de las personas. No imagino, salvo un evento muy, muy grave, alteraciones adicionales de los impuestos a la renta en los próximos años. Sí creo que si esto se deteriora, el gobierno va a tener que recurrir a otros instrumentos. Allí están en Uruguay para bien o para mal, para gusto o disgusto, las tarifas públicas como elemento que evite erosiones fiscales adicionales. Tienen efectos de otro tipo, tienen efectos en la inflación, en la competitividad, sobre el clima de negocios, pero que llegado ese punto pueden ser utilizadas.

Hace dos meses advertía por un riesgo de estanflación. ¿Hoy cómo evalúa la situación?

Uruguay está en perspectiva de crecimiento 0% en los próximos 18 meses con una inflación arriba de 10%, estabilizada en torno a 10,5%, 11%. Si bien la inflación no es descomunalmente grande, en términos comparados a nivel internacional de países razonables, no Argentina, no Venezuela, Uruguay tiene un nivel de inflación de 11% cuando los niveles normales son 3%, 4%. Por tanto, Uruguay está en un escenario de estanflación. Es muy complejo de gestionar porque las medidas destinadas a reactivar la economía, arriesgan más inflación y en un país como Uruguay con insuficiencia de instrumentos, muy pequeño, abierto y muy dependiente de los ciclos de precios a nivel internacional, no va a ser sencillo. Sobre todo porque llegamos, no con un problema de fragilidad en las finanzas públicas, pero sí con un problema de sostenibilidad de la deuda. La relación del aumento del gasto respecto a la recaudación no es sostenible y por tanto hay que hacer un ajuste.

"Se perdió un año por la restricción política".

"Es verdad que ahora parece más fácil convencer a los sectores que integran el Frente Amplio que el ajuste es necesario, pero va a entrar en vigor en 2017, con lo que 2016 va a ser un año perdido por la restricción política y la restricción política está para trabajar sobre ella", dijo Oddone. "Eso supone mejorar comunicación, mejorar la capacidad de convencimiento, fortalecer al Ministerio de Economía respaldándolo", agregó.

"Si aceleraste en bajada, ahora tenés que frenar en subida".


¿Uruguay repite la historia? Tras 10 años de bonanza termina con un ajuste fiscal.

Las políticas en Uruguay han sido prociclicas. El gobierno de 2012 en adelante perdió un superávit primario (antes del pago de deuda) de 1% del PIB en un déficit de 0,6% del PIB, en un momento que la economía crecía a tasas superiores del 6%. ¿Por qué hizo esto?, porque el gobierno anterior entendió que su objetivo principal era contribuir a la distribución del ingreso y expandió el gasto más que el crecimiento de los recursos y por otro lado, una menor contribución de las empresas públicas al resultado, por un conjunto de inversiones de dudosa rentabilidad. Desde la salida de la crisis de 2002, Uruguay comprendió muy bien los riesgos que tenía cuando le agregaba a su fragilidad internacional, vulnerabilidades financieras del sector público, y debilidad regulatoria para su sistema bancario, esas una lección grabada a fuego. Eso se mejoró mucho, llegamos a esta situación mejor preparados. Pero, Uruguay repite la historia, los períodos de crecimiento como en la década del 90 arrojaron situaciones fiscales complejas, en los 80 pasaron cosas parecidas y en este contexto de mucha bonanza pasaron cosas parecidas. Es cierto que el último período es de una bonanza extraordinaria en 60 años y por tanto, la probabilidad de haber hecho ahorros fiscales era mayor. Ahora, cuando se compara con la historia del Uruguay pre-1973, uno encuentra que el manejo fiscal es más prudente y prolijo. Pero, si aceleraste en bajada, vas a tener que frenar en subida y eso es lo que está pasando, estamos frenando en subida. En buena medida porque estuvimos acelerando en bajada, no porque el escenario externo nos cambió. La probabilidad de que el escenario externo nos cambiara era extremadamente alta, porque los ciclos económicos siguen existiendo, porque los precios de los commodities estaban extraordinariamente altos y porque como señalaba el otro día Darwin Desbocatti, cuando uno encuentra que toda la región tiene desempeños extraordinariamente favorables, con gobiernos serios y de los otros, uno tenía que encontrar que ahí había factores circunstanciales, transitorios. Seguir aumentando el gasto como si el fenómeno del financiamiento estuviera disponible fue un error.

DOS EFECTOS

El déficit bajará pero no a la meta del gobierno.

Según Oddone, al computar los números de las medidas propuestas por el gobierno y proyectarlos “sobre nuestra visión de crecimiento de los próximos años, lo que encontramos es que al final del período el resultado primario del sector público (antes del pago de deuda) va a ser positivo en 0,4% del PIB y el global va a ser un déficit de 3% del PIB”. Actualmente el déficit es de 3,5% del Producto. “O sea que quedamos seis décimas por debajo de la meta del primario (1% del PIB) y medio punto por encima de la meta de déficit global (de 2,5% del PIB)”, indicó. Agregó que “en términos de alcanzar las metas que originalmente se había trazado el Presupuesto, el ajuste fiscal es insuficiente”. Sin embargo, “en cualquier caso, el ajuste fiscal introduce una corrección importante, porque mejora la proyección pasiva, es decir si no se hiciera el ajuste. Nuestro resultado fiscal proyectado si no se hiciera el ajuste, es que en 2019 estaríamos en un déficit cercano al 4% del PIB, mientras que con el ajuste estamos en 3%. Mejora en perspectiva la situación fiscal”, afirmó. “Uruguay está reaccionando de manera tardía, pero está reaccionando y probablemente tendrá que volver a actuar si la situación no mejora el año que viene”, explicó el economista. Oddone dijo que “el 70% del ajuste son impuestos” y “dicho de una manera maniquea”, está “más puesto sobre la espalda del sector privado que del sector público”.

El gobierno compra tiempo con el ajuste.

Para el economista, “si no se hiciera este ajuste fiscal, cuando uno toma la deuda neta sin considerar los encajes bancarios pasaría de 39% del PIB hoy a 46% del PIB en los próximos tres años, además creciendo de manera importante. Con el ajuste fiscal, se produce una mejora, la trayectoria sigue siendo creciente, pero crece menos a 43% del PIB”. Agregó que “eso nos lleva a que con la medida fiscal y la trayectoria de la deuda proyectada, el gobierno seguramente va a poder convencer a las calificadoras de riesgo, por lo menos para el plazo de un año, de que Uruguay está haciendo el esfuerzo necesario para mejorar su perfil fiscal”. Oddone dijo que no hay que olvidarse que “Uruguay, de todos los países que tienen grado inversor, es el que tiene los peores indicadores. Es el que tiene mayor inflación, mayor déficit fiscal y más dolarizada su deuda pública” y que “con el ajuste fiscal, lo que el gobierno le está mostrando a las calificadoras y a los inversores internacionales es que Uruguay se está poniendo al frente de los acontecimientos para atacar el problema”. Añadió que el gobierno “fortalecer la credibilidad fiscal de su estrategia en un período corto y a la vez comprar tiempo para esperar y ver con más claridad cómo se desenvuelven Argentina y Brasil”.

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