AFECTARÁ A TODA LA REGIÓN

Efecto en gasto en salud del envejecimiento poblacional

Un informe del BID analiza lo que puede pasar a futuro con este rubro

Ancianos
Según BID "habrá más presiones sobre erogaciones de sector público". Foto: archivo El País.

El envejecimiento de la población que “caracterizará la evolución demográfica de los países latinoamericanos en las próximas décadas es probable que vaya acompañado de presiones para incrementar el gasto público en salud. Todo indica que el gasto en salud en países desarrollados y emergentes está creciendo significativamente más rápido que sus economías, poniendo en duda la sostenibilidad del gasto público en salud y por ende la posibilidad de brindar servicios sanitarios de calidad a toda la población”, señaló un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) titulado “Consecuencias fiscales del envejecimiento poblacional” y realizado por Mónica Panadeiros y Carola Pessino.

“Asociado a este fenómeno se encuentra el creciente peso de las enfermedades crónicas (más costosas de tratar) y otros factores -como el crecimiento del ingreso, la incorporación de avances tecnológicos y la expansión de la cobertura (con miras a tender a la cobertura universal)- que llevan a presumir que habrá mayores presiones sobre las erogaciones del sector público en esta área”, añadió el organismo.

En los últimos 20 años, “el gasto en salud financiado por el sector público y la seguridad social ha mostrado una tendencia creciente para el conjunto de 10 países de América Latina” analizados en el informe. “Solo Colombia no ha registrado un incremento, mientras que, por el contrario, El Salvador, Honduras, México y Uruguay registraron la expansión proporcionalmente más importante en las dos décadas consideradas”, aseguró el estudio.

El gasto en salud en Uruguay pasó de 3,08% del Producto Interno Bruto (PIB) en el promedio del período 1990-1995 a 5,81% del Producto en el promedio de 2010-2014. Solamente considerando 2014, el gasto público y de la seguridad social en salud alcanzó a 6,11% del PIB, mientras que el gasto privado en salud fue de 2,47% del PIB. En total, el gasto en salud fue de 8,58% del PIB en 2014.

“Costa Rica, Argentina y Uruguay se destacan por ser los países en los que el gasto público y de la seguridad social alcanzan los niveles relativos más elevados y además constituyen tres de los cuatro casos con mayor gasto total en salud”, dijo el BID.

En promedio en la región “solo cerca del 35% del incremento registrado en la relación gasto/PIB del período 1995-2014 sería atribuible a factores demográficos. Uruguay, Argentina, Honduras y El Salvador son los países en los que el peso del factor residual resulta más significativo, con un 93%, 84%, 82% y 78%, respectivamente”, expresó. Es decir, en Uruguay apenas 7% del aumento del gasto se debió a factores demográficos.

“A pesar del aumento del gasto en salud por motivos que exceden lo puramente demográfico, y de la creciente importancia del sector público y de la seguridad social en su financiamiento, los países de la región se ubican, en general, por debajo de los registros correspondientes a los países avanzados” donde además, “la participación del gasto privado en ese total es más reducida” que en América Latina, indicó el BID.

“Si bien en parte las diferencias entre ambos grupos de países pueden explicarse por factores demográficos, dado que la pirámide poblacional muestra un peso más importante de las cohortes más jóvenes en la región latinoamericana que en los países europeos, el costo médico per cápita -expresado en términos de los respectivos PIB per cápita- también presenta diferencias”, añadió.

¿Qué hacer ante este desafío?

Si bien el envejecimiento poblacional introduce una presión sobre el gasto en salud a largo plazo, la mayor preocupación de la política fiscal en esta área debería centrarse en controlar la expansión del gasto que se origina en factores no demográficos: el incremento de esta naturaleza puede ser tanto o más importante. La solución de aumentar la importancia del sector privado en el financiamiento de la salud, como se puede plantear en muchos países europeos, no parece razonable en la mayor parte de la región, debido a la elevada incidencia que este ya tiene. Donde seguramente existe un espacio considerable de acción es en mejorar la asignación del gasto y optimizar la eficiencia productiva de las unidades prestadoras”, sostuvo el BID.

¿Qué esperar?

Las autoras trazaron tres escenarios para ver cuál puede ser el incremento del gasto en salud en 50 años.

En el “Escenario I: Envejecimiento poblacional puro”, que es “considerado de algún modo el escenario base”, solo se “contempla el impacto del envejecimiento poblacional, lo cual supone que el perfil del gasto per cápita por edad no se altera en el período de proyección y que estos costos evolucionan en línea con el PIB per cápita”, explicaron. Así, el gasto público y de la seguridad social en salud de Uruguay pasa de 6,12% del PIB en 2015 a 6,80% del PIB en 2065.

“El incremento del gasto en salud se modera si, contrariamente al ejercicio previo, se supone que las ganancias en expectativa de vida que se proyectan para los próximos 50 años se transitan en buen estado de salud”, expresó en el informe. En esa hipótesis, el gasto público y de la seguridad social en salud en Uruguay pasa de 6,12% del PIB a 6,52%.

El “Escenario II: Efecto ingreso” trata de “captar el posible efecto de cambios en el ingreso nacional sobre el gasto público y de la seguridad social en salud, reflejando de algún modo la presión social para mejorar la calidad y cobertura de la atención médica a medida que los países crecen”, se indicó. En este, el gasto en Uruguay pasa de 6,12% del Producto en 2015 a 8,43% del PIB en 2065. Pero, “el gasto se modera en la hipótesis de que las ganancias en expectativa de vida transcurren en términos saludables” (pasa de 6,12% a 8,09% del PIB).

El “Escenario III: Convergencia” explicó que “una presión alternativa sobre el sistema de salud puede pensarse en términos de que en los países en desarrollo la sociedad demande ir cerrando la brecha relativa en la cobertura y calidad de las prestaciones respecto de los países desarrollados”. Aquí el gasto en este rubro en Uruguay pasa de 6,12% a 8,37% del PIB y “si se adopta la hipótesis de vida saludable para la ganancia en expectativa de vida” el gasto pasa de 6,12% a 7,68% del PIB.

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