LOS IMPUESTOS A LOS MÁS RICOS

El uruguayo que llegó al "club" de economistas con sus teorías

“Impuestos dependen de la imagen de los empresarios”, dice Juan Dubra.

"Fellow": La categoría que integra Dubra en la Sociedad Econométrica. Foto: A. Colmegna
"Fellow": La categoría que integra Dubra en la Sociedad Econométrica. Foto: A. Colmegna

Lo explica fácil: "Estos tipos eligen quién hizo contribuciones suficientes para entrar al club. Es decir nominan a otros y después otros de tu área lo endosan, que sería como decir ‘para mí este flaco es bueno’. Los nominados son por ejemplo 100 y tenés que tener el 30% de los votos para entrar. El club ya tiene 650 miembros, hasta este año había ocho latinoamericanos y ahora entramos Sérgio Firpo de Brasil y yo".

Se trata de Juan Dubra, un economista uruguayo egresado de la Universidad de la República y con un Ph.D. (doctorado en Economía) en la New York University. Esos "flacos" o "tipos" que menciona son economistas de escala mundial, entre ellos todos los premios Nobel, y el club al que logró ingresar es The Econometric Society.

El actual director del Master en Economía de la Universidad de Montevideo, es el segundo uruguayo en ser elegido por esta organización. El primero fue Igal Hendel, quien se formó en el exterior y actualmente trabaja en Estados Unidos.

Días después de conocer la noticia, Dubra explicó el proceso de ingreso y sus planes como "fellow" (una especie de miembro honorario) de "la sociedad", como él mismo la llama. También repasó sus estudios relacionados a la teoría de la decisión —cercana a la teoría del comportamiento que le valió el Nobel de Economía 2017 al estadounidense Richard Thaler— y su última investigación sobre qué factores determinan la fijación de los impuestos a los más ricos. A continuación, un resumen de la entrevista que mantuvo con El País.

—¿Qué contacto tenías con la Sociedad Econométrica y quién te propuso como "fellow"?

—Alguien que había ingresado hace muchísimo tiempo, que es Aloisio Araujo un brasileño (economista de la Fundación Getulio Vargas) que le ha metido mucha energía al desarrollo de la sociedad en Latinoamérica, siempre diciendo que la región tiene que producir más y mejores economistas, tengo entendido que fue el tipo que me propuso y después consiguió los endosos de gente que trabaja en mi área. Hasta el año pasado pagaba la cuota y era miembro, por lo que recibía la revista (de la Sociedad Econométrica) que es súper prestigiosa. La razón principal para entrar en la sociedad es ir a las conferencias y tener acceso a las publicaciones.

—¿En tus tareas como investigador te cambió en algo pasar a ser "fellow"?

—No, en términos prácticos nada. A Aloisio Araujo me lo encontré en la conferencia conjunta (de la Sociedad Econométrica y la Asociación de Economía de América Latina y el Caribe) que fue en Buenos Aires y me dijo: "ojalá que tengas la energía para trabajar por la sociedad", o sea que se espera que labure un poco más. Igual ya estuve trabajando en el pasado para la sociedad organizando unos talleres chicos, que lo que hacíamos era invitar a dos personas muy pesadas de un área y a ocho latinoamericanos que trabajaran en esa área. Era una conferencia de dos días y la gente pesada te hacía comentarios, que es la forma como avanza un trabajo —a lo que nosotros le llamamos "papers"—. A los latinoamericanos una de las razones por las que no nos va bien en investigación es porque no hay acceso a gente pesada en serio que te escuche, porque en las conferencias grandes por ahí eligen ir a escuchar a otro.

—¿La teoría de la decisión en la que te especializas, es cercana a la teoría del comportamiento de Richard Thaler?

—Sí, de hecho las cosas que yo trabajo son bien de eso. Las primeras cosas de la economía del comportamiento fueron superbásicas y sobre teoría de la decisión, problemas de decisión individual. Es decir no hay interacción entre nadie, es alguien tomando una decisión y ellos (los que investigaron junto a Thaler) lo que dijeron es que muchas veces la gente toma decisiones que son irracionales desde el punto de vista de la economía tradicional. Lo que yo hago tiene relación con eso; me divierte, me parece muy importante y muchas de las cosas que dicen son reales, pero a veces los métodos no están del todo ajustados. Uno de mis trabajos que le ha ido mejor es sobre la confianza: durante 30 años la gente ha dicho todo el mundo sufre de exceso de confianza y los experimentos en los que estaban basadas esas afirmaciones no estaban del todo bien desarrollados, porque con los datos que tenías perfectamente podían venir de un modelo racional.

—Estás trabajando en la teoría positiva de los impuestos a los ingresos más altos. ¿De qué se trata el estudio?

—Hay un "paper" muy famoso de Alberto Alesina y otro economista donde plantean una teoría sobre que a la gente le importa la justicia en la distribución (de la carga impositiva). Nosotros nos metemos en esa literatura y lo que descubrimos con unos experimentos que hicimos, es que muchas veces la tasa de impuestos en un país a la gente más rica depende de la imagen que tenga la población de los empresarios. Si piensan que los empresarios son gente productiva, que ayuda a otra gente, que dan empleo y mueven la economía, como en Estados Unidos —que la gente tiene una buena imagen del empresario—, ves que los impuestos son bajos. Y donde creen que los empresarios son malos o corruptos, o que llegaron donde están por contratos con el Estado en casos (de corrupción) como los de Odebrecht, en esos países hay desconfianza en los empresarios e impuestos altos.

—¿Qué experimentos hicieron para llegar a esa conclusión?

—Fue un experimento muy grande que incluyó como a 9.000 personas. Hicimos a la gente pensar en que los empresarios son buenos y cuánto impuesto querían para el 1% más rico, y en otras condiciones después le dijimos pero fíjate en todos estos casos de corruptos y le contamos historias sobre empresarios malos y ahí la gente realmente quiere poner más impuestos a la gente más rica. Suena como algo natural eso, pero otros experimentos que habían tratado de ver que la gente dijera "quiero ponerle impuestos a la gente más rica" no habían funcionado. Entonces la teoría positiva es que queremos tratar de explicar cómo se mueven los deseos de la gente sobre los impuestos que se deben fijar.

—¿Cómo ubicarías el caso de Uruguay dentro de esa teoría?

—No puedo opinar del nivel de impuestos en Uruguay comparados con la región porque no tengo todos los datos. Pero en Uruguay la gente tiene bastante desconfianza del empresariado y pocas veces escuché el argumento de si subís los impuestos estás jodiendo a gente que labura y da empleo. Entonces me parece que Uruguay cae derecho dentro del rango donde la gente desconfía de los empresarios y no tiene problemas en poner impuestos altos a la gente con más plata.

Problemas de la competencia en Uruguay

—¿Cómo es el nivel de competencia en Uruguay teniendo en cuenta que es un mercado pequeño?

—Ese es un tema relevante. Uruguay es un país chico y muchas veces los tamaños óptimos de las plantas son muy grandes para que haya más de una, entonces se da un problema. Porque es superimportante la competencia y me parece en nuestro país una forma de bajar precios. Para poder tener más competencia, si no vas a poder producir localmente todo porque no es eficiente, conviene abrirse más a la competencia (importando productos) y eso no pasa mucho. Ahora por ejemplo le sacaron el doble Imesi a algunas bebidas alcohólicas y tenés variedad de cerveza; cuando yo era chico tomabas una marca y nada más, pero ahora el 25% de la cerveza consumida en Uruguay es importada, hay variedad y precios razonables.

—¿Falta dotar de más potencia legal a la Comisión de Defensa de la Competencia?

—La parte de los papeles está muy bien diseñada. En teoría tenés la agencia que es independiente igual la Ursec o la Ursea (órganos reguladores de los servicios de comunicación, y de electricidad y agua), pero si la Ursec va a llamar a Antel por cada cosa que va a hacer para preguntarle, no sirve para mucho. Es una cuestión de poner personas técnicamente buenas e independientes, y que además el gobierno tiene que ponerse los pantalones y dejar que las cosas pasen. Hay muchos casos de ministros llamando a un técnico para decirle revertime esto.

—¿En el último espiral de inflación tuvieron algo que ver los temas de competencia? Porque el Ministerio de Economía encomendó estudiar la concentración en algunos mercados.

—Creo que ese encare estuvo mal, en el sentido que la competencia te afecta los niveles de precios, pero no la inflación, que es un fenómeno monetario. Si bajás la tasa de emisión tarde o temprano baja la inflación. Entonces si tenés un problema que no querés pasar de una inflación de 10% podés decir voy a meterme con las frutas y las verduras por ejemplo o con algunas áreas puntuales que me parecen son muy altos los precios, pero eso te va a bajar (la inflación) una vez pero si vos seguís emitiendo, los precios van a seguir subiendo. Me acuerdo de la noticia sobre ir a controlar la competencia y no tenía nada que ver.

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