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El efecto de Argentina que pegará en Uruguay

Si bien todavía falta mucho para las vacaciones de verano, la caída en el nivel de ingresos en dólares que ocurrió en la vecina Argentina hace pensar que tendremos una temporada con menos gastos de extranjeros que en el año pasado.

El preferido: durante enero la mayoría de turistas eligió Punta del Este. Foto: D. Borrelli
Foto: D. Borrelli

Esto motivó una serie de medidas de parte del gobierno y genera la interrogante sobre qué es lo que se puede esperar.

La temporada turística tiene un gran impacto en el nivel de actividad económica. Hay sectores como la hotelería y los alquileres de vivienda que sufren directamente cuando el ingreso de turistas se resiente. Pero también es muy importante en el caso de los restaurantes y en el comercio, en particular los supermercados, que tienen en la temporada sus momentos más altos de ventas.

El primer trimestre del 2018 registró un ingreso de poco más de un millón y medio de turistas. El predominio fue argentino (1.160.495) y si se suma a los uruguayos residentes en el exterior que mayoritariamente provienen de Argentina (89.096) se tiene que más del 80% de los turistas en dicho período tenía una base económica en la vecina orilla. En total, esos turistas gastaron US$ 875 millones con una estadía promedio cercana a la semana.

Para entender cómo la situación económica en el vecino país afecta los flujos turísticos que recibe Uruguay, se pueden analizar los flujos a lo largo de las dos últimas décadas. Desde mediados de la década de los 90 y hasta que estallara la crisis en Argentina en el 2001, nuestro país recibía en los primeros trimestres una cantidad de visitantes (argentinos y uruguayos) que estaba en el orden de los 800.000 cada año.

Cabe recordar que previo a la crisis regía en Argentina la convertibilidad y los ingresos en dólares en ese país eran relativamente altos. Este es un dato importante, ya que el gasto en vacaciones está estrechamente asociado al nivel de ingreso. Si a su vez, ese ingreso medido en dólares es alto, una parte importante de ese gasto se hace en el exterior. En tal sentido y siempre y cuando el bolsillo lo permita, para el ciudadano argentino veranear en Uruguay es un deseo muy arraigado.

La caída en el verano del 2002 fue impactante: de 873.000 a 446.000 visitantes. Este bajo número de visitantes duró un año para luego recuperarse en los dos siguientes hasta un nivel de 600.000. Pero inmediatamente se volvió a caer coincidiendo con el período de bloqueo del puente Fray Bentos Puerto Unzué (2006 a 2010). En esas cinco temporadas, además de las variables económicas, el bloqueo generó una contracción en la cantidad de visitas. Los puentes permiten un flujo importante de ingresos en cada temporada y el impacto negativo sobre nuestra economía se hizo sentir.

Una vez resuelto el conflicto se recupera el flujo de gente que ingresa al país desde Argentina y se recompone el número de turistas. De todas formas no se logra consolidar un nivel de 800.000 en el trimestre.

El gran cambio ocurre en el verano de 2017 con un salto a 1.100.000 turistas que volvió a ser superado el verano pasado con los 1.250.000 ya mencionados.

La cantidad de gente no es la única variable que importa. Hay que considerar la cantidad de días que están en promedio y el gasto que tienen por día por persona. Es en esta combinación donde el Producto Interno Bruto (PIB) per cápita y medido en dólares parece ser la variable más relevante.

Hay que considerar que el indicador del nivel de actividad económica argentina marca que hasta el primer trimestre del 2018 había un ritmo de crecimiento del 3,6% en relación al mismo período del año anterior. En el segundo trimestre se produce un cambio abrupto y pasa a tener una tasa negativa de 4.2%. Se estima que en el año la contracción supere el punto porcentual en comparación con 2017.

Pero para el turismo importa el PIB en dólares y por lo tanto la evolución del tipo de cambio en relación a la inflación. Pensando que esta última se ubica en el 30% para el año (primer trimestre de 2019 contra primer trimestre de 2018) y que el tipo de cambio en los próximos seis meses sube un 10% se tendrá una devaluación del orden del 65%, con lo que la caída de ingresos en dólares superará el 30% para la próxima temporada.

Es un impacto significativo y que podría llegar a reducir el ingreso de turistas nuevamente por debajo de los 800.000 en el trimestre.

Al turismo lo tendemos a analizar por el número y gasto de visitantes extranjeros. El monto de divisas que genera al país lo convierten en una de las principales actividades exportadoras. Junto a la carne, la celulosa y la soja son las principales generadoras de ingresos con más de US$ 1.000 millones anuales.

Pero también hay que mirarlo desde el punto de vista del gasto doméstico. El turismo interno no genera divisas, pero mueve el consumo contribuyendo a un mayor nivel de actividad de las mismas ramas que atienden a los visitantes extranjeros.

Y así como prevemos un descenso en el turismo receptivo, lo hacemos extensivo al doméstico. Las razones están vinculadas a la evolución de las variables internas. El menor número de empleos que muestra la economía y las expectativas de escaso dinamismo en el mercado laboral a futuro están impactando en la confianza del consumidor, que desde hace más de un año se ubica en niveles de moderado pesimismo. Eso impacta en sus decisiones de gasto, siendo el vacacionar uno de ellos.

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