Finanzas de Bolsillo

Tres falacias del adicto a las cuotas en la tarjeta (y cómo evitar caer en la tentación)

La sobreutilización o mal uso de la tarjeta de crédito puede complicar las finanzas personales, por eso es clave no autoengañarse con falacias como las que siguen en el Finanzas de Bolsillo de hoy.

Billetera con tarjetas de crédito. Foto: Archivo El País
Billetera con tarjetas de crédito. Foto: Archivo El País

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La secuencia de acontecimientos es más o menos así: el dólar está quieto, pero igual hay una inercia inflacionaria que impulsa al "cuotero" a sacarle brillo a sus tarjetas de crédito y disponerse a disfrutar la vida en cómodas cuotas.

De golpe, el cielo se nubla y se desata la tormenta de la corrida cambiaria, el agua arruga y encoje los ingresos y el viento fuerte vuela los intereses y hace cada vez más difíciles de pagar las deudas. A nuestro amigo cuotero lo invade el estrés financiero y se promete cambiar hábitos y vivir con lo propio para no volver a sufrir las inclemencias climáticas.

Luego, casi por milagro, sale el sol que trae “pax cambiaria” y reaparecen los préstamos y las ofertas en cómodas cuotas. El buen cuotero olvida todas sus promesas y se dice a sí mismo: “Aprovechemos mientras dure”. Un segundo después, desempolva sus plásticos bancarios y los pone en acción.

Esta dinámica absolutamente perniciosa descansa en un sistema de creencias equivocado. Son esas falacias las que intentaremos desmitificar en el Finanzas de Bolsillo de hoy.

Falacia 1: “Cuesta lo mismo pagar en efectivo que en 6 cuotas sin interés”
Existen comercios que ofrecen un determinado producto a, por ejemplo,      $ 5.000 en efectivo o seis cuotas fijas de $ 833. El buen cuotero no lo piensa dos veces: saca velozmente su tarjeta y se retira contento con su compra sacando cálculos de cuánto supo ahorrarse con la operación, proyectando una inflación semestral de más o menos 5%_(para tener como referencia fue 5,26% en el primer semestre de este año, había sido de 5,85% en enero-junio del año pasado).

A las pocas cuadras, ve el mismo producto que compró, pero a $ 4.000 en otra vidriera. ¿Qué sucedió? El comercio donde lo adquirió le había sumado un 25% al precio en efectivo sabiendo que al cuotero le importan más las cuotas que el precio final y le terminó cobrando un interés superior al 50% anual.

El buen cuotero no solamente sumó deuda a sus debilitadas arcas, sino que además pago cara la tentación y la falta de pericia para buscar las mejores ofertas (no necesariamente las más “marketineras”).

Explicación

¿Qué es una tarjeta de crédito y cómo se utiliza en Uruguay?

Técnicamente, es un instrumento financiero emitido por un banco o entidad financiera que le permita a la persona utilizarla como medio de pago en modalidad de financiación, ya que con esa compra genera una obligación de desembolso a futuro, asumiendo también el pago de posibles intereses, comisiones y gastos asociados.

Según un estudio hecho años atrás por la consultora Equipos, un 45% de los usuarios respondió que utilizaba el plástico para compras específicas que no podía abonar en efectivo y un 39% para imprevistos, sin embargo 15% señaló que la utilizaba “para todo lo que podía”. Más del 10% de los poseedores de tarjetas de crédito de nivel socioeconómico alto indicaron que usaban este medio de pago “muy frecuentemente, casi todos los días”, mientras que casi el 50% de las personas de nivel socioeconómico bajo lo hacían “ocasionalmente, una o dos veces al mes”.

Pese a la masividad de las tarjetas de crédito, aún persiste cierto desconocimiento en parte de los consumidores sobre su funcionamiento y errores al momento del uso. Hasta la fecha de vencimiento fijada en el estado de cuenta, el cliente puede optar por tres formas distintas de pago para evitar se generen intereses por la deuda impaga: pagar el saldo total, abonar el monto mínimo establecido o un valor intermedio entre ambas cifras.

Foto: Darwin Borrell
Foto: Darwin Borrell

Falacia 2: “Si se puede pagar con tarjeta lo hago, sino lo pagaré en efectivo, me da igual”
En 2001, Drazen Prelec y Duncan Simester, profesores de la escuela de negocios del MIT, en Estados Unidos, llevaron adelante una subasta de entradas para un partido de básquetbol de los Boston Celtics, el equipo más laureado de la NBA.

Las entradas estaban agotadas y los investigadores querían saber cuánto estaban dispuestos a pagar los fans que se habían quedado afuera. A una mitad de interesados le ofrecieron la posibilidad de pagar con tarjeta de crédito. A la otra, solamente la opción en efectivo.

Los resultados fueron contundentes: el grupo que podía abonar con tarjeta ofertó casi el doble de dinero por entrada que el grupo limitado al pago en efectivo.

La conclusión de los investigadores fue que los consumidores están dispuestos a gastar mucho más de lo que pueden o deben cuando no tienen que desprenderse inmediatamente del efectivo y pueden “bicicletear” su compra.

SUGERENCIA

Cuestionarse es clave

Lo que venimos a hacer es desmitificar los argumentos que esgrimen quienes atentan contra su salud financiera y, muchas veces, pretenden que los demás los copien. Nunca es tarde para cambiar los hábitos financieros. La clave está en cuestionarse.

Sucede que las emociones y los sentimientos nos traicionan: al pagar con billetes, vemos cómo la billetera se pone cada vez más delgada. Surge una sensación de dolor que nos vuelve más conservadores y menos permeables a los deseos de gratificación pasajera.

Cuando pagamos con tarjeta de crédito, en cambio, se produce un desacople entre el momento del consumo y de pago que pone en riesgo nuestra salud financiera, pateando la sensación de dolor o temor para más adelante.

Esta postergación del dolor hace que, a la hora de pagar la tarjeta, no la vinculemos directamente con aquel gasto caprichoso y sintamos que el dinero “se nos va de las manos” sin que podamos hacer mucho para evitarlo.

De alguna manera, nuestra cabeza funciona como la de una mascota a la que su dueño reta por algo que hizo el día anterior: no puede vincular la reprimenda con aquella acción.

Falacia 3: “Si ya tengo deudas, hago el pago mínimo de la tarjeta o igual después sacó un crédito para pagar”
Una de las posibilidades en meses donde los pesos no abundan es cancelar parcialmente deudas generadas por compras efectuadas con la tarjeta de crédito y así salir del paso. Ese es el pensamiento de algunos deudores al momento de resolver efectuar el llamado pago mínimo de la tarjeta.

Esa alternativa permite financiar sus compras según sus necesidades, ya que elige cuánto quiere pagar cada mes, abonando los intereses correspondientes.

Pero, “abonar el mínimo es algo tenebroso por el interés que se termina pagando”, afirmó en una edición anterior de Finanzas de Bolsillo, el contador Nelson Chicurel.

Deudas. Identificar su tipo, conocer el total, saber cuánto se paga de intereses y evaluar si hay opciones más baratas son claves para no desesperar. Foto: AFP.
Realizar el pago mínimo siempre en la tarjeta puede convertir las deudas en una bola de nieve.

“Es una mala práctica pagar el mínimo. Si uno quiere pagar en cuotas la tarjeta, debería abonar un porcentaje más allá del mínimo, uno más importante, porque el mínimo prácticamente amortiza muy poco capital. La realidad es que hay tarjetas que tienen un pago mínimo muy chico que apenas cubre el 5 % del capital adeudado”, afirmó Chicurel.

Esto es porque el capital adeudado va bajando muy de a poco y mientras se van sumando intereses sobre ese capital.

La otra solución, la de sacar un préstamo para hacer frente a la tarjeta también es peligrosa, porque generalmente esos préstamos obtenidos en financieras son a tasas más altas que las que cobra la tarjeta por el pago mínimo.

“Una cosa es endeudarse a tasas altas para una situación transitoria y otra es una situación permanente en la que la deuda se convierte en una bola de nieve que no termina nunca y que, a la vez, genera mucho gasto extra en intereses para poder pagar”, María Castiglioni, socia de C&T Asesores Económicos.

Esta columna no tiene como objetivo mofarse de las personas que eligen financiar la mayoría de sus compras con tarjeta de crédito. Todos alguna vez hemos cometido errores impulsados por la fiebre consumista del sistema y hemos gastado, al menos momentáneamente, por encima de nuestras posibilidades, hipnotizados por las "cómodas cuotas".

[EN BASE A LA NACIÓN / GDA]

Lo que dice el Banco Central

Banco Central del Uruguay. Foto: Fernando Ponzetto.
¿Qué aspectos deben figurar en el contrato de la tarjeta?Los contratos de las tarjetas de crédito deben incluir la siguiente información: las distintas formas de usar la tarjeta y los cargos por su uso en Uruguay y en el resto del mundo.

Quién se responsabiliza por los pagos de las compras que se realizan con una tarjeta robada, perdida o falsificada.

El método que se utilizará para calcular los intereses que usted debe pagar.

La forma en que deberá pagar el saldo adeudado y también la forma en que se determinarán y comunicarán la Tasa de Interés y los cargos pactados.

La forma en que la institución llenará el vale en blanco que usted firmó.

La forma de determinar el pago mínimo.

Los canales y procedimientos con que usted cuenta para efectuar reclamos.

El límite del crédito disponible debe figurar en el contrato de la tarjeta. Ese límite puede ser modificado. Las Instituciones pueden ajustarlo, atendiendo a su política de riesgos y a las características personales y de solvencia económica de cada cliente, pero deben notificarlo. Usted también puede solicitar cambiar su límite de crédito. Si lo quiere bajar, la institución lo podrá realizar. Pero para subirlo, necesitará autorización de la institución.

[Fuente: Banco Central]
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