TEMA DE ANÁLISIS

Rápido retorno de reformas para mejorar la competitividad

La actividad a nivel global muestra señales de recuperación. Hay tasas de crecimiento en los países desarrollados y por primera vez en mucho tiempo pareciera que se va a dar una coyuntura de crecimiento sincronizado entre las diferentes regiones.

Infraestructura: el rezago de Uruguay vial y portuario aumenta costos comerciales. Foto: Archivo
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Por otro lado, la búsqueda de rentabilidades en las inversiones sigue siendo intensa porque las tasas de interés tienen perspectivas de permane- cer bajas por un tiempo. Es una combinación perfecta para captar inversiones, área en la que Uruguay está mostrando algunas dificultades. El lado positivo es que el esfuerzo que se haga por resolver los puntos débiles va a tener respuesta rápida en el nuevo contexto global.

Las estadísticas del Producto Interno Bruto (PIB) en los países desarrollados para el tercer trimestre son buenas. La recuperación del ritmo de actividad en estos mercados es importante por lo que representan en el consumo global. Las proyecciones elaboradas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) indican una expectativa de crecimiento global para el año que viene del 3,7%, similar a la que terminará siendo observada en el 2017. Una particularidad es que la diferencia entre los países desarrollados y los emergentes o en desarrollo se reduce. La expectativa es de 2% para los desarrollados y 4,9% para los emergentes.

El FMI también prevé que el comercio de bienes y servicios tenga un aumento del 4% en términos reales. Es una tasa similar a la que se observa en el correr del 2017 y superior a la del 2016 que fue 2,4%. En definitiva, señales de que hay una recuperación que se podría imputar al momento del ciclo económico luego de una década de retroceso tras la crisis global del 2008.

En el mismo sentido, hay una nueva mejora en la última medición del Indicador de clima económico del mundo y América Latina que elabora el instituto alemán Ifo y la Fundación Getulio Vargas de Brasil. Desde octubre del año pasado se observa una recuperación en el índice global que se consolida en abril y julio de este año y en octubre sorprende con un nuevo incremento.

En el mismo sentido, el índice señala una evolución positiva en América Latina. El valor para octubre es 99,1 que mejora sustancialmente el nivel de 70,1 observado un año atrás y el pozo en el rango de 60 en que estuvo en 2015 y 2016. Una recuperación formidable como esta también se observa en Argentina que pasa de 107,8 en octubre del año pasado a 145,2 en el mismo mes del 2017.

La región también está mostrando una señal de cambio y para nuestro país eso es bueno por dos razones. Por un lado, aumenta el comercio regional y con ello nuestras exportaciones y turismo. Por otro, aumenta la visibilidad de nuestro país como destino de inversiones porque hay inversores mirando a la región.

Todas señales de que hay una recuperación cíclica en el mundo y en la región. En este caso, se mantienen las características en cuanto a las tasas de interés y la inflación. Siguen adelante las perspectivas de inflación baja y tasas de interés que se recuperan lentamente. En este contexto se espera que el capital disponible para inversiones, muchas veces administrados por fondos de pensiones, fondos mutuos y compañías de seguro, esté atento a las oportunidades de rentabilidad que hay en el mundo.

El tema es cómo estamos en Uruguay para seducir a esos inversores, y al respecto surgen algunas debilidades. Una forma de verlas es a través de los índices de competitividad o la capacidad para hacer negocios de los países que elaboran distintas instituciones. En el índice del Ifo y la FGV mencionado surgen con claridad dos casos que se señalan como problemas: infraestructura y competitividad.

Coincide que estos dos temas son los que están atrás del acuerdo que firmó recientemente Uruguay con la empresa UPM para la instalación de una tercera planta de celulosa. Lo que pide esta empresa es un poco más de atención a la infraestructura física, a la educación y capacitación de las personas, a la incertidumbre que imponen las condiciones laborales actuales y a reducir la carga tributaria. En definitiva, es lo que necesitan todas las empresas para generar proyectos viables.

El índice de Ifo y FGV tiene un apartado que es la descripción de los principales problemas para cada país. En el caso de Uruguay aparecen con la más alta valuación el tema de la competitividad internacional, falta de mano de obra calificada y el tema de la infraestructura.

Una de las herramientas disponibles para la política económica es la ley de promoción de inversiones. Fue motor de la inversión y el crecimiento de la última década, pero en la actualidad está mostrando un freno. En los ocho meses a agosto del 2017 se presentaron proyectos por US$ 558 millones, cifra que contrasta con US$ 1.227 millones en el mismo período en el 2016 y US$ 1.314 millones en el 2015.

Parece que hay un impacto profundo en el último año, pero hay que hacer alguna corrección si no se quiere exagerar la reacción. Si se retiran de las estadísticas los proyectos de generación de energía eléctrica y la regasificadora, se suaviza la caída: US$ 549 millones actuales contra US$ 1.017 millones el año pasado y US$ 865 millones en 2015.

Hay un gran desafío para la política económica. Prácticamente es claro que hay que trabajar en forma general sobre la infraestructura, la educación y las condiciones laborales y la cultura del trabajo. La buena noticia es que, con las perspectivas del nivel de actividad, las señales de Argentina y Brasil y las condiciones financieras internacionales el retorno por emprender esas reformas será prácticamente inmediato.

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