informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico

OCDE: Uruguay entre los que más restringe la producción

Es tercero en la región por detrás de Argentina y Honduras dice el informe.

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Las regulaciones al sector productivo en América Latina son más restrictivas que en la OCDE.

Uruguay es uno de los países de la región que tiene más restricciones a la producción según un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). El organismo afirmó que la reducción de esas barreras contribuiría a conseguir una mayor productividad.

El informe "Fomentando un crecimiento inclusivo de la productividad en América Latina" tomó en cuenta a 13 países de la región. Por América del Sur incluyó a Argentina, Brasil, Uruguay, Colombia, Perú y Chile. Además estuvieron dentro del estudio México, Honduras, Costa Rica, Jamaica, República Dominicana, Nicaragua y El Salvador. De ellos, Uruguay está ubicado en el tercer lugar de los países con regulación más restrictiva del mercado de productos y bastante alejado del promedio de la OCDE.

Dentro de esa medición se incluye a las barreras al comercio, la inversión y al emprendimiento y al involucramiento del Estado. Por encima de Uruguay se ubicaron Argentina y Honduras. Chile, que integra la OCDE, es el país más cercano a promedio establecido por el organismo internacional.

El estudio señaló que ya existen ya 68 acuerdos comerciales preferenciales (ACP) en los que participa al menos un país latinoamericano, siendo 32 de ellos intrarregionales. "Sería útil consolidar y armonizar esta compleja red regional de ACP a fin de reducir solapamientos, duplicidades y conflictos entre regulaciones y normas técnicas diferentes", expresó.

Ejemplificó que la Alianza del Pacífico es una iniciativa "notable" en este sentido. Además, explicó que el Índice de Restricción del Comercio de Servicios de la OCDE (STRI) —donde están representados Brasil, Chile, Colombia y México—, señala que algunos países de la región se beneficiarían de converger hacia mejores prácticas liberalizando aún más sus sectores de servicios y priorizando otros como el transporte, las telecomunicaciones y los servicios de mensajería, que son cruciales para la integración en las cadenas de valor mundiales.

La inversión extranjera directa (IED) constituye otra dimensión importante de la integración en las cadenas de valor mundiales. En general, dice el estudio, América Latina ha disfrutado de unas altas tasas de crecimiento de la IED —muy concentradas en sectores de recursos naturales— y por lo tanto expuestas a los ciclos de las materias primas. "La fuerte caída de los precios de estas últimas ha afectado de manera significativa las inversiones en numerosos países ricos en recursos naturales: después de años de crecimiento sostenido, los flujos de IED hacia América Latina se redujeron un 16% en 2014, más que la contracción media mundial de 7%", indicó.

Añadió que aunque los países latinoamericanos suelen estar abiertos a la IED, el Índice de Restricción Regulatoria a la IED de la OCDE sugiere que también en este ámbito existe margen para liberalizar más las políticas en algunos mercados, como México y Brasil, sobre todo en sectores de servicios como el transporte.

La OCDE sostuvo que reducir las barreras al comercio internacional contribuiría a una mayor productividad, ya que la competencia con proveedores extranjeros alentaría a las empresas a ser más eficientes.

Las mejoras en las áreas de facilitación del comercio y logística, calidad de las infraestructuras e instituciones, protección de la propiedad intelectual, desarrollo de la fuerza de trabajo y creación de un sector servicios eficientes y un entorno empresarial favorable a la innovación también facilitarían esa integración en las cadenas de valor mundiales, añadió el organismo.

A su vez, indicó que fortalecer el marco de competencia puede impulsar la productividad, y al mismo tiempo promover la inclusión social, reduciendo el precio de los bienes básicos para los hogares. Además, fomentar la competencia en los mercados de productos en sectores como las telecomunicaciones, alimentación y distribución comercial puede impulsar la productividad e ir aumentando la eficiencia en la asignación de recursos.

"Reformas favorables a la competencia incluyen, por ejemplo, eliminar o rediseñar regulaciones u otras formas de intervención pública que restrinjan innecesariamente la competencia, sobre todo cuando dificulten la entrada de nuevos competidores al mercado. Tales regulaciones del mercado de productos tienden a ser más restrictivas en América Latina que en países de la OCDE", sostuvo el organismo.

Agregó que en la medida en que son principalmente las empresas jóvenes las que aportan crecimiento en puestos de trabajo y empleo, los obstáculos regulatorios y de otro tipo a la entrada de nuevas empresas resultan particularmente perjudiciales para las perspectivas de crecimiento. Además, al limitar la competencia en el mercado de productos, unas elevadas barreras de entrada también desincentivan a las empresas ya establecidas de invertir en productos y servicios innovadores.

"Hay signos de progreso, sin embargo, y países como México están abriendo algunas de sus industrias de red a la IED con el fin de elevar la productividad y reducir los precios. El potencial que estas medidas favorecedoras de la competencia tienen de mejorar los resultados de integración social es evidente", dijo.

En México, por ejemplo, un estudio de la OCDE mostró que el efecto relativamente negativo del poder monopólico es mayor entre los hogares pobres.

Trabajadores no calificados

El Informe de la OCDE también indicó que la calidad del empleo de las personas depende en gran medida de sus niveles de competencias.

"Los trabajadores poco calificados suelen desempeñar empleos con salarios bajos, trabajan más horas, con horarios más largos, en condiciones laborales más precarias y con menos acceso a la formación", sostuvo.

Añadió que en siete países relevados, en promedio, el ingreso por hora trabajada de quienes están poco calificados es la tercera parte del que reciben los altamente calificados. Además, enfrentan un riesgo total de pérdida de empleo y de salario extremadamente bajo, explicó. A su vez, los trabajadores en empleos informales resultan especialmente afectados por la baja calidad del trabajo, dijo el informe.

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