AGRICULTURA

Transgénicos cumplen dos décadas en la región

El 2 de octubre de 1996 se aprobó primera soja modificada.

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Grano: el 80% debió ser secado pues tenía 16,9% de humedad. Foto: AFP

Este año se cumplen dos décadas de los transgénicos en la región (Uruguay y Argentina), cuyo primer cultivo autorizado fue con la soja tolerante al herbicida glifosato, aprobada en 1996.

En el caso de Uruguay, fue una resolución del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca del 2 de octubre de 1996 que autorizó a la firma Nidera a introducir esa soja genéticamente modificada. Actualmente, hay 1,4 millones de hectáreas plantadas con semillas transgénicas. Prácticamente toda la soja y la mayor parte del maíz que se cultivan en Uruguay son genéticamente modificados. Uruguay es el 10° país del mundo con mayor plantación de transgénicos.

Hay 15 eventos (así se denomina a cada tipo de semilla) autorizados por el Gabinete Nacional de Bioseguridad en soja y maíz. Sólo hay autorizadas variedades con resistencia a herbicidas (glifosato principalmente) e insectos.

"La modificación introducida le otorga a la planta nuevas características beneficiosas como resistencia a enfermedades, virus, bacterias, hongos, plagas, tolerancia a herbicidas y a estreses como pueden ser sequías, heladas y altas temperaturas", señaló Ruth Heinz, directora del Instituto de Biotecnología del Centro de Investigación en Ciencias Veterinarias y Agronómicas del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) de Argentina.

"Además, puede contribuir a cambiar los rasgos nutricionales de frutos o semillas, por ejemplo, aumentar el contenido de vitaminas o la proporción de ácidos grasos o aceites saludables", agregó.

Los transgénicos se introdujeron en casi todo el mundo sin previo aviso y hoy están presentes en una variedad de alimentos casi inabarcable. Desde sopa instantánea hasta hamburguesas procesadas o embutidos pueden tener transgénicos, pasando por la gelatina, polenta, yogurt, pan, tapas para empanadas, dulces, mayonesas e incluso quesos.

El organismo genéticamente modificado es parte de la explicación del aumento de la productividad en la agricultura, aunque no hay consenso sobre si el transgénico perjudica la salud humana o la naturaleza.

Para el doctor en Ciencias Biológicas, Claudio Martínez la utilización de transgénicos en la agricultura, es saltearse los tiempos de la naturaleza sin conocer las consecuencias. "No podemos pretender que conocemos el secreto de la vida porque sabemos cortar y pegar ADN", dijo en un informe de Qué Pasa en El País. Por ello, es partidario controlar hasta que llegue la evidencia que confirme una de las dos posturas.

A su juicio, el principal problema, es el modelo, que implica el cultivo de un mismo producto en zonas extensas y el uso de agroquímicos.

En tanto, el gerente de la Cámara Uruguaya de Semillas (CUS), Andrés Arotxarena, dijo en el mismo informe que "a veces se le echa la culpa a la soja transgénica cuando en realidad es del humano que hace un mal uso de la tecnología".

Señaló que la resistencia que frente a los agroquímicos van generando las malezas o los insectos que amenazan a los cultivos, se puede combatir sin caer en el abuso de herbicidas.

Argentina.

El año pasado, el área implantada en el vecino con semillas transgénicas superó las 24 millones de hectáreas, sobre una superficie total de más de 33 millones de hectáreas. Argentina está entre los principales países que siembran cultivos transgénicos.

Para Mariano Bosch, vicepresidente del INTA, "los cultivos genéticamente modificados permiten optimizar la producción y la calidad de los cultivos". Con información de LA NACIÓN / GDA

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