Finanzas de Bolsillo

Hablemos de tus deudas ¿hay buenas y malas? 

Cuáles son los distintos tipos de deudas que existen; ¿se puede hablar de "deudas buenas" y "deudas malas"? Algunos consejos a seguir en este Finanzas de Bolsillo.

Para facilitar controles, el Presupuesto prevé modificaciones. Foto: Shutterstock.

Dice Alejandro Dolina: “La ignorancia es mucho más rápida que la inteligencia. La inteligencia se detiene cada rato a examinar; la ignorancia pasa sobre los accidentes del terreno que son las nociones a gran velocidad, y jamás hay nada que le llame la atención. Así llega rápidamente a cualquier parte, especialmente a las conclusiones”.

La deuda es algo que debe ser analizado con inteligencia, ya que la rapidez en las conclusiones puede llevar a grandes equívocos muy nocivos para nuestras finanzas personales.

En este Finanzas de Bolsillo buscaremos desarmar el pensamiento unidireccional con respecto al tema, planteando diversos enfoques muchas veces polémicos que buscarán desafiar al lector con respecto a sus propios juicios.

¿Cuáles son los distintos tipos de deudas que existen? ¿Se puede hablar de “deudas buenas” y “deudas malas”? ¿Es posible “salir” de deudas una vez que las mismas toman el control de nuestras finanzas? ¿Qué consejos se pueden seguir al respecto?

Las potenciales respuestas a estos interrogantes, a continuación.
Para comenzar, podríamos definir deuda como la obligación que tiene una persona de pagar o devolver una cosa, generalmente dinero.

Más allá de la generalización en cuanto a la definición de lo que es la deuda podemos identificar ahora diferentes tipos de deuda.

Deuda ficcional

Se le denomina deuda “ficcional” a la deuda más común y nociva de todas: es aquella que se contrae para vivir por encima de nuestras posibilidades, creando un mundo de “ficción” que no tiene correlato con lo que se gana por mes.

Ejemplo: se saca una hipoteca para comprar una casa más grande en un barrio más caro, se pide un préstamo para comprar un automóvil 0 kilómetro y demás gastos financiados con préstamos o tarjeta de crédito que tienen como objetivo aparentar un nivel de vida superior al de nuestros ingresos.

Deuda "hormiga"

Nace por la desorganización en las finanzas personales que llevan a pedir un pequeño préstamo a un amigo por aquí, un adelanto de sueldo por allá, emisión y uso de tarjetas alternativas en shoppings y supermercados por otro lado y cualquier otro tipo de préstamo considerado “pequeño”, pero que luego pasa a formar parte de una bola de nieve que se vuelve muy difícil de cubrir.

Deuda de subsistencia

La mayoría de los deudores querrán encasillar su deuda dentro de esta categoría, porque la deuda de subsistencia es aquella que se contrae para poder llegar a fin de mes sin ningún tipo de “lujos”.

Para que una deuda sea clasificada como deuda de subsistencia, se deben cumplir dos condiciones: 1) el dinero proveniente por la operación debe ser destinado a satisfacer necesidades básicas (comida, salud, vivienda).

2) El deudor no realiza prácticamente ningún otro gasto que no sea de primera necesidad, es decir, no realiza gastos de esparcimiento o consumo superfluo.

La deuda de subsistencia se da más que nada en lo que se llama la “base de la pirámide”, compuesta por aquellos que ganan menos que el sueldo promedio y que generalmente tienen hijos o familiares a cargo.

Deuda para invertir (”apalancarse”)

Es muy fácil de distinguir: el dinero proveniente de la deuda no se usa para consumir sino para invertirlo en algún negocio u oportunidad.

Se dice que cuando una persona invierte con dinero que no es propio sino de otra persona o institución se encuentra “apalancado”.

Cuando estas operaciones salen bien, la sensación puede ser muy satisfactoria ya que se ha logrado el éxito más que nada con una idea y recursos ajenos; pero cuando la misma sale mal, las pérdidas pueden ser cuantiosas y muy difíciles de cubrir.

Un ejemplo de una deuda para invertir positiva y de bajo riesgo sería la de conseguir un préstamo para comprar una casa/departamento y luego alquilarlo, pagando las cuotas de la hipoteca con el dinero proveniente del alquiler.

Lo mismo aplicaría para la compra de un coche que será alquilado como remís.

Un ejemplo de una deuda para invertir negativa sería la toma de un préstamo para invertir en la Bolsa o en cualquier otro mercado en donde el riesgo está concentrado en el corto plazo y pueden existir fuertes variaciones de precio/valores.

La deuda para invertir es la única que puede conducir a un crecimiento genuino del patrimonio, pero hay que estar muy seguro para llevarla a cabo y tomar siempre los recaudos en términos de aforo (margen de garantía por sobre el capital tomado/invertido).

Conclusión 

Nadie quiere vivir “tapado” por las deudas. Nadie quiere sentir angustia todos los meses cuando llegan las boletas de impuestos y servicios o los resúmenes de las tarjetas de crédito. Nadie quiere tener que trabajar a destajo para pagar los intereses del banco.

Pero se necesita aumentar la cultura financiera para entender los distintos tipos de deuda que debemos evitar.

Se necesita fuerza de voluntad para resistirse al embate consumista del capitalismo actual, presente en nuestra bandeja de entradas del correo electrónico desde la mañana cuando nos despertamos hasta la televisión que vemos antes de dormir por la noche.

Y, más que nada, se necesita fe y coraje para salir de situaciones de fuerte endeudamiento como la que atraviesan muchas personas.

Hablar sobre estos temas, analizarlos y proponer distintas soluciones como las aquí expuestas, tiene como objetivo movilizar la conciencia de aquellos que se encuentran sufriendo esta triste realidad.

[EN BASE A LA NACIÓN / GDA]

La pregunta

¿Cómo salir de las deudas?

Consejos para "salir" de las deudas.

¿Dónde recurre quien sufre dependencia a contraer deudas que sabe que no podrá pagar? Antes de buscar ayuda en algunas instituciones, es recomendable llevar a cabo tareas para modificar la realidad financiera con los medios con los que se cuenta, como:

1) Clarificar la situación financiera: los deudores crónicos no suelen llevar al día el saldo de sus cuentas, gastos mensuales o tasas de interés pagadas por los préstamos pedidos. De alguna manera, el objetivo de esta “desprolijidad financiera” pasa por negar la realidad de la economía doméstica, y con ello el problema en su totalidad.

Es vital saber con certeza a cuánto asciende el pasivo total de la persona para comenzar a tratar las deudas.

2) Eliminar los vehículos de acceso al crédito inmediato: Las tarjetas de crédito o los préstamos a sola firma son ejemplos de vehículos de acceso al crédito inmediato que un deudor en esta situación debería eliminar directamente de su día a día.

La recomendación aquí es dejar los plásticos “descansando” en algún cajón de la casa y no llevarlos encima, para evitar así las tentaciones. Si la persona cuenta con varias tarjetas (los deudores crónicos suelen hacerlo para especular con los distintos vencimientos) se recomienda eliminar las mismas y quedarse solo con una.

Puede costar en un principio pero es la única manera de frenar el aumento de la deuda.

Austeridad y ayuda de amigos o familiares

La mayoría de los deudores crónicos involucra de manera directa o indirecta a familiares y amigos en sus deudas, pero de manera nociva. Les piden que salgan como garantía de sus préstamos o acuden por dinero prestado para “tapar agujeros” de “suma importancia” o, en algunos casos, utilizando sus recursos para endeudarse a escondidas.

Es importante cambiar este accionar e involucrar a familiares y amigos de una manera distinta. Hablar con ellos y contarles con sinceridad el nivel de deudas, situación judicial (si la hubiese) y demás cuestiones derivadas. Para esto es importante entender que la única forma que tiene el entorno de ayudar en este problema, es con apoyo afectivo y comprensión. La ayuda económica debería ser eliminada como opción porque sólo sirve para “patear” para adelante el problema.

Por otro lado, confeccionar un plan de austeridad es otro paso difícil pero necesario para comenzar el proceso de recuperación financiera. El ahorro es uno de los pilares necesarios para frenar las nuevas deudas primero y comenzar a desendeudarse a posteriori.

El café en la calle, el taxi, las comidas afuera y esos “pequeños gastos” deben ser eliminados hasta tanto las deudas hayan disminuido.

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