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Siete claves que tenés que saber antes de emprender un negocio

Cinco especialistas del ámbito emprendedor de Uruguay brindan consejos para quienes buscan crear lanzar su propio negocio.

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Hay dos tipos de validación: la funcional y la comercial. Se recomienda llevar las dos a cabo. Foto: Pixabay

Emprender es un “camino arduo” y muchas veces no se habla de lo duro que es, sentenció Magdalena Giuria, directora de Ithaka, centro de emprendimientos e innovación de la Universidad Católica. Es por esto que el emprendedor tiene que averiguar por qué quiere hacerlo y estar seguro de ello para así poder apostar por el proyecto, aclaró Pablo Marroche, director ejecutivo de DESEM Jóvenes Emprendedores (fundación sin fines de lucro que promueve el desarrollo de los niños y jóvenes uruguayos).
Aunque no hay recetas mágicas para que un emprendimiento tenga éxito, los especialistas señalaron varios puntos en común.

Validar la idea. Hay dos tipos de validación: la funcional y la comercial. En la primera se experimenta y se evalúa si el producto o servicio puede llevarse a cabo. La comercial, por otra parte, sirve para saber si hay personas dispuestas a pagar por lo que se ofrece, explicó Sergio Delgado Coto, director ejecutivo de Fundación da Vinci (organización que promueve la cultura emprendedora y posee una incubadora). A la hora de proyectar una idea de negocio ya se debería definir cómo se la va a validar, agregó.

Saber cuándo lanzarse por primera vez al mercado puede ser complejo de determinar. Sobre esto, Giuria advierte que se debe salir rápido a “la cancha” porque, todos los minutos que no se está allí, se pueden estar perdiendo recursos en una idea que, tal vez, no sea viable. En la misma línea, aclara que el emprendedor no debe tener miedo a empezar y que, si el primer producto que valida no le da vergüenza, es porque esperó demasiado tiempo en salir al mercado.

Fracasar es inherente. Se debe entender al fracaso como parte del proceso, explicó Giuria. Es un hecho natural ya que nadie tiene la certeza de cómo va a funcionar un negocio, comentó Delgado Coto. Aunque a los emprendedores se los suele conocer por sus éxitos, si se analizan sus recorridos, suelen tener varios fracasos, comentó Marroche.

Marroche y María Messina, coordinadora de Emprenur (red de emprendimiento de la Universidad de la República), coinciden en que el miedo al fracaso es cultural y que, en el caso de Uruguay, está muy presente. Messina encuentra la raíz del problema en el sistema educativo: “desde que somos chicos nos enseñan lo que está bien y lo que está mal. Y, en los casos en los que se comete un error, hay una penalización. Si hace 20 años, por ejemplo, que se vive en este paradigma, es difícil ir contra de eso”.

Aunque son sucesos negativos y perjudiciales, “está en la persona ver qué hacer con lo pasó”, agregó Delgado Coto. A su vez, la existencia del ecosistema emprendedor es una gran ayuda para sobrellevar las situaciones de fracaso, puntualizó Marroche.

Desde lo económico, lo personal y lo profesional por separado. Separar las finanzas personales de las del negocio es uno de los consejos que brindó Giuria. A pesar de que admitió que es complejo, recomienda “tener la constancia de llevar las cuentas por separado”. A su vez, es recurrente que la persona sienta que está perdiendo todo su dinero en el emprendimiento y, por eso mismo, es aconsejable llevar un registro concreto de los números.

En cuanto al negocio en sí, el emprendedor tiene que buscar ayuda en todos los aspectos financieros antes del lanzamiento del proyecto, advierte el director de DESEM. “Al asesorarse la persona se puede ahorrar estrés y, a su vez, capitalizar la experiencia de otros. Se puede recurrir a otros emprendedores que estén en la misma etapa o que hayan pasado por lo mismo para ver cómo solucionaron determinados aspectos”, explicó. El especialista también sugirió acudir a estudios de contadores para pedir consejos.

Firmando un contrato. Foto: Shutterstock
“Un emprendimiento informal no es viable ni siquiera en el corto plazo”, comentó Anabela Aldaz, abogada y directora de OMEU. Foto: Shutterstock

No dejar el aspecto legal para el final. El aspecto legal a la hora de crear una empresa no puede ser dejado de lado. “El primer análisis que debería hacerse es el de verificar cuál legislación aplica al nuevo negocio”, explicó Anabela Aldaz, abogada y directora de OMEU (promueve el desarrollo y la iniciativa empresarial femenina). “Un emprendimiento en el rubro gastronómico, llevará asociado a la comercialización de los productos, aspectos de sanidad, bromatología, habilitación de espacios de producción y comercialización, rotulado, ingredientes permitidos, y una larga lista que, de no conocerse a tiempo, pueden impedir la comercialización”, ejemplificó. Además de que este tipo de investigación siempre se debe realizar, en los casos en los que se proyecte el negocio en el mercado exterior, se debe tener en cuenta que la normativa varía.

A su vez, “un emprendimiento informal no es viable ni siquiera en el corto plazo”, comentó Aldaz. Como los costos suelen ser importantes, es significativo que la persona conozca las distintas alternativas de tributación, agregó. La abogada encuentra en las pymes y el monotributo las opciones que, para una primera etapa, ofrecen mayor flexibilidad.

Compartir la idea. Es recurrente que el emprendedor no quiera contar la idea por miedo o porque se siente incomprendido, apuntó Marroche. Pero varios de los especialistas coincidieron en que el valor no está en el proyecto sino en su ejecución. Compartir el concepto del posible emprendimiento sirve para que crezca y para generar aún una mayor validación, explicó Messina.

Nunca se saben las consecuencias positivas que pueden tener una conversación casual con una vecina o un inversor. “Pueden surgir avances del proyecto donde uno menos se los espera”, agregó Giuria. Aunque sí existe la posibilidad de que alguien robe la idea que le compartieron, es difícil que esa persona la haga igual. “Eso sí, puede ser que esta persona la haga mejor ya que es un emprendedor superior”, dijo la coordinadora de Emprenur.

En este camino de sociabilizar las ideas, es condición casi fundamental que el emprendedor se deje aconsejar y sepa escuchar, afirmó Delgado Coto. La razón es muy sencilla: muchas veces la persona se hace “trampas al solitario”, sobre todo cuando está en la etapa de ideación. “En una planilla de Excel somos todos millonarios y en un Word cierra todo fantástico”, ejemplificó.

Empresarios reunidos en una oficina. Foto: Shutterstock
Diversidad es una de las características que se recomienda que tengan los equipos. Foto: Shutterstock

Es un estilo de vida. Hay muchas ideas erróneas que rodean la figura del emprendedor, según Marroche. Dos de ellas son creer que se trabaja menos de ocho horas y que “todo es divertido”. Sin embargo, sobre el empresario recaen muchas responsabilidades y, a su vez, tiene que ser más “generalista” al acaparar un mayor número de funciones dentro de la organización, agregó.

“Antes de comenzar, la persona debe saber que le va a dedicar mucho tiempo al emprendimiento”, advierte Messina. Es frecuente que los emprendedores tengan que mediar entre su trabajo convencional y el negocio. Ante esta situación, recomienda que uno de los socios pueda dedicarle su tiempo completo al proyecto mientras recibe apoyo económico de una familiar o un fondo.

Aunque no hay edad ideal para emprender, sí hay condiciones que favorecen el camino, según Messina. “A un joven, que no tiene la responsabilidad de mantener una familia, le es más fácil emprender ya que, en caso de no tener éxito, el costo no será tan alto”, ejemplificó.

No hacer el camino solo. Se debería dejar de hablar de “emprendedor” como una figura solitaria y abandonar la idea de que una persona sola puede acaparar todo, explicó Giuria. “Es frecuente que jóvenes quieran desarrollar una aplicación de celular pero no tienen conocimientos de programación”, comentó el director ejecutivo de DESEM. Este es un ejemplo de cómo a veces los equipos sí o sí tienen que buscar un socio u otra persona que los acompañe.

Aunque la directora de Ithaka aclara que no hay recetas para armar un equipo, cree que la base de una buena dinámica es tener buenas relaciones de confianza. “Uno no se casa con la primera persona que conoce y, mucho menos, toma esa decisión luego del primer minuto. Lo mismo sucede a la hora de elegir socios”, comentó.

Diversidad es otra de las características que se recomienda que tengan los equipos. Para Marroche se debe pensar qué aporta cada miembro del equipo y cómo se pueden dividir los roles. En la misma línea, Delgado Coto aconseja que haya un miembro especializado en lo técnico, otro en lo financiero y un tercero vinculado en lo comercial.

El aspecto legal del funcionamiento interno del negocio es uno de los aspectos que se deben tener en cuenta, explicó Aldaz. Cómo se toman las decisiones, la valuación de los aportes de cada socio, y la regularización de una posible salida de alguien del equipo y cómo se valuará o compensará su participación, son algunos de los que enumeró la especialista.

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