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Profesionales jurídicos con un perfil innovador y abierto al mundo

La Facultad de Derecho de la Universidad Católica del Uruguay cuenta con un prestigioso plantel docente y un programa práctico e internacional, con énfasis en la interdisciplinariedad y la relación entre derecho y tecnología.

Facultad de Derecho Universidad Católica
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En las últimas décadas, el ejercicio del derecho cambió en forma significativa. Aquella imagen del abogado litigador evolucionó hacia un modelo más complejo, donde sus habilidades como asesor son tan importantes como su conocimiento de las leyes. Lo mismo ocurre con el escribano, su tarea ya no se limita a documentar los negocios jurídicos, sino que el mundo actual le exige un rol cada vez más activo. Formar esta clase de profesionales es el objetivo de la Facultad de Derecho de la Universidad Católica del Uruguay (UCU).

Inaugurada en 1990, se trata de la primera facultad de derecho privada del país. Entre carreras de grado y postgrado, cuenta con más de 300 estudiantes, que encuentran una formación que se distingue por su enfoque práctico e internacional, y un programa que se divide en diez semestres tanto para abogacía como notariado, con un tronco común durante los primeros tres años.

“Pensar en un profesional jurídico como alguien encerrado en su país o en sus leyes locales, es no comprender cabalmente como funciona la profesión. No tiene sentido formar a los estudiantes en base a cómo funcionaba el derecho hace veinte años, sino que tenemos que mirar el escenario en el que van a trabajar en el futuro”, explica el Dr. Mario Spangenberg, decano de la Facultad de Derecho de la UCU.

Como universidad jesuita, la UCU cuenta con convenios con más de trescientas instituciones alrededor del mundo y este año fue designada como sede de la Red Iberoamericana de Facultades y Escuelas de Derecho. Es una universidad donde existe un verdadero flujo de estudiantes de intercambio, profesores e investigadores extranjeros.

Esta inserción internacional facilita a los estudiantes distintas oportunidades en el exterior, desde intercambios estudiantiles hasta la participación en distintas competencias. Su currículo prevé materias en inglés y de introducción al sistema legal anglosajón, dictadas por profesores de Estados Unidos, y ofrece cursos de nivelación en el idioma para aquellos que lo necesiten.

Dr. Mario Spangenberg, decano de la Faculta de Derecho de la UCU.
Dr. Mario Spangenberg, decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Católica. 

El objetivo es que una vez culminado sus estudios, los graduados cuenten con las habilidades para continuar su formación o su actividad profesional tanto en Uruguay como en el extranjero. De hecho, un buen número de egresados trabaja en prestigiosos estudios jurídicos del exterior.

Uno de los pilares de esta facultad es su plantel docente, que reúne tanto a destacados profesionales de los principales estudios del país, así como renombrados integrantes del Poder Judicial. Una gran ventaja es que las clases no superan los 40 alumnos, lo que permite generar un vínculo estrecho con los profesores, que muchas veces continúa luego de egresados.

Educación en base a competencias

Este número reducido es clave para fomentar la participación activa y permanente. Spangenberg destaca la educación en base a competencias como un diferencial de la UCU. “El modelo tradicional, en el que el profesor hablaba durante una hora y el alumno únicamente sacaba apuntes ha mutado hacia una pedagogía más aggiornada, que pone el foco en formar y entrenar los conocimientos, habilidades y destrezas de los futuros abogados y escribanos”, sostiene.

A lo largo de la carrera, además de contenidos teóricos en derecho civil, comercial, constitucional, procesal o laboral, entre otros, los estudiantes aprenden también técnicas de litigación y mediación, analizan casos reales y simulan audiencias dentro y fuera de las aulas. Este año una clase incluso se trasladó hasta un Juzgado de Concursos, para simular una junta de acreedores ante un juez verdadero, especializado de la materia.

Las clases también se basan en un modelo del “aula invertida”. Mientras que en general los estudiantes están acostumbrados a estudiar en grupo y luego a trabajar en la clase en forma individual, aquí se busca que estos preparen en sus casas, pero luego en clase también trabajen en equipos para enfocarse en dinámicas reales.

Dr. Mario Spangenberg, decano de la Faculta de Derecho de la UCU.
El número de alumnos reducido es clave para fomentar la participación activa y permanente.

Tecnología e innovación

La revolución digital es un desafío para todas las áreas, y el derecho no es la excepción. Un abogado hoy, además de saber sobre leyes, negocios y administración, debe entender cómo funciona la inteligencia artificial, el manejo de datos personales, la tecnología blockchain y demás innovaciones que están cambiando al mundo.

Así, los estudiantes de la Facultad de Derecho, tienen informática jurídica y otras materias vinculadas a la tecnología, además de participar de instancias académicas convocadas especialmente para estos temas. Por ejemplo, este año se organizó una actividad con representantes de los cinco principales estudios jurídicos del país donde debatieron, frente a los estudiantes, acerca de los desafíos de la innovación tecnológica en la profesión jurídica, y también se brindó un curso, organizado conjuntamente con la Facultad de Ingeniería y Tecnologías, dirigido a abogados e ingenieros para aprender sobre la materia.

En este sentido, una de las grandes ventajas de la UCU es su dimensión de campus universitario, que les permite a los alumnos de Derecho estar en contacto permanente con estudiantes de otras de sus facultades.

“Es impensable que un profesional del derecho trabaje separado de otras áreas. Lo que pretendemos es que cuando nuestros abogados y escribanos egresen estén familiarizados con el lenguaje de empresarios, contadores, administradores de empresas e ingenieros, sin necesidad de la intervención de un tercero”, asegura el decano.

A lo que agrega: “apuntamos a una formación académica sólida, con un enfoque práctico y abierto al mundo, sin descuidar la transmisión de valores. Como dice la propia palabra, ser abogado es abogar por el otro, y tratamos de transmitirle a nuestros estudiantes la enorme responsabilidad que ello implica”.

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