FINANZAS DE BOLSILLO

Consejos para actuar en tus finanzas en función de tu estado financiero

Un repaso por las características y las recomendaciones para personas en estado de dependencia financiera, de autosuficiencia y de independencia.

Finanzas cálculos
El comienzo de un nuevo año suele ser un momento oportuno para incorporar mejores hábitos financieros. Foto: Archivo.

Cada persona es un mundo, y lo mismo ocurre con sus finanzas personales. Por eso es que resulta tan difícil generalizar análisis y brindar consejos. Lo más conveniente es adaptar las recomendaciones a la realidad de cada individuo, sabiendo también que puede haber algunos puntos que sean inaplicables o no se adapten a la persona por diferentes motivos.

Buscando cumplir este cometido y acercar consejos precisos que puedan ayudar a mejorar la relación con el dinero y la salud de la economía doméstica, a continuación se distinguen tres estadios financieros que una persona puede atravesar y algunas acciones que son aconsejables.

Dependencia financiera

En esta situación la persona trabaja un mínimo de ocho horas por día, entre cinco y seis días por semana. Así y todo, los ingresos no alcanzan para llegar a fin mes. Si este es tu caso, no estás solo/a ya que hay una porción de la población que debe endeudarse para subsistir.

La dependencia financiera es doble: por un lado, se necesita contar con un ingreso activo que demanda, por lo general, muchas horas de trabajo; y, por el otro, el mal manejo de las finanzas personales deriva en la toma de deudas (préstamos personales, tarjeta de crédito, préstamos hipotecarios) que pueden terminar hundiendo al individuo en una especie de bola de nieve.

Lo primero que hay que hacer es superar la lógica del endeudamiento. Para ello, hay dos ejercicios: calcular tu ratio de liquidez personal y luego utilizar el Índice del Cash Flow para definir prioridades respecto a qué deuda te conviene cancelar primero.

¿Qué son el ratio de liquidez y el Índice de Cash Flow?

En finanzas, el término liquidez refiere a la cualidad que poseen ciertos activos para ser convertidos en dinero de manera inmediata sin que esa conversión derive en una pérdida significativa de su valor. ¿Cómo calculamos entonces nuestro ratio de liquidez personal? Sabiendo que la liquidez personal es igual a los activos líquidos —como dinero en efectivo, depósito en cuenta corriente o caja de ahorro, acciones de empresas que cotizan en la Bolsa, bonos y obligaciones negociables, cuotapartes de fondos de inversión, entre otros— dividido los pasivos a corto plazo —erogaciones que debemos afrontar en lo inmediato, como una hipoteca o alquiler, la cuota del colegio de los niños o la cuota por la compra de un auto—. Si el resultado fuera inferior a 2, se está ante una situación de iliquidez financiera personal que es necesario corregir para no sufrir consecuencias negativas en la economía doméstica. El grado de liquidez financiera personal determinará el efecto que tendrá en la economía doméstica la próxima situación de crisis que se enfrente, ya sea por cuestiones exógenas (crisis económica del país) o endógenas (despido laboral, aumento de las deudas personales).

El Índice de Cash Flow es un sistema desarrollado por Garrett Gunderson —autor de varios best sellers en Estados Unidos— que prioriza la precancelación de deudas en función del flujo de dinero que cada una de ellas le quita al deudor todos los meses. Esta idea contradice la creencia dominante de que conviene cancelar primero la deuda por la cual se paga un mayor interés nominal. Se trata del siguiente cálculo: monto de la deuda a pagar dividido pago mínimo mensual. Cuanto más bajo sea el resultado, más urgente será la precancelación de esa deuda.

Luego, es importante dejar de adquirir bienes en cuotas con la tarjeta de crédito.

Una posibilidad es dar de baja la tarjeta de crédito. Es aconsejable hacerlo siempre que se cumpla alguna de estas situaciones: la sensación que tener la tarjeta de crédito en la mano incita a gastar más o es más fácil tentarse con promociones y ofertas, o el sentimiento que la tarjeta permite mejorar el nivel de vida; si van varios meses realizando el pago mínimo o con la tarjeta en el límite de gasto.

El objetivo será pasar al estadio siguiente, que es la autosuficiencia financiera. Para ello, hay que tomar decisiones firmes para comenzar a sanar la economía doméstica.

Autosuficiencia financiera

Este estadio se logra cuando, si bien hay veces que es necesario trabajar “de sol a sol”, esto redunda en dinero suficiente para llegar a fin de mes y no hay deudas que saldar.

Un individuo es autosuficiente cuando tiene claro que endeudarte no soluciona ningún problema, sino que genera inconvenientes. Además, es necesario haber logrado incorporar hábitos financieros saludables que ayuden a mantenerse a flote en medio de una eventual crisis personal o del país.

En definitiva, es un estado del que se debe estar orgulloso/a. Sin embargo, vivir así, con lo justo, genera incertidumbre y angustias producto de no saber qué puede pasar si surge un imprevisto a nivel del trabajo. Tampoco hay certidumbre acerca de cómo se vivirá cuando llegue la jubilación.

Por ello es necesario comenzar a generar ingresos pasivos que se sumen a los ingresos activos, con la meta de ir reemplazándolos de a poco hasta cubrirlos por completo.

Los ingresos pasivos —aquellos que no requieren nuestra presencia para ser generados— son los liberadores de tiempo por excelencia. Permitirán al individuo alcanzar dos objetivos preciados por todo aquel que se encuentre en un estadio de autosuficiencia financiera: contar con más tiempo libre en el presente y preocuparse menos por el futuro al comenzar a generar una jubilación propia, más allá de la que corresponda por los aportes previsionales.

Mercados financieros. Foto: Pixabay
Una opción para comenzar a generar ingresos pasivos es apostar por los mercados financieros, comprando acciones u otros instrumentos. Foto: Archivo.

Un primer objetivo óptimo es fijarse como meta para 2020 generar ingresos pasivos equivalentes al 10% de los ingresos totales que se perciben. De esta manera, los ingresos pasarían de ser 100% fruto de trabajo activo a 90% activo y 10% pasivo.

Lo ideal es cada año incrementar en 10 puntos la proporción de ingresos pasivos sobre el total, a fin de tras una década llegar al siguiente estadio.

Independencia financiera

Algunos autores afirman que la independencia financiera llega una vez que los ingresos pasivos alcanzan el nivel de los gastos totales, mientras que otros sostienen que los ingresos pasivos deben al menos duplicar el nivel de los gastos para brindar seguridad a la persona.

Sin importar cuál de estas definiciones se tome, los afortunados que se encuentran en este estadio deben saber que no se trata del final del viaje financiero, sino prácticamente del comienzo. Todo lo previo es preparatorio y aquí empieza la carrera.

Aunque suene contradictorio, no siempre los ingresos pasivos son 100% pasivos. En menor o mayor medida, hay que dedicarles tiempo y trabajo.
Existen ingresos pasivos monitoreados (un negocio delegado, pero que debe ser controlado con cierta frecuencia), ingresos pasivos financieros (hay que entender la inversión y revisar el portafolio cada tanto para balancearlo) e ingresos pasivos propietarios (quienes poseen propiedades y las alquilan también deben dedicarle tiempo a interactuar con los inquilinos, enseñar los inmuebles, arreglarlos, etc.).

Los consejos pasan aquí por encauzar los ingresos pasivos hacia aquellas fuentes que insuman el menor tiempo posible, por diversificar esos ingresos para que provengan de al menos tres fuentes distintas de generación de dinero y por priorizar las inversiones en moneda dura, para que representen más de la mitad del capital.

La Pregunta del Finanzas de Bolsillo
¿Cuáles son las características físicas que tienen en común todas las tarjetas de crédito?
Foto: archivo El País

En el mercado uruguayo hay una gran variedad de tarjetas (de débito o de crédito) con distintas denominaciones comerciales y con diferentes funcionalidades. Dentro de cada una de ellas suele haber varias categorías (designadas generalmente, como “Clásica”, “Plata”, “Oro”, “Platinum” o con términos similares), en función de los servicios que ofrecen.

Como características físicas en común, todas las tarjetas son de plástico y tienen forma rectangular. Pueden ser de colores y diseños muy variados, pero deben cumplir ciertas normas. Por ejemplo, en el anverso de toda tarjeta debe figurar: nombre de la institución emisora en la parte superior; logos de marca y aceptación en la parte derecha; número de tarjeta; fecha de vigencia y nombre del titular.​​

Actualmente las instituciones emisoras de tarjetas, están incorporado en las mismas la tecnología de chip. Este nuevo elemento que se encuentra en el anverso del platico, posee elementos de mayor seguridad que la banda magnética.​

El reverso de la tarjeta tendrá una banda magnética que contiene grabados los datos de titular y caracteres alfanuméricos que hacen que los cajeros y terminales actúen de una forma determinada.

Fuente: Portal Usuario Financiero

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