Tema de Análisis

En el nuevo ciclo, la demanda interna ya no liderará el crecimiento económico

Las altas tasas de crecimiento que registró la economía uruguaya a lo largo de la última década no volverán a repetirse, al menos en el corto y mediano plazo. Las fuerzas que explicaron aquel dinamismo ya no están presentes y durante un tiempo el nuevo uruguayo, sofisticado y consumista, deberá acostumbrarse a vivir en un contexto más restrictivo.

Su duración dependerá de cómo evolucione la economía internacional, lo que pase en la región y de las acciones que se adopten internamente para enfrentar la nueva realidad.

Los uruguayos vivimos a lo largo de la última década uno de los períodos de mayor crecimiento de nuestra historia.

Un período excepcional en el que todos los astros se alinearon a nuestro favor. Las exportaciones se multiplicaron y diversificaron, lo que atrajo numerosas inversiones, destacándose particularmente las que vinieron del exterior (Inversión Extranjera Directa —IED—). Todo ello provocó un aumentó del empleo y por consiguiente de los salarios reales, posibilitando una expansión del consumo.

En el nuevo ciclo por el que atraviesa la economía, otras son las fuerzas que la impulsarán. En este escenario ya no será la demanda interna la que lidera el crecimiento.

El crecimiento exportador estuvo asociado a un período de elevados precios de los commodities. Ese contexto atrajo inversiones que estuvieron bastante diversificadas entre los distintos sectores de la economía.

Los valores de los activos en el punto de partida eran bajos y los retornos que se proyectaban ante la suba de los precios de exportación eran muy altos, lo que tornaba muy rentables a los distintos proyectos. Posteriormente el costo del financiamiento cayó a niveles históricamente muy bajos, lo que hizo más atractiva la inversión.

Este círculo virtuoso fue mutando a uno que en los momentos actuales se asemeja más a uno vicioso. Los precios de exportación se han desplomado. El valor de la soja cayó casi 30% en el último año y el de los lácteos disminuyó a la mitad. Las perspectivas en el corto plazo son de estancamiento en estos niveles o un leve deterioro. Pero no una recuperación.

Como en los precios de los activos aumentaron acompasando el flujo de inversiones, al igual que los costos internos, ya no hay tantos proyectos rentables como en el pasado.

Los elevados costos internos afectan en mayor o menor grado a los distintos sectores productivos, las expectativas de los empresarios no son las más favorables.

La última encuesta de la Cámara de Industrias así lo muestra, señalando que el 58% de los empresarios disminuirá la inversión en el presente año.

Pero no son todas noticias negativas. Se estima que hacia el año 2030, el 70% de la población china vivirá en ciudades. Este proceso de urbanización traerá aparejado (ya viene ocurriendo desde hace 25 años) un cambio en los hábitos de consumo de los habitantes de ese país, en particular una mayor demanda por alimentos ricos en proteínas.

Más allá de las dificultades que presenta la segunda economía del mundo para adaptarse a su nuevo patrón de crecimiento basado precisamente en el consumo interno, en lo que refiere a alimentos su demanda no debería resentirse como ocurre con los metales.

Pero, si bien Uruguay cuenta con una dotación de factores apta para la producción de alimentos, otros países también cuentan con ellas. Para conquistar mercados y en especial el chino, hay que ser competitivo.

Las ventajas competitivas se construyen día a día. Refieren a los costos internos de producción, que resultan los precios relativos vigentes en un momento dado, pero también a la incorporación de nuevas tecnologías, a la calidad de los recursos humanos, los costos de la energía, la infraestructura en materia de comunicaciones y transporte y el acceso a los mercados externos. En este campo Uruguay no parece estar bien posicionado.

Un aspecto fundamental es el de los costos salariales. En una situación de equilibrio, el salario real debe igualar al valor de la productividad marginal del trabajo. Es decir, los pesos que pagan las empresas en salarios tienen que estar correlacionados con los que reciben por sus ventas.

Si como hemos visto, los ciclos favorables en Uruguay comienzan por una expansión de las exportaciones (estimuladas por precios altos), que atraen inversiones (por expectativas de rentabilidad) y generan empleo y mejores salarios, en la situación actual ya no es posible esperar aumentos del salario real como los registrados en el pasado reciente.

El salario real de la economía prácticamente no creció en el último año.

Es cierto que varios de los sectores que comenzaron a negociar un nuevo acuerdo aún no lo han alcanzado y eso puede estar influyendo. Pero también es cierto que esa evolución es funcional al gobierno que está haciendo esfuerzos para abatir un déficit difícil de domar, ya que mayores salarios implican pasividades más altas.

En tal sentido, si aumenta el desempleo ante las dificultades que enfrentan las empresas y se estanca el salario real, se resentirá el consumo.

En el nuevo ciclo económico, para seguir por la senda del crecimiento, aunque a un ritmo sensiblemente inferior al de los últimos años, el secreto pasa por un cambio de precios relativos que permita aprovechar las oportunidades de la mayor demanda china por alimentos, una conducta fiscal que no ponga en riesgo el grado de inversión y obtener facilidades de acceso a la mayor cantidad posible de mercados.

Son los factores que diferenciarían a Uruguay de sus vecinos y evitarían que el descenso de la IED fuese mayor.

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