RANKING COMPARATIVO DE IMPUESTOS

Presión fiscal uruguaya es de las más elevadas de América

Representa 33,2% del PIB; aportes previsionales son los mayores de la región.

Este sistema busca simplifica, abaratar y agilizar la relación del Estado y las empresas. Foto: archivo El País
La seguridad social representa 13,6% del PIB. Foto: archivo El País

Los impuestos a la renta, el consumo (IVA), los aportes a la seguridad social y el resto de los tributos que conforman el esquema impositivo local significan 33,18% del PIB uruguayo —unos US$ 17.715 millones. Esto deja a Uruguay como el tercer país de América Latina y el Caribe de mayor tributación y muy por encima del promedio regional (24,93%).

Los datos surgen del informe "Actualización de la Presión Fiscal Equivalente" del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Centro Interamericano de Administraciones Tributarias (CIAT), que analizó los aspectos tributarios de 23 países en base a información de 2015.

El trabajo incorpora el concepto de "Presión Fiscal Equivalente" (PFE) —desarrollado por el economista uruguayo Alberto Barreix—, que es "la suma de los ingresos tributarios, incluidas las contribuciones sociales públicas (pensiones y salud), las contribuciones privadas (actuariales) obligatorias y las rentas derivadas de los recursos naturales, tanto de empresas públicas (regalías, dividendos y otros ingresos de libre disponibilidad del gobierno), como privadas (regalías, impuestos "extra" a la renta y patrimonio, etc.)". El informe destaca que este nuevo modelo es "más amplio que los tradicionales de ingresos impositivos, tributarios o fiscales".

En ese sentido, subraya que "los nuevos recursos que se incorporan a la PFE tienen una relevancia cuantitativa notable en algunos países". Tal es el caso de Uruguay, donde las contribuciones privadas obligatorias significaron 3,4% del PIB en promedio en el período 2011-2015.

El guarismo de PFE alcanzado por Uruguay se compone de 6% de impuestos sobre la renta, utilidades y ganancias de capital; el 1,3% de impuestos sobre la propiedad; el 9,5% de impuestos generales sobre el consumo; el 2,1% de impuestos selectivos (como el Imesi a combustibles, tabaco o bebidas alcohólicas); el 1,1% de impuestos sobre el comercio exterior (importaciones); el 1,3% de tributos recaudados por los gobiernos subnacionales (intendencias); y 13,6% de contribuciones a la seguridad social —10% de aportes al sector público (sistema de pensiones y Fonasa) y 3,6% al privado (AFAP y cajas paraestatales).

Los únicos dos países de la región con mayor presión fiscal que Uruguay, según esta medición, son Argentina (35,78%) y Bolivia (34,49%). Levemente por debajo del resultado de Uruguay aparece Brasil (33,03%), mientras el resto de los países suda-mericanos presentan cifras notoriamente inferiores: Chile (26,16%), Colombia (24,37%), Ecuador (23,62%), Venezuela (20,6%) Paraguay (20,33%) y Perú (19,64%). Al fondo del ranking, las naciones con menor PFE son Guatemala (12,14%) y República Dominicana (16,68).

Acerca de la composición de la presión fiscal en la región, el informe analiza que en promedio "los mayores ingresos corresponden a los impuestos generales al consumo (7,2% del PIB en 2015), seguidos de los impuestos a la renta, utilidades y ganancias de capital (6,5%) y las contribuciones sociales (6,4%)". Mientras que en el otro extremo "se encuentran los impuestos a la propiedad, las contribuciones privadas actuariales e impuestos selectivos".

En tanto, en la comparación histórica "en promedio se ha producido una suba considerable desde principios de la década pasada tanto de la PFE como de los ingresos tributarios: 4% y 3,4% del PIB respectivamente, entre 2000-2004 y 2011-2015".

Al cotejar los resultados regionales con los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) —integrada por las potencias económicas y algunos países emergentes—, el estudio detalla que "para 2015 la carga impositiva total de la OCDE es de 34,1% y en América Latina y el Caribe es 27,3%". Esa diferencia de 6,8 puntos porcentuales "se puede desagregar, en gran medida, por la mayor recaudación en la seguridad social (2,7 puntos porcentuales) y el impuesto personal a la renta (6 puntos porcentuales) que se compensa a favor de la región en otros impuestos (5,3 puntos porcentuales) que incluyen los ingresos por recursos naturales".

Además, se estimó cuánto embolsan los gobiernos por habitante por concepto de impuestos y hay "gran diferencia" entre la región y la OCDE: "este último grupo recauda 3,5 veces más", siendo las zonas "de menor recaudación por habitante Centroamérica y la Andina".

Seguridad social más alta que países OCDE.

Una de las explicaciones de la alta presión tributaria de Uruguay son las contribuciones a la seguridad social, que representan unos US$ 7.245 millones (13,57% del PIB) según los datos de 2015. Esto significa 8,29 puntos porcentuales menos que el promedio de América Latina y el Caribe (5,28%). Incluso son solo tres los países aparte de Uruguay con un nivel de aportes previsionales que constituyen más del 9% de su PIB: Costa Rica (11,35%), Argentina (9,31%) y Brasil (9,18%).

Mientras que el promedio a nivel de OCDE para estas contribuciones alcanza 10,42%, es decir, 3,15 puntos porcentuales menos que Uruguay. Asimismo, si se toman los datos de los aportes a la seguridad social en el período 1990-2015, en Uruguay alcanzan el 10,71% del PIB y también quedamos al frente del ranking.

Por otra parte, el estudio del BID y el CIAT utilizó los datos históricos para estimar la boyanza (elasticidad) de la Presión Fiscal Equivalente para América Latina, medición que predice la relación entre la carga fiscal y el crecimiento de la economía a corto y largo plazo. "Los resultados muestran una boyanza de largo estimada de 1,34 mientras que de corto plazo se estima en 0,86"; que se desagrega en el primer caso en 1,46 para los Andinos; 0,79 para Centroamérica; 1,17 para el Caribe y 1,94 para el Mercosur; y en el segundo caso en 1,02; 0,67; 0,84 y 0,96 respectivamente.

El informe explica que "una boyanza de largo plazo mayor a uno implicaría que un mayor crecimiento económico mejoraría los recursos fiscales, y el contrario si la elasticidad es menor a uno", al tiempo que si "la boyanza de corto plazo es cercana a uno, el sistema de impuestos es un buen estabilizador automático de los ingresos fiscales".

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