Tema de análisis

Hacia un mundo con precios más bajos y dólar más alto

Desde mediados del año pasado se observa el movimiento conjunto de la caída en algunas materias primas en los mercados internacionales por un lado y la suba del tipo de cambio (apreciación del dólar) en varias economías por otro.

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Cultivos de soja.

Ambos mercados presentan habitualmente cambios y movimientos impredecibles al alza y la baja y se dicen que son volátiles por dichas variaciones repentinas. En esta ocasión, se suman elementos de carácter estructural que reflejan un ajuste de precios relativos y la fuerte presión deflacionaria que existe en el mundo.

El desafío para el 2015 se encuentra en adaptarse a un mundo con menos volumen de negocios y con precios mucho más bajos que en el pasado.

El fenómeno de la suba del dólar no es exclusivo de Uruguay ni de la región. Desde septiembre el yuan de China registra una devaluación del 1,7% (luego de muchos años de fuerte apreciación), el yen de Japón cae 7,5% y el euro retrocede 11%.

En el caso del petróleo el movimiento a la baja fue dramático pasando de US$ 110 el barril a menos de US$ 50. Por su parte, si bien el precio de la soja sufrió una caída significativa, fue de una magnitud inferior a la del petróleo, pasando de US$ 520 la tonelada en el promedio del primer semestre del 2014 a un nivel de US$ 350.

Existe un vínculo directo entre el precio del dólar y el precio de las materias primas ya que la divisa estadounidense es la unidad monetaria en la que se mide el valor de las unidades físicas de estos bienes.

Por lo tanto si el dólar sube, entonces el precio real de los commodities en dicha moneda tiende a bajar. Pero, también existen vínculos indirectos por el funcionamiento de los mercados financieros en los que los movimientos de capitales pasan de colocar inversiones en materias primas hacia bonos o acciones en dólares y por lo tanto generan cambios en el sentido inverso en los precios.

No obstante estos vínculos, hay una diferencia importante en los mercados de monedas —donde se fijan los tipos de cambio internacionales— y los mercados de materias primas.

Los primeros se forman casi exclusivamente en las perspectivas hacia el futuro y en tal sentido el precio actual recoge en buena medida las expectativas macroeconómicas de los próximos meses, fundamentalmente la evolución de las tasas de interés.

Esas expectativas macroeconómicas también están presentes en los precios de las materias primas, pero en este caso también hay una fuerte influencia de las condiciones de oferta y demanda del presente y las expectativas puntuales de dichos mercados.

En el caso de la realidad económica uruguaya se combinan los dos efectos. Por un lado el tipo de cambio aceleró su devaluación y se necesitan más pesos por dólar. Por otro, las condiciones particulares de los mercados relevantes para la producción uruguaya no se han visto tan afectadas por las condiciones de oferta y demanda.

En particular se destaca que los precios de la carne vacuna se sostuvieron firmes y los precios promedios de productos forestales en el 2014 no sufrieron.

Se trata de mercados donde hay productos básicos y estándares que se cotizan en mercados globales pero también se logran muchas variantes con muy poca industrialización que tienen mercados específicos y por lo tanto evolución de precios propias.

La demanda en Estados Unidos y en China pasa a ser clave en estos productos.

El mundo está ajustando a la baja y las expectativas de las tasas de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) son cada vez menores tanto en el mundo desarrollado (salvo Estados Unidos) como en el mundo en desarrollo o emergente (China se proyecta por debajo del 7% anual cuando hace poco estaba en dos dígitos).

También hay un ajuste a la baja en el volumen de comercio internacional. Además del menor nivel de actividad (o sea de compras), hay un proceso de vuelta al mercado de origen para la producción tercerizada en el mundo de las grandes corporaciones.

También hay conflictos regionales que incrementan el riesgo de la producción desparramada por el mundo. La tendencia estructural es a que el comercio mundial crezca menos que el PIB y el PIB mundial crecerá a tasas bajas en los próximos dos años.

Pero no solo se están corrigiendo a la baja los movimientos de flujos corrientes como las compras y ventas detrás de las exportaciones e importaciones. Hay una corrección a la baja en los movimientos de capitales que se muestran más cautelosos en cuanto a las colocaciones en los mercados emergentes.

¿Cuál es el desafío para Uruguay? Si bien la caída en los precios de algunos rubros de exportación ha sido importante, como en el caso de la soja, en otros rubros relevantes como la carne la tendencia es al alza.

En tal sentido la diversificación que ha mostrado la oferta exportadora en los últimos años hace que el impacto macroeconómico se amortigüe.

Al mismo tiempo la suba en el tipo de cambio se compensa con la baja en el precio de los bienes importados a los efectos del costo de vida. Es posible entonces que los salarios medidos en dólares registren una baja que devuelva capacidad exportadora a la producción industrializada.

El problema principal radica en la convivencia con menores tasas de crecimiento nominal y real en los negocios.

La menor rotación del capital en los negocios con los costos fijos se transforma en una trampa para la rentabilidad que puede afectar el nivel de actividad y por consiguiente reflejarse en una suba de la tasa de desempleo.

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