Tema de análisis

¿Es viable un Uruguay cerrado al comercio de servicios?

Para un país pequeño como Uruguay resulta inevitable abrir la economía al comercio internacional de bienes y servicios. Tradicionalmente se discutió este concepto para los bienes, puesto que en el comercio mundial predominaban las mercaderías físicas que se transportaba de un país a otro.

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El sábado próximo, el FA definirá acerca de la participación de Uruguay en el tratado. Foto: A. Colmegna

Con la globalización de la producción y los cambios tecnológicos, el tema del comercio de servicios comenzó a adquirir mayor importancia. En momentos en que la política exterior de Uruguay se encuentra en discusión por la decisión de retirarse de la negociación por el TISA, vale la pena repasar las razones para mantener un estratégico nivel de apertura en el comercio de servicios.

Para el caso de los bienes, el razonamiento a favor de la apertura estratégica de la economía parte de la base que ningún país puede producir todo lo que desea consumir porque hay limitaciones en la dotación natural de recursos. Un ejemplo claro, es el caso de un país como Uruguay que no tiene petróleo y necesita importarlo. Para poder comprar al exterior es necesario exportar otros bienes de forma de conseguir los recursos para la importación.

En estos casos la economía y la sociedad se benefician de la apertura. Es una explicación simple que puede dejar la idea que la apertura puede ser selectiva y dar preferencia a los productos que no se pueden producir en el país y mantener la frontera cerrada a los restantes. Esta interpretación es muy extrema puesto que requiere conseguir socios comerciales bilaterales que se complementen en forma exacta con nosotros.

Hay a un segundo argumento a favor de la apertura de la economía que se enfoca en el valor estratégico de la misma y pone el centro en la eficiencia con la que se producen los bienes en un país. Por lo general, el concepto de eficiencia es algo relativo y es difícil que un país sea más eficiente que todos los demás países en todo lo que produce.

Si así lo fuera, lo que hay que pensar es que van a haber productos en los que ese país es notoriamente mejor que los demás y van a haber otros productos en los que la diferencia sea más pequeña. Si es así, por qué producir los que nos generan pocas diferencias con los otros productores mundiales. Es mejor concentrar los recursos para producir aquellos en los que tenemos las mayores ventajas competitivas.

Por lo tanto, siempre existe una fuerza que lleva a que a los países les convenga especializarse en algunos productos, por lo general aquellos en los que tienen mayores ventajas competitivas con los demás. El resto se compra con el producido de lo que se vende. Para un país pequeño, esta especialización es inevitable y solo se puede aprovechar si se sigue una política de apertura comercial con el resto del mundo.

Sobre esta premisa es que los países mantienen grados crecientes de apertura en el comercio de bienes. La excepción que nos toca de cerca es la de Argentina y Venezuela que tienen restricciones muy grandes en la disponibilidad de capitales y aplican controles en el mercado cambiario.

Uruguay tiene una economía relativamente abierta en el comercio de bienes. El coeficiente de apertura creció significativamente desde que se intensificó el comercio internacional de materias primas agropecuarias. Los cinco años de explosión del Mercosur (1994 a 1998) llevaron a que la suma de exportaciones e importaciones de bienes representaran el 25% del Producto Interno Bruto (PIB) de esos años. Esta medida de apertura de la economía mejoró desde el año 2004, siendo el promedio de los últimos cinco años (2010 a 2014) del 40%.

Servicios.

La apertura en el comercio de bienes siempre fue acompañada por una apertura en servicios pero los volúmenes transados son claramente inferiores. Apenas llegan al 12% del PIB en los últimos cinco años. El potencial de Uruguay es muy grande y en la estructura del PIB los servicios tienen cada vez un peso mayor. Hay varios rubros que pueden ser exportables como es el caso de: financieros, seguros, asesoramiento empresarial, informática, comunicaciones, medicina, educación, culturales, entretenimiento, franquicias, transporte y logística. En muchos de ellos existe la posibilidad de una producción eficiente en nuestro país para todo el mundo.

Por lo tanto se puede pensar que Uruguay tiene un potencial exportador de servicios y que se beneficia de los acuerdos comerciales. Una de las barreras para las exportaciones de bienes es la localización del país, muy distante de los centros de consumo. En el caso de los servicios, el consumo es más generalizado y las distancias no son una barrera puesto que por lo general se transportan mucho más fácil que los bienes.

La disponibilidad de servicios es cada vez más importante. Por un lado la demanda final tiene cada vez más componentes de servicios. Por otro, en la producción hay una necesidad creciente por contar con servicios como insumos o como parte del valor agregado de la producción. La frontera entre bienes y servicios se va borrando y cuando se piensa en un automóvil por ejemplo hay que pensar que una parte del valor agregado final del mismo se compone de servicios que van sobre la computadora.

Si el país decide cerrarse al comercio internacional de servicios entonces hay que pensar en que la disponibilidad para importar será más limitada y también será más difícil exportar. En ese caso el país pierde porque deja de importar servicios que le hacen falta, son más completos o son más baratos y generan bienestar para la población. Esto provoca dos dificultades, por un lado priva del consumo final a la población y por otro reduce la capacidad para incorporar servicios en la producción de bienes que se encarece y fundamentalmente pierde competitividad en relación a la de otros países.

Por otro lado se complicará la exportación de servicios. Otros productores de software en el mundo van a tener acceso a mercados que no tendrá Uruguay.

En los servicios pueden presentarse barreras arancelarias pero es claro que las mayores dificultades están en las homologaciones y los permisos y para eso los tratados son fundamentales. Es claro que la no adhesión al TISA traerá problemas para los exportadores de servicios, tomando en cuenta que sus competidores en el mundo y en la región posiblemente ingresen al acuerdo.

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