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El surf, un deporte en expansión que mueve US$ 400 millones anuales en Portugal

El país posee 950 kilómetros de costa, este deporte ha aumentado visiblemente y ha atraído a famosos de todo el mundo, como al futbolista brasilero Neymar

Olas en Nazaré
Nazaré. Es el principal destino surfista del país luso.  

"Junta las playas de Hawaii, México y Miami con esteroides y obtendrás Nazaré", declaraba el reconocido surfista estadounidense Garret Mcnamara en alusión al famoso balneario luso, uno de los estandartes del surf en Portugal, un deporte que llega a mover 400 millones anuales en el país.

Desde las olas tubulares de Peniche hasta las playas barridas por el viento en Viana do Castelo, la costa lusa se erige como referente internacional del surf gracias a sus "ondas" (olas), su buen clima y su accesibilidad.
En un país con 950 kilómetros de costa, este deporte ha aumentado visiblemente y ha atraído a famosos de todo el mundo, como el caso del futbolista brasilero Neymar, que el pasado año se plantó en Peniche para animar a su amigo Gabriel Medina en la "Meo Rip Pro Portugal".

El país ha sabido convertirse en referente gracias a grandes eventos internacionales como el campeonato europeo Eurosurf Adaptive o la competición de Nazaré, que busca la ola "más grande del mundo".

Con 2.000 surfistas federados y unos 750.000 aficionados estimados, Portugal prepara a su selección para el debut del surf en los juegos olímpicos de Tokio 2020.

Pero, precisamente esta proyección de país "promotor de surf internacional" se ha traducido en una proliferación de las escuelas, en ocasiones "sin una regularización suficiente", explica a EFE el coordinador técnico de la Asociación de Defensa del Consumidor DECO, Joao Oliveira.

DECO ha publicado un estudio en el que reclama una "mayor fiscalización" de este negocio "descontrolado".

Una situación que "se venía venir" y la que ya "habían alertado", apunta a EFE el presidente de la Federación Portuguesa de Surf, Joao Aranha.

El alquiler de una tabla oscila entre 5 y 20 euros/hora y una clase particular se establece, como media, en unos 55 euros.

En un intento de atajar el problema, está previsto que para 2021 se traspase la fiscalización a las autoridades locales, a pesar de que "no tienen experiencia y están más relacionadas con cobrar tasas", comenta Aranha.

Hasta el momento, las competencias relativas a la práctica del surf se reparten entre la Autoridad Marítima, la organización Turismo de Portugal -integrada en el ministerio de Economía y encargada de registrar las escuelas- y la Federación -acompañada por el Instituto de Deporte y Juventud - que remite certificaciones de calidad para las academias, aunque estas no son obligatorias.

Debido a ello, solo hay registradas en Portugal 300 escuelas de las 500 que se estima que existen, según denuncia el estudio de DECO. En ese marco surgen clases "con presencia virtual, pero inefectivas a nivel físico", detalla Oliveira, que reclama una licencia de Turismo de Portugal y el registro en la Federación de Surf para que una escuela sea considerada como tal.
Aranha espera también que las autorizaciones "sean obligatorias en un futuro".

En cuanto al número de alumnos por clase, la federación recomienda un máximo de seis por monitor -si son mayores de doce años- y cuatro si son menores. Para Oliveira, estos son requisitos "imprescindibles", aunque hay otros elementos para evaluar el servicio, como el precio.

Un aula de hasta dos horas se oferta, según la zona, entre 15 y 40 euros; el alquiler de una tabla oscila entre 5 y 20 euros/hora y una clase particular se establece, como media, en unos 55 euros.

DECO pide una "mayor uniformidad en el servicio" y alerta de que "el surf crece en Portugal pero la industria operante no es capaz de adaptarse a su ritmo de demanda".

Ajena a estos problemas, una nueva generación de surfistas lusos "se abre paso a nivel internacional", aduce el presidente de la FPS. De ellos, el más conocido es Frederico Morais, un portugués de 27 años considerado como uno de los cincuenta mejores deportistas de su disciplina a nivel mundial.
Siguiendo su estela, jóvenes de entre 14 y 16 años abarrotan las playas lusas con sus tablas.

¿Y los bañistas? "Siempre habrá olas para todos", concluye Aranha

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