DESDE 2010 EN EL BANCO CENTRAL

"No podemos vivir en un dilema de subir impuestos o bajar gasto"

Para el director del Banco Central (BCU), por ese motivo “es necesaria una regla fiscal”.

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Washington Ribeiro, director del BCU. Foto: Darwin Borrelli.

Hay indicios de que Uruguay retoma el crecimiento económico, por lo que cada Rendición de Cuentas será un "examen" para el gobierno en materia del gasto público. Se perdió la oportunidad en el ajuste fiscal para establecer una regla que contenga el gasto al futuro. La inflación cede, pero llevarla a la meta de entre 3% y 7% del Banco Central (BCU) "no va a ser un proceso rápido". El "combate" a los precios es un objetivo pero "no puede ser al precio de empeorar" la actividad. Esas son las principales definiciones del director del BCU —en representación del Partido Nacional—, Washington Ribeiro, en entrevista con El País.

—La inflación pasó de dos dígitos —llegó a 11% en mayo— a 8,9%, ¿fue solo un efecto cambiario?

—La variación del dólar sin duda que ha incidido en uno y otro sentido en lo que va del año. Hay un fenómeno más estructural que lleva a explicar que la inflación esté fuera del rango del gobierno desde hace años. Hoy por hoy las presiones inflacionarias se han atenuado, no obstante, la inflación está muy lejos del nivel óptimo que ese de 3% a 7%. Si bien la presión se ha atenuado, la brecha entre el dato observado y la meta sigue existiendo y la preocupación también.

—¿Cuándo se va a poder llevar la inflación al objetivo, que ya lleva 69 meses incumplido?

—No va a ser un proceso rápido y hay que trabajar en forma permanente. La política monetaria definida por el BCU viene hace mucho tiempo siendo restrictiva y hace mucho tiempo que venimos diciendo que en Uruguay faltaba consistencia entre la política de ingresos, la fiscal y la monetaria. Hoy por hoy, paulatinamente, la política fiscal y de ingresos de alguna manera vienen alineándose con la política monetaria, en un contexto de desaceleración de la economía. En la medida que esa consistencia se mantenga, que la conducta fiscal se profundice y que en la medida que los acuerdos a los que se llegue entre trabajadores y empresarios convalide ese alineamiento, paulatinamente la inflación va a ir cediendo y probablemente en un tiempo no muy cercano, la inflación vuelva al rango meta.

—No muy cercano qué quiere decir, ¿un año, dos años?

—Depende de las circunstancias, pero trabajamos para que eso ocurra en el menor plazo posible.

—¿El ajuste fiscal de 1% del PIB es suficiente para alinearse con la política monetaria?

—Dependerá de la evolución que tenga la economía. Si Uruguay recupera una senda de crecimiento en su actividad, tal vez ese ajuste que se dio en la Rendición de Cuentas sea suficiente. Si Uruguay no reactiva rápidamente su economía, por ahí imagino que el gobierno evaluará nuevas medidas en la próxima Rendición de Cuentas. En cualquier caso, creo que el ajuste que se delineó, debió incorporar una contención del gasto un poco más ambiciosa que en los hechos tuvo. Entiendo las restricciones políticas, entiendo que tal vez la bancada de gobierno no hubiera llevado una estrategia diferente. También entiendo que si uno le pide un esfuerzo a la población y al sector productivo, tiene que empezar por hacer el esfuerzo uno. Esa señal no se dio plenamente en la Rendición de Cuentas.

—Ahora, ¿un ajuste mayor por el lado del gasto no hubiera arriesgado una menor actividad?

—Está bien, pero miremos en perspectiva los hechos. Hoy podemos trabajar con la hipótesis de que estamos viviendo un cambio de tendencia en el nivel de actividad, hay indicadores que llevan a pensar que Uruguay comienza a recuperar su nivel de crecimiento, que se inicia una nueva fase de crecimiento, a tasas menores que la última década. Si esto es así, cada Rendición de Cuentas de aquí en más va a ser un examen para el gobierno. La contención del gasto público una tras otra Rendición, es lo que irá dando la pauta de cómo se irán desempeñando el resto de las variables. Hay un consenso que parte del Uruguay tiene, que el gobierno no toma para sí, que es la regla fiscal. Es necesaria una regla fiscal y no podemos vivir eternamente en un dilema en donde por un lado tenemos aquellos que piensan que hay que subir los impuestos y por otro aquellos que piensan que hay que bajar el gasto. Si bien un ajuste profundo en esta Rendición podría haber empeorado el nivel de actividad, si se podría haber mirado en perspectiva y trabajar sobre un condicionamiento fuerte en el gasto público futuro.

—Desde el gobierno se dice que la regla fiscal es el tope de endeudamiento que lo fija el Parlamento.

—Lo fija el Parlamento y el propio Parlamento lo ha cambiado una y otra vez a pedido del Poder Ejecutivo. Cuando hablo de una regla fiscal, hablo de una que se cumple. El estatus jurídico de una regla fiscal, es un tema, porque una ley sustituye a otra. La gracia o la lógica de una regla fiscal en un país serio es aquella que se cumple y se respeta.

—Una crítica que se hace al BCU es que con la política monetaria contractiva se incentiva la llegada de fondos del exterior y eso hace que caiga el dólar.

—En realidad, la apreciación del dólar se ha detenido en todo el mundo. La tendencia del tipo de cambio que se ve en Uruguay, se ve prácticamente en todos los emergentes y un nuevo proceso, incipiente, de ingreso de capitales está ocurriendo en todos los emergentes a raíz de políticas monetarias laxas en economías avanzadas y por signos de que la Fed no estaría ajustando sus tasas como se creía. Cuando el BCU en el pasado, entendió que ese ingreso de capitales especulativos erosionaba al desempeño de la economía uruguaya, tomó medidas. Hoy no están sobre la mesa esos elementos, pero en el futuro, si se entiende pertinente, se analizará.

—Pero, ¿el BCU baja la inflación a costa de deprimir al dólar?

—Si el BCU quisiera bajar la inflación a costa del dólar, no hubiera intervenido como los dos últimos meses comprando alrededor de US$ 260 millones. Creemos que la inflación es un objetivo y es fundamental combatirla, entendemos que no puede ser al precio de empeorar la tendencia de desaceleración profunda del nivel de actividad. En la búsqueda de los equilibrios es que trabajamos. Si nuestra vocación fuera que la inflación baje pura y exclusivamente a causa de la baja del tipo de cambio, no hubiéramos intervenido como intervinimos.

—¿Hasta qué momento va a seguir interviniendo el BCU en el mercado cambiario?

—Son decisiones que se toman diariamente y el BCU evalúa la pertinencia o no de intervenir y evalúa los factores que llevan a que el dólar tenga tal o cual comportamiento. Lo que es tendencia internacional, tratamos de respetarla y lo que son movimientos que se explican por factores domésticos y específicos, tratamos de neutralizarlos. Por tanto, no hay una decisión respecto a plazos y a valores, ni nada por el estilo.

Coincide con el diagnóstico del presidente del BCU, Mario Bergara que hay que mantener todos los platitos chinos girando.

—Cada uno analiza la realidad de acuerdo a su criterio. En general en el BCU lo que percibo y así lo hago, es tomar en cuenta todas las variables a la hora de una decisión. Trato de tomar las decisiones, en función de aquella que en el momento que se toma es prioritaria. Siempre estamos mirando las diferentes opciones y diferentes equilibrios y tratando de corregir. La metáfora de los platitos chinos, la hizo famosa Bergara, pero en general quien toma decisiones considera todos los elementos que el contexto y entorno le marcan.

LA INSERCIÓN INTERNACIONAL.

El Mito del Mercosur y los TLC.

"Siempre el nivel de actividad se maneja y se observa. Entiendo que comenzamos una nueva fase de crecimiento. En esta fase hay que priorizar aquellas materias pendientes de la última década: el déficit fiscal estructural, la inflación alta, obviamente la educación, la inserción internacional, la infraestructura. Parecería haber un cambio en el talante de la política de inserción internacional. China representa un 10% del comercio mundial, EE.UU. un 11%, Alianza del Pacífico 3% y el Mercosur 2%. Hay que desmitificar y romper esa creencia de "más y mejor Mercosur". Porque si el Mercosur funcionara de manera óptima, Uruguay comerciaría con el 2% del mercado mundial ¿y el resto dónde está? Uruguay tiene una diversificación en sus productos y mercados y eso hay que potenciarlo y protegerlo a través de acuerdos comerciales. Con Chile, la Unión Europea y China parece haber iniciado un camino. Ya lo hizo en su momento con EE.UU. y fracasó porque la discusión política lo limitó, esperemos que en este caso, ello no ocurra", afirmó Ribeiro.

Secreto y privacidad en agenda.

Respecto a cómo ve el secreto bancario hacia el futuro —con las nuevas flexibilizaciones—, Ribeiro fue categórico: "no lo veo". Señaló que "Uruguay es un país que curiosamente está financieramente insertado en el mundo, fiscalmente lo está haciendo y comercialmente no está insertado. Creo que esas tres patas deberían armonizarse. Respecto al secreto bancario, lamentablemente hay temas sobre los cuales hay que seguir las recomendaciones internacionales. A algunos nos gustará más, a otros menos. La privacidad de las personas es un bien a preservar y proteger, la privacidad, no el secreto. Con lo cual, todas aquellas medidas que vengan a erosionar el secreto bancario deben estar debidamente garantizadas a nivel de secreto profesional, para que se respete la privacidad de las personas sin que implique menoscabar las capacidades de fiscalización". Sobre si está a favor o en contra del proyecto de ley que erosiona más el secreto bancario respondió: "no lo razono en términos de estar en contra o a favor, porque entiendo que no hay otra alternativa para Uruguay que seguir ese camino. Si estoy en contra o a favor es irrelevante porque Uruguay va a seguir ese camino. Debemos enfocarnos en que lo haga de la mejor manera posible".

TASAS DE CRECIMIENTO ECONÓMICO ALTAS Y SOSTENIDAS EN EL TIEMPO.

La forma para que funcione el "modelo uruguayo".

—¿Qué reto se debe encarar?

—Dada su dinámica poblacional, dado el peso que tiene el Estado en la economía y dado el modelo de protección social (que es muy valorado por la sociedad uruguaya) y el modelo de seguridad social que en el futuro va a ejercer una enorme presión sobre las finanzas públicas, el modelo uruguayo funciona con tasas de crecimiento altas y sostenidas en el tiempo. Para que ocurra, hay que atraer inversiones de alto valor agregado para generar empleo de calidad. Con una población que no crece, es la única forma de que el modelo uruguayo sea sostenible en el tiempo, mejorando el ingreso de los trabajadores. Eso es en base a productividad, capacitación y educación. Ese es el mayor desafío del Uruguay. Se debe apuntar a la calidad y eficiencia, teniendo en cuenta que la población no crece y sí van a crecer sus necesidades fiscales producto del modelo de seguridad social, del de protección social y del tamaño del Estado. Es fundamental trabajar desde ya, en mejorar la educación. No hay derecho a que en el 20% más pobre de la población solo 11% termina Secundaria. No podemos tolerar que eso ocurra. No puedo creer el mensaje que le damos a nuestros jóvenes, como para que 50% de los que abandona el liceo exprese que no les interesa la educación o tiene otros intereses. ¿Quién se hace cargo —y no estoy hablando del gobierno, ni de la oposición— de que un pibe de 20 años tenga que resignarse a vivir el resto de su vida en un trabajo de mala calidad porque abandonó el liceo a los 13 años? Uruguay necesita trabajar en una agenda para el progreso que asegure una senda de crecimiento en lo social y económico.

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