FINANZAS DE BOLSILLO

Los hábitos financieros y el método de los sobres y las recompensas

Consejos para poder desterrar comportamientos nocivos en nuestras finanzas. El primer paso consiste en definir qué son los hábitos y cómo influyen en nuestra cotidianeidad.

Cambiar hábitos lleva tiempo y esfuerzo, pero en el manejo de las finanzas personales es un aspecto clave para no tener problemas con el dinero. Foto: Archivo
Cambiar hábitos lleva tiempo y esfuerzo, pero en el manejo de las finanzas personales es un aspecto clave para no tener problemas con el dinero. Foto: Archivo

Nuestros hábitos y conductas explican en gran medida nuestra realidad. Eso lo sabemos todos. Sin embargo, que esta verdad sea de perogrullo no implica que en el mundo de las Finanzas de Bolsillo actuemos como si nada pudiéramos hacer para mejorar nuestra situación económica y optemos casi siempre por echarle la culpa a los demás en lugar de apelar a la autocrítica e incorporar hábitos financieros más saludables.

El primer paso consiste en definir qué son los hábitos y cómo influyen en nuestra cotidianeidad.

Qué son los hábitos.

En una investigación publicada años atrás por Duke University se demostró que más del 40% de las acciones de una persona promedio responde a hábitos antes que a decisiones conscientes. Esto sucede porque los hábitos actúan como huellas duraderas en circuitos específicos del cerebro que suelen resistir nuestros intentos por cambiarlos.

Los hábitos esconden decisiones que tomamos de manera deliberada en algún momento, pero que luego abandonamos a la costumbre. Dejamos de poner atención en las razones detrás de esas conductas y simplemente las repetimos. Alguna vez decidimos tomar un camino con el auto para volver del trabajo. Luego, automatizamos el comportamiento y el camino deja de ser una opción para convertirse en una suerte de autoimposición no deliberada.

Algo similar ocurre en el campo de las finanzas personales. El problema es que el camino elegido entonces pudo no haber sido el mejor o pudo haber funcionado en un momento determinado, pero la realidad cambiante requiere que lo modifiquemos antes de que sea demasiado tarde. Mientras tanto, nuestros bolsillos sufrirán el empedrado y el auto, la moto o la bicicleta se irán destartalando.

El método de los sobres y las recompensas.

Decidimos cambiar el celular, comprar esa camisa que tanto nos gusta o almorzar en un restaurante con mesas al aire libre. A la hora de la verdad, respondemos afirmativamente cuando nos preguntan si queremos pagar en cómodas cuotas y extraemos de nuestra billetera la tarjeta de crédito.

El hábito de abonar en cuotas implica disociar el momento del disfrute del momento del pago. Una vez que esa sensación placentera se arraiga en nuestro cerebro nos puede arrastrar fácilmente hacia un tendal de deudas que nos depositará directamente en el ex Clearing de Informe.

En su libro “El poder de los hábitos”, Charles Duhigg detalla cómo emergen los hábitos y cómo pueden ser modificados. Básicamente, el proceso consta de tres momentos: señal, rutina y recompensa. El autor los analiza y da un paso más al plantear su regla de oro: sostiene que la mejor forma de romper un hábito es modificando la rutina que lo sostiene, manteniendo constantes la señal y la recompensa.

En el caso de aquellos fanáticos a apelar en forma constante al pago en cuotas con la tarjeta de crédito, la señal es el momento en que nos dicen cuánto hay que abonar, la rutina se vincula con la acción de pedir o aceptar el pago en cuotas y extraer la tarjeta de crédito de la billetera, mientras que la recompensa refiere al placer que se siente por no tener que pagar en el presente el producto que estamos adquiriendo o el servicio que estamos consumiendo.

Hombre paga con tarjeta de crédito. Foto: Shutterstock
Hombre paga con tarjeta de crédito. Foto: Shutterstock

Una posible solución para los abonados a las cuotas consistiría en planificar los gastos con al menos una semana de antelación y separar el dinero correspondiente en un sobre. Luego, al momento de abonar, en lugar de esgrimir la billetera como si fuera una espada, tomar el sobre y extraer el dinero separado oportunamente, de manera tal que podamos disfrutar el consumo con la recompensa de saber que ya contábamos con el dinero requerido para la ocasión.

El método de los sobres puede parecer naif, pero lo cierto es que resulta muy efectivo: una vez que el consumo se planifica y el dinero es extraído de nuestro fondo para gastos, la sensación que predomina es que el dinero ya se fue al sobre y que solo falta su recompensa: el consumo que realizaremos con fondos genuinos.

En tiempos de tarjetas y aplicaciones en el celular para pagar, el aspecto visual de tener el efectivo separado en sobres permite ver y sentir a dónde va el dinero.

Conclusión.

Hemos presentado un ejemplo sencillo de alguien con adicción a las cuotas que puede quebrar esa conducta perniciosa para sus finanzas personales con un cambio muy simple que impacta directa y positivamente en su circuito mental.

Sin embargo, debemos advertir que en la realidad este tipo de cambios no abundan y quienes esperan que, por arte de magia, sus vidas cambien para mejor y rápidamente, suelen terminar mal.

Un estudio encabezado por Jane Wardle para la University College de Londres y publicado en el European Journal of Social Psychologyafirma afirma que necesitamos 66 días para convertir un objetivo o actividad en algo automático. En todo el período previo deberemos apelar constantemente a nuestra fuerza de voluntad.

Por lo tanto, es probable que necesitemos poco más de dos meses de esfuerzo para reemplazar un hábito como el de la compra en cuotas por el método de los sobres.

Lo bueno es que, una vez incorporados a nuestras vidas, los sobres pasarán a formar parte de la rutina y nuestro bolsillo se sentirá mucho más aliviado. La Regla de Oro (ver aparte) habrá sido aplicada y el fantasma del Clearing quedará en el pasado.

¿Solemos gastar de manera compulsiva? ¿Nos endeudamos cada vez que tenemos oportunidad de hacerlo y después no sabemos cómo hacer para pagar las cuotas? ¿O, por el contrario, nos sentimos muy apegados al dinero y nos cuesta gastar para disfrutar más de la vida cuando tenemos los recursos para hacerlo? Estas y muchas otras relaciones patológicas con el dinero responden a un conjunto de malos hábitos que pueden ser modificados. (En base a LA Nación (GDA))

¿Cuál es la regla de oro de los hábitos?

Una de las razones por las que resulta tan difícil reemplazar un hábito por otro es que no basta con proponer un esquema distinto de señal, rutina y recompensa: debe existir, además, ansiedad por recibir la recompensa para convertir en hábito un comportamiento distinto. La Regla de Oro sostiene que para transformar un mal hábito en un buen hábito es necesario mantener la vieja señal disparadora y la recompensa, pero incorporando una nueva automatización en el medio.

Pensemos por ejemplo en una persona que, a pesar de sentirse poseedora de un ingreso que le posibilita ahorrar todos los meses, no puede hacerlo y eso la frustra. Interrogada acerca de qué hace apenas percibe su salario, responde que suele comprarse ropa y comer en su parrilla preferida. El disparador (señal) es el cobro del salario. La persona responde con una rutina nociva que consiste en gastar parte del dinero en indumentaria que seguramente no necesita y también hay una recompensa: el asado que tanto le gusta. Entonces, la Regla de Oro supone incorporar una automatización entre que la persona cobra el sueldo (señal) y finalmente pide una mesa en la parrilla de siempre (recompensa). Esa rutina puede ser obligarse a caminar antes y así evitar la rutina de ir a comprar ropa.

¿Cómo reducir gastos y poder ahorrar?
La clave está en revisar los gastos variables
inversión

No es sencillo de realizar ya que siempre es más fácil pensar en nuevos gastos que en nuevos recortes de gastos…De todas formas, como muchas veces no hay otra opción, lo importante es tener claro cuáles son nuestros gastos ineludibles y cuáles de ellos se pueden suprimir o modificar.

Para empezar hay que distinguir entre gastos fijos y gastos variables.

Los gastos fijos tienen presencia previsible y relativamente constante en el presupuesto. Algunos pueden modificarse con la conducta de la familia (tarifas de UTE, Antel, etc.) y otros no (alquiler, contribución inmobiliaria, cuota de un préstamo, etc.). Los primeros son gastos fijos modificables y los segundos gastos fijos no modificables. En su gran mayoría se caracterizan por llegar al hogar en forma de tarifas o estados de cuenta.

Los gastos variables varían de un período a otro y siempre se pueden modificar voluntariamente.. Algunos tienen presencia todos los meses en el presupuesto, como los de alimentación, transporte, vestimenta, salidas a comer afuera, y otros son extraordinarios, como la reparación de un electrodoméstico, el festejo de un cumpleaños.

Ya sea que deba manejarse con menos ingresos, o simplemente, que quiera administrar mejor su presupuesto, es decir ahorrar, cuando hay que recortar, normalmente es más fácil empezar con los gastos variables.

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