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La solución “a la uruguaya” para invertir el ahorro de los trabajadores en la economía real

Los afiliados de República AFAP son dueños de hectáreas de campo, bosques forestados, viviendas y proyectos de infraestructura, mediante inversiones que suman millones de dólares.

República AFAP
Los analistas de República AFAP monitorean los indicadores financieros locales e internacionales buscando buenas inversiones. Foto: Leonardo Mainé.

En República AFAP, un equipo de nueve analistas sigue tanto los indicadores del mercado local como internacional, buscando las inversiones adecuadas para rentabilizar el ahorro de los trabajadores y asegurarles una mejor jubilación en el futuro. Ese trabajo incluye buscar proyectos atractivos en la economía real, superando el desafío de que Uruguay cuenta con un mercado de valores pequeño y con poca oferta.

Así fue que las AFAP tomaron como una oportunidad tanto la ley de fideicomisos de 2003 como la ley de Participación Público-Privada (PPP) de 2011 para canalizar el dinero de sus afiliados e impulsar la economía, invirtiendo en negocios y proyectos de infraestructura, muchos con foco en el interior del país. Hoy día el sistema de AFAP tiene comprometidos más de US$ 2.700 millones en el sector productivo.

Los asociados a República AFAP —la que cuenta con más afiliados del sistema—, son dueños de 38.000 hectáreas de campos que se arriendan, 53.000 hectáreas de bosques forestados, 1.300 metros cuadrados (m2) de centros comerciales y 76.000 de viviendas y oficinas.

Estos números derriban el mito de que las AFAP concentran sus inversiones en bonos públicos, ya que apuestan por proyectos de la economía real y también apoyan la construcción de la infraestructura necesaria para el futuro del Uruguay.

Gráfico inversiones República AFAP

El gerente de Inversiones de República AFAP, el economista Martín Larzabal, explicó que “no es común que los fondos de pensión en la región financien o adquieran proyectos” como lo hacen en Uruguay.

“Una década atrás era distinta la alocación de las inversiones, pero porque era diferente también el menú de activos en el mercado”, comentó.

Haciendo un repaso histórico, detalló que tras un boom a finales del siglo pasado de la oferta pública de obligaciones negociables de empresas nacionales, el mercado decayó por los problemas económicos primero en la región y luego en el país.

“Lo que marcó un hito fue en noviembre de 2003 la aprobación de la ley de fideicomisos. Entre 2004 y 2010 hubo un crecimiento de fideicomisos financieros que emiten títulos de deuda y empiezan a cubrir la falta de obligaciones negociables”, detalló. De esta forma, surgieron emisiones de UTE, las intendencias, el fondo lechero y los fideicomisos del transporte y la salud entre otros.

Hubo que esperar hasta 2011 para llegar a la primera emisión de certificados de participación de fideicomisos financieros que, según Larzabal, “tienen la particularidad de ser como una acción de un proyecto”.
Es decir que quien invierte “es dueño del proyecto y le van a distribuir” las ganancias que tenga el emprendimiento, pero “no hay un compromiso de devolver un monto fijo de capital a un determinado vencimiento”, como ocurre con los instrumentos antes mencionados.

Martín Larzabal
Martín Larzabal, gerente de Inversiones de República AFAP, contó como ha ido variando con los años la cartera de proyectos.

El gerente de Inversiones de República AFAP subrayó que esto fue “un cambio importante en nuestro mercado de capitales” y permitió a las administradoras de fondos previsionales diversificar las inversiones del dinero ahorrado por los trabajadores.

Bosques del Uruguay fue el primer proyecto forestal que se lanzó en 2011 y hoy son seis los fideicomisos activos en este sector, sumando las AFAP inversiones por “más de US$ 700 millones en tierras con árboles o para forestar”.

Otros US$ 350 millones fueron invertidos a través de fideicomisos en “la compra de tierras para darlas en arrendamiento y que sean explotadas a cambio del pago de un porcentaje de la producción o de una renta fija”.

Además, las AFAP también incursionaron “en fideicomisos de desarrollo inmobiliario”, en proyectos que suman unos US$ 150 millones.

Esa ampliación del menú de inversiones fue aún mayor cuando comenzaron a lanzarse los certificados de participación para financiar proyectos público-privados. “Había mucha expectativa sobre quién iba a financiar las PPP y las AFAP de cierto modo nos habíamos preparado para eso, al realizar previamente el financiamiento de distintos proyectos”, señaló Larzabal.

Larzabal destacó que el avance de las inversiones en el sector privado de las AFAP pudo lograrse por la flexibilidad que mostró el Banco Central, regulador del sistema.

Entonces, aprovecharon la expertise acumulada para ser las principales compradoras de los títulos que se emitieron para financiar los consorcios que ganaron las licitaciones para las obras por PPP.

“Primero fue el bono proyecto para la cárcel de Punta de Rieles, después salieron los fondos de infraestructura CAF 1 y 2 (para financiar obras viales y centros educativos) y recientemente un nuevo fondo para financiar la obra del ferrocarril central”, contó Larzabal.

Explicó que además del due diligence in-house (la debida diligencia que hacen internamente sobre los proyectos) que hacen las AFAP, se contratan “asesores técnicos especializados” en cada negocio particular que se está evaluando, y una vez adquirido se monitorean los avances a través de un comité de vigilancia técnico que vela por los intereses de los inversores.

El ejecutivo de República AFAP resaltó que “cuando sumás todas las PPP, en infraestructura hay comprometidos (fondos de los trabajadores por) más de US$ 1.300 millones”, que se anexan a las inversiones alternativas detalladas previamente.

“Esto ha ayudado a diversificar la cartera de las AFAP, porque teníamos una inversión fuerte en bonos soberanos, que ahora está levemente por encima del 50%, y hay más de un 20% en proyectos del sector real de la economía”, sostuvo.

Este relato cronológico de cómo fue variando en la última década el menú de inversiones de las AFAP, refleja “el desarrollo de un private equity (capital privado) a la uruguaya” para suplir la falta de opciones en el mercado de valores local.

Es que la capitalización bursátil en acciones suma apenas 0,5% del Producto Interno Bruto (PIB) del país, pero “cuando se incorporan los certificados de participación llega al 4,5% del PIB y eso seguirá subiendo en la medida que salgan nuevos proyectos”, concluyó Larzabal.

Un desafío: que llegue inversión del exterior

Luego del amplio abanico de inversiones en la economía real y la diversificación de la cartera, Larzabal señaló que queda “el desafío de atraer inversiones del exterior para que participen en el cofinanciamiento de las PPP, el armado de un fondo de equity que complemente la operativa de los fondos de deuda y la revisión del tope que tienen los sponsors” de proyectos con los bancos locales —lo que restringe en parte la contratación de garantías en la etapa preoperativa—. “En los países de la región hay otros jugadores (que invierten) como los fondos mutuos o de infraestructura que llegan del exterior. En Uruguay todavía no han aparecido, en parte por la escala del país”, explicó. Igual destacó que “en varios fideicomisos locales nos cruzamos con fondos de inversión grandes del exterior, y le dimos salida (del proyecto), cuando antes era muy difícil pensar que una AFAP pudiera comprar a un fondo así”.

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