Alejandro Werner

"Uruguay tiene un programa coherente; puede haber presiones"

El director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI dijo en entrevista con El País en Lima, que hoy, los países de América Latina —excepto Venezuela— “tienen una situación financiera, monetaria y fiscal más sólida” que hace dos y tres décadas por lo que la probabilidad de ver escenarios de colapso financiero como en aquellos años “es mucho más baja”.

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"Salvo Venezuela, los demás países están más sólidos que en el pasado".

La región, si bien aprovechó en algunas áreas el superciclo de precios de materias, no lo hizo lo suficiente, según Werner. “No lo aprovechó para generar espacios y estar mejor en los tiempos malos”, afirmó. De todas maneras, cree que “ese debate” de qué habría que haber hecho “es un poco estéril y hay que ver qué se haría en la macroeconomía para ir ajustándola a la realidad”. Respecto a Uruguay, señaló que el programa presupuestal es “coherente” y si bien se “pueden generar presiones en el camino, en general sentimos que los objetivos son consistentes con las expectativas” del FMI. A su juicio “la gradualidad que ha sido anunciada” para bajar el déficit fiscal y la inflación” es la adecuada porque tampoco pone una presión exagerada en el nivel de actividad”. Sobre la intervención para contener al dólar, señaló que “después de un proceso de acumulación de reservas muy intensivo, son un instrumento que en momentos de alta volatilidad cambiaria y de iliquidez en los mercados financieros puede contribuir” aunque debe ser utilizada “de manera muy juiciosa”.

—¿Qué ocurriría en América Latina si el frenazo de China es más intenso que el que el organismo prevé?

—Pero eso es como la frase que todos los economistas dicen de Oliver Twist (N. de la R.: la novela del escritor inglés Charles Dickens) de que todas las familias normales son parecidas pero las disfuncionales, son disfuncionales en diferentes maneras. Si no ocurre es más difícil saber. Para América Latina, la composición del crecimiento en China es muy importante. Entonces, en un contexto de que la transición que se está hablando para el caso chino, en el cual la inversión viene desacelerándose y el consumo y los servicios siguen con el ritmo que tienen, un escenario de riesgo en el cual el crecimiento chino es más bajo, se podría materializar con un consumo no tan dinámico como el que estamos viendo y la inversión cayendo. O se podría dar con un consumo cayendo y la inversión cayendo de manera más rápida. Esos dos escenarios, tienen implicaciones diferentes para América Latina. La principal es, ¿cuál es la sensibilidad de los precios de las materias primas a este menor crecimiento? En la medida que se vean más afectados los metales, obviamente los países de la cuenca del Pacífico (Perú, Chile), en la medida que los precios de los alimentos se mantengan países como Brasil, Argentina, no se verían tan afectados. El flujo de financiamiento proveniente de China no tendría por qué verse afectado, más bien sería otra ronda de ajuste de precio de las materias primas. La otra es el precio del petróleo, pero es un commodity que ha respondido a factores más variados.

—En escenarios de riesgo, ¿hay algún país en el que se pueda ver un colapso financiero como en los 80, 90?

—Hay un país que hoy está en una situación inflacionaria complicada y una situación económica muy complicada.

—Venezuela.

—El resto de los países en América Latina hoy, tienen una situación financiera, monetaria y fiscal más sólida que la que veíamos en los 70 u 80. En ese sentido, la combinación de vulnerabilidades y fortalezas, la probabilidad de un escenario como el que menciona es bastante baja. Hay economías con vulnerabilidades domésticas y hay muchas economías con vulnerabilidades externas. La intersección no está tan poblada. Si los países llegan a caer en una situación más compleja, no va a ser nada fácil, pero creemos que la probabilidad de que se repitan los escenarios de hace dos, tres décadas es mucho más baja.

—En este superciclo de materias primas que ahora terminó, ¿hay países que tuvieron una década ganada y otros una década pérdida?

—La región como un todo aprovechó mejor que en el pasado, el boom de precios de materias primas. No lo aprovechó lo suficiente, en términos de canalizar estos ingresos adicionales a ahorros para generar espacios y estar mejor en los tiempos malos. También para avanzar en temas como educación e infraestructura fue insuficiente. Se avanzó mucho en la parte de combate a la pobreza, etc. Es un tema que tiene múltiples aristas, en unas lo hizo mucho mejor que en otras. Hacia adelante, hay economías que en relación con los ingresos que recibieron, hoy no deberían estar en una situación tan vulnerable y sí lo están. Destaca el caso de Venezuela. En el resto de las economías, se puede dar un debate sensato y que no está claro. En el caso de Brasil, hay muchos temas domésticos y su situación va mucho más allá que las materias primas. Brasil tuvo ventajas importantes por materias primas, por políticas correctamente implementadas en ciertos sectores y también hubo ciertos desequilibrios que el gobierno está tratando de corregir y tienen una naturaleza claramente doméstica. Me enfocaría más en los retos que enfrentan las economías. Una vez que ocurren estos shocks negativos es muy fácil decir cuales hubiesen sido las políticas que hubieran suavizado más todavía los impactos. En los diálogos que tenemos con los países, en el pasado dijimos que había que ahorrar más, etc., pero ahora creo que ese debate es un poco estéril y hay que ver qué se haría en la macroeconomía para ir ajustándola a la realidad. Hay que encontrar el equilibrio adecuado para por un lado mantener las fuentes de financiamiento y generar estos ajustes de la manera que impacten lo menos posible en el ciclo económico. Ese es el reto.

—En los últimos tres meses hubo una parálisis política en Brasil y no se ha decidido nada. Si esto sigue, ¿implica una revisión a la baja en la proyección de recuperación?

—Claramente, el hecho de que la política en Brasil esté pasando por un contexto tan volátil y complejo, ha pospuesto decisiones económicas importantes. En la medida que esas decisiones económicas se sigan posponiendo, la incertidumbre no se va a reducir. En la medida que la incertidumbre siga, las decisiones de consumo e inversiones se van a seguir postergando y por tanto el efecto positivo que está implícito en nuestros supuestos económicos de que la economía empieza a recuperarse, probablemente se posponga. Es muy importante que el sistema político le dé un sustento a estas decisiones en Brasil. Pero, claramente esto lleva a que estas medidas tarden en llevarse a cabo y esto retrasa la recuperación económica y de ahí la urgencia en que se logre un acuerdo en el plano fiscal.

—Uruguay, según la proyección del FMI va a tener una desaceleración moderada, tiene una inflación cercana al 10% y un déficit que va a intentar corregir. ¿Cómo se hace para manejar todo eso a la vez, hay que optar?

—El programa que presentó el gobierno, que busca fortalecer las finanzas públicas en una perspectiva de mediano plazo, que presenta supuestos de crecimiento realistas en este período de cinco años, es un marco en el cual se puede, de manera simultánea, seguir consolidando las finanzas públicas y controlar los indicadores inflacionarios y regresarlos a los niveles donde el Banco Central se siente más cómodo. En ese sentido, la gradualidad que ha sido anunciada es la adecuada porque tampoco pone una presión exagerada en el nivel de actividad. En la parte inflacionaria también hay elementos que van más allá de la política monetaria como puede ser inducir sobre la formación de expectativas y sobre la indexación salarial. Hay elementos importantes en ese ámbito más estructural, que pueden permitir lograr un restablecimiento de indicadores de inflación que estén más cerca del promedio de los años anteriores. En el caso de Uruguay no veo una situación en la cual se estén tratando de alcanzar niveles de crecimiento económico que no estén justificados por esta nueva realidad. En algunos países se generaron ciertos desequilibrios que dieron lugar a una problemática más compleja porque cuando empezó la desaceleración, la interpretaron como un fenómeno transitorio que requería un impulso de demanda para volver a los crecimientos de antes. Dado que las economías no contaban con los elementos para volver a estos crecimientos, los impulsos de demanda agregada generaron más desequilibrios como algo más de inflación, déficits en cuenta corriente y por tanto problemas que hoy por hoy están llevando a una corrección mayor. Ese no es el caso de Uruguay, veo un programa coherente. Dependiendo de qué tan rápido se puedan afectar las expectativas de inflación, en qué medida se contenga el pass-through (subas del dólar que generan más inflación) de tipo de cambio a precios, podrá bajar la inflación. Esto puede generar presiones en el camino, pero en general sentimos que los objetivos son consistentes con las expectativas que tenemos.

—Las intervenciones cambiarias para moderar ese pasaje de dólar a precios, ¿son aceptables entonces?

—Las intervenciones cambiarias, después de un proceso de acumulación de reservas muy intensivo, son un instrumento que en momentos de alta volatilidad cambiaria y de iliquidez en los mercados financieros pueden contribuir y cooperar con la política monetaria para lograr estabilidad y que las acciones de política monetaria tengan el impacto sobre los mercados financieros que uno quiere. En un contexto en el que el tipo de cambio se está moviendo mucho, tal vez la transmisión de las tasas de interés al resto de las tasas de interés pasivas (las que los bancos pagan por los depósitos), activas (las que los bancos cobran por los créditos) y al gasto de los consumidores, se enfrenta con un cortocircuito. Porque nadie quiere tomar decisiones cuando el tipo de cambio se está moviendo mucho. Hay una complementariedad de la intervención cambiaria con la política monetaria. Pero, hay que usarla de manera muy juiciosa, porque si uno lo usa de manera muy agresiva, luego los mercados perciben debilidad y este instrumento se vuelve en un amplificador de volatilidad. Hoy muchos países de América Latina están empezando desde niveles de reserva muy elevados y probablemente este segundo fenómeno no se dé. Pero con una perspectiva de mediano plazo, hay que calibrarlo bien para que estos colchones que hoy tenemos, que son factores de estabilidad que nos dan instrumentos adicionales, no se vuelvan -como ocurrió en el pasado en nuestros países- factores de debilidad porque nos los acabamos. Estamos muy lejos de eso en este momento, pero tenemos que usarlo de manera muy juiciosa, sobre todo en un contexto internacional donde la volatilidad puede ser un factor que esté con nosotros durante un tiempo prolongado.

Caída del crecimiento potencial de la región.


—¿Qué explica la caída del crecimiento potencial de la región?

—Es una combinación de tres factores. El primero es el tema demográfico, porque la situación del mercado laboral está más apretada que hace 10 años (las tasas de desempleo son mucho más bajas), entonces la posibilidad de expandir la producción incorporando más gente al sector productivo es menor. Las tasas de inversión, que en América Latina han sido históricamente bajas, tuvieron un aumento importante en la última década, por las materias primas y la laxitud financiera a nivel internacional, y ahora vemos un ajuste muy importante. El crecimiento del stock de capital va a ser a una tasa más baja; esto afecta el Producto Interno Bruto potencial. Por último, la productividad ha sido un factor que no ha jugado a favor de la región en términos de crecimiento potencial.

SABER MÁS

El ejemplo de Perú en el manejo del gasto.


"Perú en los últimos años, con la desaceleración económica y la caída del precio de las materias primas, no ha recortado nada de gasto. Lo que hizo fue como decir: si tuvimos una caída de ingresos, no voy a bajar mis gastos para compensar esa caída de ingresos y es más, voy a aumentar un poco más mis gastos y ese gasto adicional lo enfoco en infraestructura.

En la medida que el país empiece a recuperar un nivel de crecimiento más alto que el de ahora, pero más bajo que el de los últimos 10 años, lo que estos países tienen que hacer es ir retirando gradualmente el estímulo. Porque al final del día no es que puedas estimular la economía para regresar a tasas de 5,5%. Las vas a estimular porque ahora se te juntan dos cosas: el ajuste a un crecimiento de mediano plazo más bajo y el ajuste cíclico por la caída tan brusca de los términos de intercambio".

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