Finanzas de bolsillo

¿Cómo y cuándo dialogar sobre finanzas con los hijos?

Empezar, es una tarea difícil para los padres: por eso hay que tener un plan.

Foto: Pixabay
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Cómo y cuándo hablar de temas financieros con los hijos es una de las preguntas que los padres habitualmente se hacen y según los expertos en la materia, es tan difícil como hablar de sexo.

En un Finanzas de Bolsillo anterior, se mencionó que el comienzo de la escuela (a los seis años), es el momento indicado para que los niños empiecen a manejar dinero.

Pero además de manejarlo, los niños y adolescentes deben empezar a tener conocimientos financieros, que se irán complejizando al crecer.

Los expertos en planificación financiera recomiendan como primer medida, tener un plan sobre qué se va a decir y además, estar dispuestos a escuchar y no solo hablar.

Según Jeff Savlov, fundador de Blum & Savlov, una consultoría sobre negocios familiares, “hablar de la economía familiar es como hablar de sexo con los hijos”.

Así que hay que enfrentarse a ese obstáculo y una buena forma de aproximarse, es hacerlo a través de historias de la familia. Ese tipo de historias “nos ayudan a transformarnos en las personas que somos”, dijo Donna Skeels Cygan, presidenta de la consultora Sage Future Financial.

“Es importante reconocer qué miembros de la familia tuvieron un impacto muy positivo en nuestra infancia”, agregó Skeels Cygan.

Un detalle no menor, es que este tipo de historias funcionan mejor cuando no están enfocadas solamente en anécdotas alegres o en casos exitosos.

Por ejemplo, si uno de los padres tuvo dificultades o algún tipo de inconveniente financiero en su infancia, es una buena aproximación para hablar con sus hijos.

Otro consejo es ser explícito en las lecciones. Así, cuando el adolescente se consigue un empleo de verano o una pasantía remunerada, para inculcar mejor el valor del ahorro se le puede decir que por cada peso que no gaste, se le contribuirá con otro peso.

Gracias a Internet, más tarde o más temprano tus hijos sabrán cuánto cuestan la casa, el auto y otras cuestiones y quizás también comparen esos bienes con los de sus amigos. Pero es tu decisión cuándo decirle a tus hijos lo que ganas, y puede pasar mucho tiempo antes de que ellos adquieran la madurez necesaria para entender lo que significa esa cifra.

Más allá de eso, se puede previamente empezar a hablar de gastos concretos, como cuánto sale cada ida al supermercado o la tarifa de electricidad.

Predicar con el ejemplo es otro de los consejos. Los hechos valen más que las palabras. De nada sirve hablar y hablar de ahorro, si después alguno de los padres al primer ingreso extra que tiene lo destina a comprar un electrodoméstico que no era básico o lo gasta todo en un viaje.

Cualquiera de estas charlas requiere de un propósito. Savlov hace un ejercicio con las familias. Consiste en alinear en una mesa 100 pedazos de caramelos largos. Después empieza a hablar sobre toda la gente en el mundo que posee más o menos que ellos. Al final, les pide que retiren tiras de caramelo para mostrar la posición de su familia en términos financieros.

“Invariablemente, dejan unos cinco o 10 pedazos” de esos caramelos sobre la mesa, explicó Savlov. Sin importar cuántos queden, el analista los saca hasta dejar solo uno, “después tomo unas tijeras y corto uno a la mitad y luego otra vez a la mitad y otra vez a la mitad. Al final solo es un puntito y les pregunto: ‘¿Qué les parece esto?’”, relató.

Esta dinámica funciona como una introducción natural a un diálogo sobre necesidades y deseos. A pesar de los beneficios de hablar de finanzas con los hijos, las personas suelen evitarlo.

El riesgo es que, en algún momento, los padres sienten que ya no pueden tener ese tipo de charla con sus hijos adultos.

Cuando el diálogo es al revés: de hijo a padre

En ocasiones se da lo inverso: los hijos deben empezar a hablar con sus padres cuando estos ya son mayores, sobre las necesidades que tienen de cuidado y apoyo, y quién se va a encargar de eso. Lo ideal es concentrarse en una serie de comportamientos de planificación, como asegurarse de que los documentos y contraseñas relativos a la salud y las finanzas estén ordenados, y hablar sobre quién se encargará de sus asuntos, aconsejó Ronald Long, jefe de gestiones regulatorias e iniciativas para clientes mayores en el Wells Fargo Advisors.

Manejo.

Un momento clave es cuándo y cómo el niño empieza a manejar dinero, tema tratado en un Finanzas de Bolsillo previo. El magister en educación y psicólogo, Roberto Balaguer dijo en esa oportunidad que “hay dos niveles, uno interno de tener su propia billetera, monedero o lo que sea en la casa y otro nivel que es manejar el dinero como para salir y andar con él. Eso es un paso posterior”.

Los niños “necesitan dinero cuando no están papá y mamá cerca. Es una cuestión de autonomía que aparece cuando van al colegio o empiezan a moverse solos”, coincidió la magister en educación, Diana Capomagi.

Sobre la cantidad de dinero que los niños llevan a la escuela, los especialistas, ante todo, hablan de sentido común. “Es dinero para comprar una bebida y algo para comer, nada más”, indicó Capomagi.

Precisamente, “el cuidado que hay que tener es que niños pequeños no anden con billetes grandes porque no tienen la noción y se los termina exponiendo a una situación de riesgo, de que sean estafados”, complementó Balaguer.

Pero si bien pueden empezar a manejar dinero a los seis, siete años, aún no son tan consciente como para los conceptos de ahorro, deuda y otros.

Sobre el final de la escuela, llegará la noción más acabada de ahorro. Es cuando desarrollan la capacidad de especulación. “Allí se empieza a visualizar el ahorro como factor de progreso. Especulan que es mejor juntar las moneditas que van recibiendo para luego comprarse algo más importante”, señala el economista argentino Martín Krause en su libro “La economía explicada a mis hijos”.

“Si es cierto que no hay plata, está bien decirlo. Pero el problema aparece cuando se usa esa muletilla en lugar de decirle: No, porque no corresponde. La autoridad deja de ser el padre y pasa a ser el dinero”, explicó la integrante de la Asociación Psicoanalítica Argentina, Eva Rotenberg.

Tampoco sirve el “premio y castigo” con dinero. “Darle plata a un hijo porque se portó bien no da buenos resultados. Tampoco restringírsela porque se portó mal. Así, el chico aprende que debe portarse bien por respeto al dinero y no a los padres”, indicó Rotenberg. 

Una cuenta bancaria para un adolescente

Por ley, el único autorizado a abrir cajas de ahorro a adolescentes de entre 14 y 17 años es el Banco República (BROU). La institución tiene el producto “X mi cuenta” . La cuenta es en pesos, sin mínimo de apertura y sin costos fijos por administración o bajo promedio. Puede gestionarla por Internet, aplicación móvil, terminales o cajeros automáticos. Tiene asociada una tarjeta de débito RedBROU. l manejo de dinero sin efectivo (mediante tarjetas, pagos vía web o celular) es una dificultad adicional para que los niños entiendan el valor del mismo. “Es más complicado porque no es tangible. También le pasa a los adultos, el gasto con tarjeta de crédito es mayor al efectivo”, dijo el psicólogo Roberto Balaguer.

La pregunta: ¿Por qué y para qué hacer un presupuesto familiar?

La respuesta: “Es imprescindible para planificar el día a día”

El presupuesto es la herramienta imprescindible para planificar el día a día y el futuro. Saber cuáles son los ingresos y gastos mensuales permitirá realizar una planificación financiera para que el dinero rinda más. Todos tenemos planes de futuro que incluyen desde la compra de una casa, un auto, viajar, jubilarse y vivir cómodamente, etc. Llegar a cumplir esas metas se hará más fácil si aprendemos a hacer un presupuesto y ajustarnos a él. Es común ver que esas metas de largo y mediano plazo, resultan cada vez más difíciles de lograr porque el dinero “se va” en gastos diarios. Esto no solo se da en familias de bajos recursos sino también en familias que disponen de buenos ingresos.

Por eso, un presupuesto permitirá: saber en qué se va el dinero, priorizar los gastos y adecuarlos a su ingreso, reducir o eliminar deudas, destinar cierta parte de su ingreso para el ahorro, crear un fondo para emergencias, planificar metas a largo plazo y llevar un control y seguimiento de gastos, evitando las desviaciones.

Al realizar un presupuesto aparecen tres conceptos básicos que determinar: los ingresos, los egresos y un monto destinado al ahorro. Por eso, es un instrumento muy importante para empezar a ahorrar. [EN BASE AL PORTAL USUARIO FINANCIERO DEL BANCO CENTRAL]

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