MARíTIMas

Recuerdan sucesos marítimo - portuarios

El Apostadero Naval descubrió a Montevideo como el mejor puerto del continente

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Apostadero Naval

Hoy 18 de julio no solo celebramos 186 años de la Jura de la Constitución sino que tambien deberíamos recordar que un día como hoy, pero de 1901, comenzaron las grandiosas obras del Puerto de Montevideo -nada menos- aunque este mes, casualmente, tenemos otros festejos de aniversarios como son los 100 años de la Administración Nacional de Puertos, los 100 años del Centro de Navegación, y el primer centenario del pase definitivo del antiguo astillero nacional privado de Cibils y Jackson a la órbita de la Armada. Fueron acontecimientos político-marítimo-portuarios de gran valor para una nación joven, pujante, culta, emprendedora y adelantada para su tiempo, abierta a lo europeo.

Pero si vamos a recordar sucesos políticos vinculados a lo marítimo-portuario, a nuestro entender no podemos olvidar jamás un hecho histórico muy importante como fue la selección y establecimiento en Montevideo en 1776 del Apostadero Naval de España, una infraestructura logística genial para dar movilidad a la gran flota imperial peninsular, en cuyas posesiones no se ponía jamás el sol. Y esto fue un acto de racionalidad incuestionable del que nos sentimos orgullosos porque fue una decisión que reconoció a Montevideo como el mejor y acaso único puerto en el Atlántico sur con todas las ventajas geográficas de las que carecía Buenos Aires, y las interminables horas de navegación que su acceso devoraba para encontrarse allí, donde estaba la capital del Virreinato. Es evidente que la Armada española tenía poder, y desoyendo presiones y con el apoyo de Carlos III, Montevideo fue elegido como el gran puerto del sur. Razones no le faltaron. Era sabido que los barcos mercantes debían fondear a 10 millas de la costa bonaerense para no quedar varados, y los barcos militares todavía más lejos, según su cantidad de cañones.

Pues bien, hablemos del Apostadero Naval que es el centro de nuestra nota. Estaba instalado en una construcción militar especial de dos plantas en la calle Zabala esquina Orillas del Plata, antes Rbla. Roosevelt y ahora 25 de Agosto, cuyo frente e interiores fueron restaurados en los años 60 por el historiador y exministro de Instrucción Pública, Prof. Pivel Devoto. A sus fondos había un astillero para trabajos navales menores, hoy un terreno baldío propiedad del Banco Republica sobre la rambla portuaria entre Solís y Zabala. Nosotros lo conocimos por los años 40 y pico; su frente había sido modificado después de que lo compró el pintor Figari, y pocos sabían qué función había cumplido esa construcción. Por 1850 fue sede de la Aduana y más tarde Oficina de Correos.



UN HITO. Desde esta casona, el comando naval de la flota imperial española gobernó los territorios coloniales de su imperio en América del Sur, incluyendo las Malvinas, para lo cual trajo y estacionó en Montevideo la mayor armada de todos los tiempos que fue la expedición del virrey Ceballos con 116 barcos que fondearon en la bahía en 1777. Es una historia que comenzó en 1776 y terminó en 1814 cuando los españoles se fueron. En cuanto a la antigua casona, más conocida por el “Barracón de la Marina” ubicada, como dijimos, en la calle Zabala, entonces San Francisco, fue sede histórica de grandes personajes. Allí estuvieron Artigas que en tiempos de la Patria Vieja instaló allí el funcionamiento de la Aduana y la Comandancia de la Marina; Garibaldi, don José Bustamente y Guerra, don Pascual Ruiz Huidobro, el virrey Sobremonte, don Mateo Magariños y José Batlle Carreo, entre otros personajes de nuestra patria. Cuando la ciudad cayó en manos de los ingleses el 3 de febrero de 1807, aquí se instalaron los capitanes, oficiales y marinos ingleses a cuyo frente estaba el Cro. Popham, y desde este edificio dirigieron su flota durante el tiempo de la ocupación. En una de sus habitaciones, seguramente en su primer piso, don Andrés Oyarbide realizó las famosas Cartas Marinas del Río de la Plata.



LO PERSONAL. Este edificio lo conocemos desde 1947, y su frente sin duda había sido alterado. Todas las semanas casi sin excepción, durante casi medio siglo cuando menos, pasamos por su frente cuya fachada conocemos de memoria, como así tambien gran parte de su historia que hemos oído tanto en la Academia Uruguaya de Historia Marítima y Fluvial como en la Liga Marítima, y leído también en una publicación editada hace muchos años cuando el Prof. Juan Pivel Devoto era titular del Ministerio de Instrucción Pública. Del Apostadero Naval hemos oído hermosos comentarios del propio excanciller Martínez Montero en varias entrevistas que le hicimos en su domicilio.



TUGURIO. Pero vamos al tema de esta vieja construcción de la calle Zabala que, hasta no hace mucho, su estado físico e imagen avergonzaba a la Ciudad Vieja.

Incluso, en años pasados, llegamos a percibir en tiempos de abandono y tugurización, insoportables olores saliendo de esa construcción, de la que se nos dijo que cuando comenzaron las obras de recuperación se retiraron de allí 35 camiones cargados de basura. Ese edificio fue hermosamente recuperado e ingeniosamente decorado; su interior luce pulcro y atractivo con alegorías históricas. Sus paredes han sido testigos de hechos que enriquecen nuestra historia. Hoy en día sus corredores, pasillos y salones están vacíos, pero fueron parte de innumerables historias que acaso torcieron el destino de nuestra República; puedo imaginar allí las voces españolas con su acento y gracejo especial adoptando cada día solemnes y severas decisiones. En todo esto hay que poner la necesaria cuota de imaginación para recrear un tiempo, una época, cuyas orillas portuarias llegaban hasta la misma esquina de 25 de Agosto y Zabala.



RECUERDOS. En la esquina de Piedras y Zabala estaba la Caja de Jubilaciones y Pensiones; luego, por esa acera hacia el norte, venía un edificio de dos pisos con escritorios de rematadores y corredores de bolsa, le seguía una casa de inquilinato, a continuación venía el Apostadero Naval cuya fachada modificada con tres entradas entonces, era en realidad un conventillo y, por último, un edificio que se ve en parte hacia la Rbla. 25 de Agosto y a donde íbamos todas las semanas. Era un edificio donde estaban las agencias marítimas A. Gordon Firing, Carlos R. Bianchi, Chadwick Weir, y, si mal no recordamos, la agencia marítima Mann George Depots. En la acera de enfrente, el despachante de Aduana de Alberto Bergamino, al lado de los de Leindekar y Longobardo, y un poco más abajo el estudio del abogado Aparicio Méndez, quien años más tarde sería presidente de la Republica. Todo eso fue demolido.



LA FOTO. Posteriormente, el Estado apremiado por estrecheces económicas loteó la manzana, y la familia Figari compró ese y otros solares adyacentes, pero el 9 de noviembre de 1966 el Poder Ejecutivo decidió adquirir el edificio. Nuestra foto muestra al frente un cartel donde se lee “se alquilan piezas”; tambien una puerta chica al costado de la principal donde parece instalado un kiosco de venta de cigarrillos, pero un memorioso que nació en el barrio nos dijo que en ese edificio hubo hasta un taller de vulcanización de neumáticos para los entonces camiones con ruedas macizas que iban al puerto con sus cargas. Viejas publicaciones hablan de que allí estaban instalados los tradicionales toneleros del puerto, y otro memorioso del puerto nos recuerda que la firma Debitonto tuvo allí oficinas y taller, empresa que conocimos sobre la Rbla. 25 de Agosto. Un mundo que se fue.

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