"TRUMPNOMICS"

La idea tributaria de Trump y un aspecto "a la uruguaya"

Plantea renta de fuente local (como Uruguay), algo minoritario en el mundo.

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El gobierno de Trump promueve bajar impuestos a personas y sociedades. Foto: AFP

Tras las altisonantes promesas de campaña de Donald Trump en Estados Unidos, en varias áreas aún reina la incertidumbre de saber si el nuevo mandatario podrá concretar los anuncios. Una de ellas es la reforma fiscal, de la que hasta ahora el gobierno solo esbozó algunas líneas, que podrían resumirse en la aplicación de una rebaja general de los impuestos a las personas físicas y las sociedades.

La denominada mayor reforma fiscal en tres décadas en Estados Unidos fue presentada a fines de abril por el secretario del Tesoro, Steve Mnuchin, y el consejero económico de la Casa Blanca, Gary Cohn. Aunque más que en el contenido del paquete de medidas, los analistas se centraron en las escasas dos páginas que justificaban y analizaban los cambios, en contraste con las 500 hojas de extensión que tenía el borrador de reforma impositiva que había presentado Ronald Reagan en la década del 80.

Tributaristas locales consultados por El País pusieron en duda que el proyecto pueda avanzar —aún debe superar la votación en el Congreso—, aunque señalaron que si se efectiviza Estados Unidos ganará competitividad y atractivo a la hora de atraer capitales. También advirtieron que podría ser el punto de partida para una "competencia fiscal" entre las principales naciones del mundo.

El punto central es la rebaja de 20 puntos (de 35% al 15%) del impuesto sobre las sociedades empresariales, que supondría una pérdida de recaudación de dos billones de dólares en la próxima década según las estimaciones primarias. A su vez, de las siete categorías actuales de impuesto a la renta de las personas se pasa a tres franjas: 10%, 25% y 35% (antes los sectores más ricos pagaban 39,6%).

"Es enorme la baja propuesta (de los impuestos), ellos dicen que recaudarán más pero no lo sé. La gran apuesta me parece es captar inversiones hacia Estados Unidos y competirle directamente a las jurisdicciones de baja tributación, incluso para hacer negocios offshore (en territorio estadounidense)", dijo el profesor de Fiscalidad Internacional y de Derecho Financiero en la Universidad Católica, Leonardo Costa.

Acerca del riesgo fiscal que conlleva la medida (que debe sumarse al plan de infraestructura más grande de la historia que prometió Trump), el especialista indicó "cuando bajás los impuestos es seguro que tendrás una pérdida de recaudación pero lo que no es seguro es cuánto aumentará" la actividad para compensar ese déficit.

"Lo otro importante es ver cuál será la presión que ejerza Estados Unidos para que las empresas se instalen en su territorio, como lo hizo con Toyota", añadió Costa. En enero la automotriz japonesa recibió amenazas de Trump de altos gravámenes si apostaba por producir vehículos en México para exportar a Estados Unidos, y pocos días después anunció una inversión de US$ 10.000 millones en la nación norteamericana.

Por su parte, el profesor de la cátedra de Impuestos de la Universidad ORT, Fabián Birnbaum, explicó que los cambios fiscales de Trump tienen como base "la teoría del economista Artur Laffer" —quien desarrolló la denominada Curva de Laffer, que ofrece un punto de equilibrio para la presión fiscal, que de superarse no genera más ingresos para el Estado por la falta de incentivos. Según esa doctrina "en algunos casos la baja de impuestos no necesariamente implica una reducción de la recaudación, ya que la base imponible (la renta de las empresas norteamericanas) puede aumentar significativamente al punto de hacer crecer la recaudación", indicó Birnbaum.

La reforma de Trump también incluye la supresión del impuesto a las herencias y persiguiendo el objetivo de repatriar los fondos estadounidenses en el exterior, la fijación de una tasa "que varía entre 3% y 8% dependiendo del activo".

Además, se avanza hacia un sistema de tributación territorial como tiene Uruguay, que grava solamente los beneficios empresariales generados dentro del territorio (se opone al esquema de renta mundial, utilizado por la mayoría de los países) en un intento por simplificar el complejo conjunto de normas impositivas que tiene Estados Unidos.

Para Costa, el cambio del sistema de imposición "conseguirá que haya relocalización de individuos que lo vean más conveniente tributariamente (estar en Estados Unidos) que Europa". En ese sentido, subrayó que Trump "saldrá a competir fuertemente (por los capitales) con un impuesto corporativo no de baja tributación pero sí de los más bajos entre los países desarrollados, y dentro de los estándares OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) porque no violenta ningún acuerdo".

Birnbaum analizó que esta movida de Trump "llevará a que las restantes jurisdicciones sean competitivas en sus tasas de impuestos ya que de lo contrario" perderán inversiones frente a Estados Unidos. Así se produce un escenario de "competencia fiscal entre los países que lleva a una reducción impositiva" generalizada, que según ambos tributarista beneficia a los contribuyentes pero perjudica a los Estados, siendo aún discutido a nivel académico los efectos positivos o negativos.

En este marco también aparecen los esfuerzos de cooperación fiscal y lucha antievasión de OCDE, que según Costa pueden "beneficiar a Estados Unidos" ya que al acaparar los capitales hacia sus jurisdicciones "puede asumir que gran parte de la base impositiva será recaudada" por sus oficinas fiscales.

"Efecto rebote" del plan fiscal.

El economista Aldo Lema analizó que la reducción fiscal planeada por Trump en Estados Unidos "podría impactar a nivel global" y generar rebajas de impuestos en otras regiones. "Después del paso que dio Estados Unidos hemos visto que China planteó rebajas tributarias, y es probable que el Reino Unido con el Partido Conservador con mayorías (parlamentarias) incorpore más reducciones. También (Emmanuel) Macron en Francia y otros países podrían seguir la tendencia", dijo Lema en diálogo con medios chilenos. El especialista adujo este cambio de paradigma "al bajo crecimiento de los últimos años" que tuvieron las potencias económicas, que las llevó a dejar atrás el enfoque de mayores tasas tributarias que se promovía desde la OCDE.

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