FINANZAS DE BOLSILLO

Cómo acceder al dinero en la Bolsa: el mercado secundario

¿Qué significa, qué tan sencillo es hacerse de efectivo cuando se invierte allí?

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Foto: archivo El País

Todos los días y en forma casi invisible para el común de los uruguayos, se operan miles de dólares en el mercado secundario de valores, donde se negocian los instrumentos financieros luego de la adjudicación inicial. Los actores del sistema entienden que difundir sus características redundará en una ampliación del espectro de inversores que brinden sus ahorros para financiar emprendimientos y sumará un eficiente método de rentabilizar el dinero ocioso para los hogares. Las empresas y el propio Estado recurren al mercado de valores en busca de capital, ofreciendo a los inversores una ganancia o retorno a cambio del dinero aportado en forma de bonos, acciones o títulos de participación, entre otros instrumentos disponibles.

Pero, ¿qué es el mercado secundario? El mercado secundario comienza a funcionar desde el día después de realizada la emisión, proporcionando a quienes apostaron su capital en esos papeles dos aspectos claves: liquidez (la posibilidad de vender el título y acceder de forma instantánea al efectivo) y valuación (brinda una referencia o valor de mercado a los títulos).

El gerente de la Bolsa de Valores de Montevideo (BVM), Marcelo Oten, explica de forma didáctica el funcionamiento del mercado secundario: "Es un lugar donde hay gente que quiere ofrecer un producto financiero y otra que lo quiere comprar, lo comparamos con una góndola de un supermercado. Pero, aquí se hacen en forma electrónica transacciones de compraventa". Precisamente esa función de encuentro entre compradores y vendedores es el rol de las bolsas de valores.

Asimismo, la salud del mercado de capitales depende directamente del buen funcionamiento del mercado secundario, porque si este último no existiera, los inversores no se volcarían a comprar valores mobiliarios ya que no podrían venderlos en caso de requerir el dinero previo al vencimiento del instrumento.

"Una ventaja de estas inversiones es su rápida convertibilidad en efectivo y eso es algo que los clientes no siempre conocen", dijo a El País el socio y director de Gastón Bengochea & Cia. Corredor de Bolsa, Diego Rodríguez.

El operador del mercado de valores detalló que "hay activos financieros con más liquidez (son más fáciles de transformar rápidamente en efectivo) y otros con menos", eso depende del volumen de acciones adjudicadas por el emisor y de en cuántas manos estén. Esto es porque una emisión dirigida a un grupo reducido (por ejemplo las AFAP) tiene menos probabilidad de reventa dado que los estos adquieren el papel con la idea de retenerlo hasta su vencimiento, mientras que si existe una diversificación de tenedores minoristas "siempre habrá más dinamismo en el mercado secundario" porque alguno verá beneficioso venderlo.

Respecto a los rendimientos de los títulos, Rodríguez señaló que "no necesariamente" es menos beneficioso venderlo en el mercado secundario previo a su vencimiento, sino que dependiendo del contexto y la avidez de otros inversores por esos papeles puede resultar un mejor negocio. "Si lo lleváramos al mundo de los inmuebles, uno puede comprar una casa y venderla después a un precio mayor, y eso mismo puede ocurrir con los activos mobiliarios".

Oten aporta otra especificación acerca del valor de estos instrumentos: "Los precios inician el día con el valor de cierre del día anterior, y durante la jornada es la oferta y la demanda la que determina los nuevos precios". Asimismo, existen actores dentro del mercado secundario conocidos como "market maker" (creador de mercado) que constantemente ofertan y demandan títulos para brindar liquidez y referenciar los precios. Aunque el potencial de compraventa de las acciones o participaciones es infinito, obviamente los retornos y su valor limitan el proceso. "El rendimiento baja a medida que sube el precio", aclara Rodríguez, en el entendido que el costo que pagó el inversor para acceder a los dividendos que brinda ese papel es más alto.

Como ejemplo, los fideicomisos Arias y Pampa de UTE —que dan al inversor certificados de participación cuyo rendimiento está atado a la rentabilidad de un parque eólico, estimada en 10% anual— se vendieron la semana pasada en el mercado secundario a 117,5% y 130,5% respectivamente, representando el porcentaje por encima de 100 (sobre la par) la "ganancia" del tenedor.

La alta demanda por estos títulos lleva a que se eleve su precio y algunos inversores opten por venderlos. "Es una buena ganancia para alguien que adquirió los títulos en el mercado primario hace un año y medio" (al 100%), evaluó el corredor de Gastón Bengochea & Cia.

Desarrollo.

Oten indicó que en Uruguay hay un mercado secundario "que está desarrollado para los productos tradicionales y locales como los bonos (emitidos por el Ministerio de Economía) y las Letras de Regulación Monetaria (emitidas por el Banco Central)". Al tiempo que existe "un incipiente desarrollo de otros productos lanzados recientemente al mercado como las participaciones en fideicomisos o similares".

Rodríguez sostuvo que "existe un mercado secundario muy activo aunque no todos los títulos son igual de líquidos". Entre los que generan mayor avidez entre los inversores por su alta liquidez mencionó los bonos globales nominados en dólares y los proyectos de energía renovable de UTE —los dos parques mencionados y Valentines, donde la empresa estatal adjudicó acciones de la firma Areaflin, propietaria del parque eólico—.

Para potenciar más el mercado de valores, el gobierno anunció el año pasado un proyecto para simplificar la emisión de oferta pública reduciendo las exigencias, costos y documentación de los que emiten títulos.

¿Cómo fue que surgieron las bolsas de valores?

Debemos remontarnos al siglo XIV y trasladarnos a la ciudad de Brujas (Bélgica) para ubicar el comienzo de las bolsas de valores. En esa época los comerciantes se reunían para hacer negocios en un edificio propiedad de la familia noble Van Der Büerse, cuyo escudo de armas eran tres bolsas que estaban esculpidas en la fachada de la residencia. Así se acuñó el término y comenzaron a aparecer en otras ciudades belgas como Amberes y Gante nuevas "bolsas" donde comerciantes de distintas nacionalidades cotizaban sus objetos de valor. Pero el primer recinto bursátil de carácter formal fue la Bolsa de Valores de Ámsterdam, donde en 1602 la Compañía Holandesa de las Indias Orientales ofreció por primera vez participaciones en sus negocios para financiar su expansión comercial. Luego fueron surgiendo entre otras las bolsas de Londres, Nueva York, París y Madrid, que hoy en día concentran la actividad bursátil alrededor del mundo. En Uruguay, el primer antecedente es la Sociedad de Bolsa Montevideana en 1867 que posteriormente y tras varios cambios legales, diera origen en 1997 a la Bolsa de Valores y en 2004 a la actual Bolsa de Valores de Montevideo. A su vez, en 1993 fue constituida la Bolsa Electrónica de Valores (Bevsa) que comenzó a operar al año siguiente.

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