Entrevista a Augusto de la Torre

"El 2016 podría seguir siendo un año de ajuste en la región"

"A pesar que la economíaestá desacelerándose, los precios tienen presiones a la subida” dijo eleconomista jefe regional del Banco Mundial.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
"Si seguimos las expectativas del mercado, en 2016 la situación económica va a mejorar", afirmó.

—En su conferencia dijo que el salario mínimo es un aliado del crecimiento con inclusión, pero que en tiempos complicados el hecho de que esté fijo y no se pueda adaptar lo vuelve un enemigo. Es una idea un poco tabú.

—Es un tema delicado, donde la discusión filosófica se combina con las realidades económicas y por eso es un tema tan álgido. Cuando uno habla sobre este tema y evita los apasionamientos, creo que hay una convergencia muy rápida de que lo que importa es el empleo y el generarlo.

En general, el salario mínimo se lo piensa como parte de la conversación sobre la equidad social, es natural. Incluso (Karl) Marx decía que el salario mínimo tiene que ser suficiente al menos para que haya subsistencia. En el mundo moderno, no sólo sabemos que el salario mínimo tiene que garantizar la subsistencia, sino una vida razonablemente humana. Pero cuando pensamos en él, tenemos que relacionarlo con el empleo.

El salario mínimo no importa para el trabajador que está educado, que tiene destrezas, porque gana salarios muy por encima del mínimo. Pero sí le importa a la empresa, porque tiene que emplear una gama grande de empleados, desde el trabajador con muchas destrezas al de menos destrezas. Y si la empresa encuentra que en el segmento de empleo de bajas destrezas el costo se vuelve excesivamente alto, la empresa no contrata o desemplea. Ahí puede haber una cosa que no esperábamos: queríamos proteger al trabajador para que tenga una vida decente, tal vez se nos fue la mano por razones políticas y subimos demasiado el salario, de pronto la economía entra en un ciclo hacia abajo y ese salario se vuelve un enemigo del empleo. Es una discusión complicada. No sólo estamos pensando el salario mínimo en términos absolutos de proteger al empleado para que tenga una vida decente, también hay que pensar el salario mínimo desde el punto de vista del ciclo. El salario mínimo que nos conviene cuando estamos en plena expansión no necesariamente es el mismo que nos conviene cuando estamos en plena desaceleración.

—En su presentación mencionó que es el cuarto año de desaceleración en América Latina con un ciclo de materias primas a la baja, y dijo que el salario mínimo está haciendo pagar con desempleo a los trabajadores menos calificados. La preocupación de si no será otra vez lo que se vivió a fines de los 90 está. ¿Cuál es el mensaje?

—Esa pregunta, en este momento, genera división entre los economistas. Los economistas que observaron las reacciones económicas durante los años 90 se quedaron muy marcados por todos estos problemas de los "frenazos bruscos" de los que hablaba Guillermo Calvo (execonomista jefe del BID) que generaban enormes estragos en la región. Lo pongo de otro modo. En el pasado, había un shock externo que nos golpeaba y nuestra situación doméstica amplificaba ese shock externo. Lo hacía a través de monedas débiles, sistemas bancarios débiles o gobiernos sobreendeudados con problemas fiscales. Entonces, teníamos ciertos amplificadores domésticos que convertían a un shock externo en una catástrofe doméstica. Ahora, esos amplificadores que solíamos tener, han desaparecido. Tal vez no tenemos amortiguadores de gran calidad, tal vez no podemos amortiguar todo si el shock externo es muy grande, pero al menos ya no amplificamos. Eso sí cambia las cosas. Por eso estamos hablando del empleo, la desaceleración, los salarios, mientras que en el pasado hablábamos de la crisis financiera, de la crisis de balanza de pagos. Es un gran cambio que se ha producido en la región y por eso creo que aquellos que se enfocan y tratan de ver la región como si fuese la de los 90, se equivocan. Porque la región no es la de los 90. Eso no quiere decir que si el proceso de reacomodo de la economía real sigue prolongándose, tal vez eventualmente afecte el sistema financiero, tal vez afecte a las finanzas públicas. Pero el epicentro del problema no es la crisis financiera, no es la crisis económica, sino ver cómo funciona nuestra economía y mercado laboral.

—Muchos países de la región enfrentan una desaceleración económica y también una inflación elevada. Algunos, como Uruguay, optan por ir manejando las dos y otros eligen una u otra. ¿Cuál cree que debería ser el mix de política apropiado?

—Cuando empezó la desaceleración regional, muchos economistas teníamos la esperanza de que si bien el espacio fiscal se iba a achicar, en algunos países más que otros, el espacio monetario iba a quedar bastante intacto y entonces al transitar al nuevo equilibrio, la política monetaria iba a ayudar a poder moderar esa transición. Esa era la esperanza. Lo que pasó es que el shock externo fue tan brutal que lo primero que reaccionó fue la moneda. Las monedas se depreciaron (frente al dólar), absorbieron el shock externo y quizás se sobredepreciaron. No lo sabemos. Y eso, que en principio es compatible con la independencia monetaria, se convirtió en un problema de passthrough, es decir las depreciaciones fueron tan grandes que empezaron a pasar al nivel de precios (al consumo). A pesar de que la economía está desacelerándose, los precios tienen presiones a la subida. Es lo que los economistas llamamos la ausencia de la "divina coincidencia". Entonces, a los banqueros centrales no les queda más remedio que tratar de mantener ancladas las expectativas inflacionarias y están lidiando con estas presiones a la suba de los precios, que no viene de un sobrecalentamiento de la economía, sino de que depreciamos con mucho vigor las monedas. Los banqueros centrales han quedado con el problema de que no pueden usar más activamente la tasa de interés para amortiguar esta transición. Eso afecta a Uruguay, a Colombia, a Chile, a Brasil, a todos los países que tienen sistemas monetarios modernos. Por el momento los bancos centrales están maniobrando de la mejor manera que pueden.

—¿Es elegir uno u otro?

—No les queda más. Además tienen el mandato legal de darle prioridad a la inflación.

—Este ciclo de desaceleración, ¿cuánto más va a durar?

—Si seguimos a las expectativas de mercado, en 2016 debería empezar a mejorar la cosa. Si vemos los datos que he mostrado sobre lo que está pasando con el mercado laboral (no se genera empleo y hasta se pierden puestos de trabajo) me parece que el 2016 podría seguir siendo un año de ajuste para una parte de Sudamérica.

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