LA DECISIÓN DE IRSE DEL PAÍS

Los jóvenes, su insatisfacción económica y la emigración

Intención de irse es más alta entre aquellos con visión pesimista del futuro.

Educación: El trabajo indagó acerca de cómo afecta la insatisfacción. Foto: archivo El País
Educación: El trabajo indagó acerca de cómo afecta la insatisfacción. Foto: archivo El País

En Uruguay se constató una relación negativa causal entre la satisfacción económica y los deseos de emigrar de los jóvenes. Es decir que cuanto más satisfecha esté una persona con su situación económica menos probable será que tenga intención de dejar su país. Esta es una de las dos principales conclusiones del trabajo "¿Insatisfecho para partir? El rol de las percepciones, expectativas y creencias sobre la intención migratoria de los jóvenes", de la economista Luciana Méndez.

La segunda conclusión: los resultados muestran que la intención de emigrar es más alta en aquellos jóvenes con una visión pesimista sobre su situación económica futura y percepción baja de oportunidades de movilidad y acceso a elementos de bienestar. Todo esto, además, se asocia con la satisfacción económica.

A su vez, los jóvenes con más años de educación formal son menos afines a tener una satisfacción alta acerca de su situación económica. Por ende, también son más propensos a expresar intenciones de emigrar.

"Lo central del trabajo es que la intención emigratoria va más allá de la coyuntura económica", explicó a El País la investigadora del Instituto de Economía (Iecon) de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración de la Universidad de la República. Un dato da cuenta de esto: en 2013 cerca del 30% de los jóvenes expresó intención de emigrar —ese año la economía uruguaya creció 4,4% interanual—, similar al guarismo de 2002, cuando estalló la última crisis que vivió el país — la actividad se contrajo ese año 10,8% frente a 2001—.

El objetivo detrás de su investigación, explicó Méndez, es "romper con esa visión de que solo hay factores vinculados a la economía que hacen que una persona decida moverse" de país. Hay otro conjunto de factores que incide en el bienestar de los jóvenes que influye a la hora de dar este paso, agregó.

En esta línea, el informe detalla que es "relevante considerar el bienestar de las personas y sus oportunidades percibidas en su país natal, que pueden reflejar aspiraciones, expectativas y percepciones sobre el futuro".

La investigación utilizó los microdatos de la Encuesta Nacional de Adolescencia y Juventud (ENAJ), que el Instituto Nacional de Estadística (INE) realizó a jóvenes de áreas urbanas en 2013. La muestra utilizada para este estudio tomó en cuenta a personas entre 18 y 29 años. A esto se sumó información de la Encuesta Continua de Hogares, del mismo año y llevada adelante por el INE.

En promedio, un tercio de los encuestados dijo tener intenciones de emigrar (la pregunta es "¿alguna vez ha pensado en vivir en el extranjero, aunque sea temporalmente?").

Con la información disponible, la investigación de Méndez trazó un perfil del joven más proclive a hacer las valijas: es hombre, educado, de un estrato social alto, vive con sus dos padres (también con un nivel alto de educación) y es probable que acceda a una residencia legal en el extranjero.

Como ya se mencionó, las intenciones de emigrar son más bajas cuando la satisfacción económica es más alta. Los hallazgos de este trabajo muestran que aquellos jóvenes que dijeron estar insatisfechos tienen una probabilidad 17 puntos porcentuales menor a mostrar deseos de ir al extranjero que aquellos que se mostraron muy insatisfechos. Esta diferencia asciende a 80 puntos porcentuales si se compara a los muy satisfechos con los muy insatisfechos.

Además, se encontró que a medida que aumenta la riqueza (real o percibida) de la persona, también crece la probabilidad de que manifieste intenciones de emigrar. Como ya se había observado en otros países latinoamericanos, marca el trabajo, se puede describir a los jóvenes en esta posición como "cumplidores frustrados", que resulta de las expectativas que se crean basadas en experiencias pasadas y en aspiraciones, pero que no logran cumplirse.

A su vez, los datos echan luz sobre otros aspectos: que la intención de trasladarse cae con la edad; que las mujeres expresan un menor deseo de emigrar que los hombres; y que tener familiares y amigos viviendo fuera del país aumentan la probabilidad de que la persona quiera irse en tres puntos porcentuales. Aquellos que ya experimentaron residir fuera, en tanto, son más proclives a indicar esta intención. Por otra parte, estar desempleado está menos vinculado a tener deseos de emigrar, lo lo que posiblemente muestra la "conciencia" de los jóvenes respecto a los costos financieros asociados a la emigración.

Los resultados, indica el trabajo, son "consistentes" con la literatura disponible sobre intenciones emigratorias y bienestar subjetivo, que marca que las opiniones de los jóvenes sobre la situación económica de su país, sus percepciones sobre movilidad gracias al esfuerzo y expectativas sobre ingresos futuros pesan en su satisfacción económica y, por ende, en sus deseos —o no— de emigrar.

La puerta abierta para estudiar las aspiraciones

El paper se enmarca en una rama creciente de la literatura, se explica, que busca explorar el bienestar subjetivo como un factor a tener en cuenta en los deseos de las personas para emigrar. Esta corriente está en línea con la llamada "economía de la felicidad". Para Méndez todavía falta "profundizar mucho" en este terreno, dado que no se conocen cuáles son esas expectativas que las personas no logran cumplir, y que luego impactan, por ejemplo, en su decisión de cambiar de país de residencia. Su trabajo, dijo, "deja abierta la puerta a estudiar más cómo se generan las aspiraciones", algo sobre lo que hoy todavía falta mucho por averiguar. "En esto la literatura todavía está en pañales", ilustró la economista del Instituto de Economía.

Bienestar: vivienda, trabajo, buen ingreso

El estudio de Méndez indica que los hallazgos "sugieren" que una "selección de jóvenes altamente educados" tiene la intención de irse del país. Pese a que no hay consenso en la literatura sobre cuáles son los efectos de la emigración en el país que "envía", hay "riesgos potenciales". Entre otros, el financiamiento del sistema de seguridad social y la fertilidad "pueden comprometer el camino de desarrollo de un país", lo que se agudiza en Uruguay por su población envejecida y el flujo "insignificante" de remesas. El trabajo sugiere que las políticas públicas que traten de mejorar la satisfacción económica de esta población "deberían considerar su percepción" acerca de la movilidad social y el acceso a temas que hacen al bienestar (como acceso a la vivienda y al empleo y un ingreso adecuado).

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