Entrevista a Luis Carranza

"El problema del bajo crecimiento no es económico, es político"

La región vista por el presidente ejecutivo de CAF-Banco de Desarrollo de América Latina.

Economista y ex ministro de Economía y Finanzas de Perú, Luis Carranza, es el actual presidente ejecutivo del Banco de Desarrollo. Foto: Leonardo Mainé
Economista y ex ministro de Economía y Finanzas de Perú, Luis Carranza, es el actual presidente ejecutivo del Banco de Desarrollo. Foto: Leonardo Mainé

El desafío de lograr "acuerdos mínimos" a la interna de los países de América Latina y el Caribe es algo que cuasi obsesiona a Luis Carranza Ugarte, presidente ejecutivo de CAF-Banco de Desarrollo de América Latina, el principal organismo en créditos para la región.

Dentro de ellos marca la necesidad de un pacto por la productividad para acortar la brecha con los países desarrollados y la inversión en infraestructura.

Carranza, un economista peruano que asumió su cargo en abril de 2017, previamente fue ministro de Economía y Finanzas de su país, profesor en la Universidad de Navarra (España) y autor de varios trabajos de investigación.

Lo que sigue es un resumen de la entrevista que Carranza mantuvo con El País.

—¿Cómo explica que luego de una bonanza de 10 años en la región, la mayoría de los países tiene problemas fiscales de algún tipo?

—Habría que decir dos cosas. Primero, que se logró una reducción significativa de la pobreza en la región. Se hizo una apuesta importante por políticas que apuntaban a mejorar la estructura de distribución de ingresos y la desigualdad se redujo significativamente en la región. Por otro lado, la situación fiscal de los países hoy en día no es mala. Hay necesidad de cierta consolidación, hay algunos países que tienen niveles de endeudamiento relativamente altos, pero la mayoría de los países puede implementar un programa gradual que les permita mantener un horizonte de sostenibilidad fiscal sin ningún problema.

—¿Qué desafíos supone para América Latina la llamada cuarta revolución industrial?

—Si uno hace un paralelo con lo que fue la primera y segunda revolución industrial, lo que se observa es que se da una transformación en lo económico, lo político y lo social. En lo político, los partidos, nacen de la revolución industrial. En lo económico, el impulso a la infraestructura, la creación de empresas como sociedades anónimas en su sentido más puro (como una unidad que minimiza los costos de transacción para producir bienes y servicios). En lo social aparecen clases medias, se pasa de familias extensas a familias nucleares y se requieren estructuras de seguridad social formales. Lo mismo vamos a ver en esta sociedad digital a la cual vamos a entrar y tenemos que estar preparados para ello. Ahora, esta cuarta revolución industrial viene acompañada de efectos importantes sobre la globalización y el rebalanceo geopolítico en el mundo. El crecimiento de China e India las va a llevar pronto a ser la primera y tercera economía del mundo, con Estados Unidos al medio. Las clases medias en el mundo, ya no van a estar en Europa, Estados Unidos y Japón. La mayoría de las clases medias van a estar concentradas en China e India y eso va a definir patrones de consumo distintos y va a definir una demanda sostenida por commodities, igual que en la revolución industrial en el siglo XVIII y XIX. Eso quiere decir que en el largo plazo vamos a tener una demanda sostenida por commodities que la región tiene que aprovechar. Tiene que aprovechar en términos de inversión de infraestructura, en continuar con la reducción de la desigualdad y en tener un plan de productividad. El gran reto de América Latina es abordar esta brecha de productividad que se ha mantenido más o menos constante a lo largo del tiempo.

Economista y ex ministro de Economía y Finanzas de Perú, Luis Carranza, es el actual presidente ejecutivo del Banco de Desarrollo. Foto: Leonardo Mainé
Foto: Leonardo Mainé

—Los cambios en los liderazgos que se ven en distintos países con tonos más fuertes, populistas y nacionalistas en algunos casos, ¿tienen que ver con el inicio de la 4ª revolución industrial?

—Definitivamente. Lo que estamos viendo en las sociedades es el resultado de estas grandes tendencias estructurales, tanto en lo tecnológico como en el rebalanceo de producción, generación de empleo en el mundo. Es evidente que resultados políticos en algunas economías avanzadas, están asociados a aumentos de desigualdad en estos países, producto de que no se adaptaron a estos cambios y a que las respuestas de políticas no han estado acorde con los desafíos de los nuevos tiempos.

—Al final, ¿los commodities son una bendición o una maldición para la región?

—En América Latina debemos aprovechar los commodities en toda la extensión que nos puede permitir. No son una maldición, pero pueden ser una mayor o menor bendición en función del beneficio que le saquemos. En Sudamérica se pueden clasificar los países en función de minería, hidrocarburos y toda la parte de agricultura y ganadería. ¿Cómo articulamos una estrategia de crecimiento en función de eso? Depende básicamente de nosotros: implica innovación. El caso de Uruguay es clarísimo, en como la carne uruguaya tiene un Premium en los mercados internacionales por la trazabilidad. Pero esto es una carrera que continúa. La producción y reservas de cobre, en un 40% están concentradas en el norte de Chile y el sur de Perú, pero a diferencia de Australia o Canadá, no se ha logrado desarrollar un cluster minero de proveedores de bienes y servicios de clase mundial. Hay que dar el salto. Está la masa crítica en minería para poder hacerlo. Lo mismo en hidrocarburos. Entonces, depende de estrategias de crecimiento utilizando y apalancando al máximo estos recursos naturales.

—Mencionó la necesidad de un pacto por productividad en América Latina, ¿qué tan factible es eso teniendo en cuenta las diferencias que se ven?

—El problema del bajo crecimiento en América Latina no es un problema económico, es un problema político. Es la incapacidad que hemos tenido en nuestras sociedades de llegar a acuerdos mínimos que nos permita crecer y aumentar la productividad de nuestros países. A eso me refiero con la necesidad de un pacto por la productividad. Es un pacto que tiene que adecuarse en cada una de nuestras sociedades.

—¿Por qué cuesta tanto si es algo beneficioso para los países?

—Por la priorización y por las presiones. Un ejemplo sencillo. La brecha de América Latina en infraestructura es enorme, es una de las principales limitantes para reducir pobreza, reducir desigualdad e impulsar crecimiento. Nuestros costos logísticos en la región en términos de PIB son tres veces más altos que Europa. El 5% de la población en América Latina no tiene acceso a energía eléctrica, 90 millones de personas no tienen acceso a saneamiento, 70% de las aguas residuales no son tratadas, 180 millones de personas no tienen acceso directo a banda ancha y puedo seguir. Pero, en los presupuestos públicos, a la hora de discutir dónde se asigna el gasto, el gasto corriente de 10 rounds le gana 9 a la infraestructura, por las necesidades, por las urgencias, por las presiones por aumentos salariales. Requiere un pacto político para suavizar el incremento del gasto corriente y priorizar el tema infraestructura.

Economista y ex ministro de Economía y Finanzas de Perú, Luis Carranza, es el actual presidente ejecutivo del Banco de Desarrollo. Foto: Leonardo Mainé
Foto: Leonardo Mainé

—¿Qué pasa si no se logra ese pacto?

—Vamos a seguir atrapados en esta trampa del ingreso medio, con incapacidad de generar aumentos de productividad, que son la fuente fundamental de los incrementos salariales. Los incrementos salariales sostenidos están relacionados y son consecuencia de los incrementos de productividad sostenidos.

—Una de las críticas desde el plano sindical, es que aumento de la productividad implica trabajar más por igual salario.

—Esto no es así, no es así. Cuando uno ve incrementos de productividad, más temprano que tarde vienen incrementos salariales. Uno puede temer que la innovación genera desplazamientos. Es cierto cuando uno lo analiza en algún sector o en alguna empresa concreta, pero cuando estamos hablando de incrementos de productividad en un país, estamos hablando de mejor asignación de recursos. El mismo agricultor ya no produce cultivos de bajo rendimiento y su salario va a ir subiendo en el tiempo. Aprovechar economías de escala internas en una empresa cuando esta empieza a crecer, empieza a reducir costos medios. Aprovechar economías de escala externas, economías de aglomeración. Cuando hay una industria potente y empiezan a generarse incentivos para tener mejores profesionales, técnicos especializados, proveedores que ofrecen mejores precios por la escala y evidentemente todos los temas de innovación. Cuando hay una economía robusta, creciendo con productividad, se generan condiciones de contratación muy favorables.

—¿Eso igual va a pasar con la automatización de puestos de trabajo?

—Lo que va a ocurrir es una destrucción de puestos de trabajo y una aparición de nuevas oportunidades en nuevos sectores y nuevos productos. Claro, hay una fase de transición que va a costar y que va a requerir un esfuerzo muy grande de nuestros gobiernos de cambiar la estructura educativa de nuestros países, para que permita esa adaptación. Economías avanzadas que están pasando por esta transición, están sufriendo aumentos de desigualdad porque la destrucción del empleo no es compensada por la creación de nuevos empleos.

—¿Qué mecanismos de protección deben utilizar los gobiernos?

—Fundamentalmente los temas de capacitación, de adecuación de la currícula educativa, tener una visión de cómo va a venir el futuro para preparar a nuestros niños. Esa es al mejor protección que podemos tener.

—¿Hoy la educación de América Latina prepara esos futuros trabajadores?

—Tenemos ejemplos muy interesantes en América Latina en el lado de la creatividad, de la economía naranja. Pero, como estructura educativa desgraciadamente no estamos haciendo esa transición. Eso es parte esencial del pacto por la productividad.

CAF va por dos socios fuera de la región

—¿Cómo ve a la economía uruguaya?

—Muy sólida. Es una país de renta media/alta con experiencias muy interesantes en temas de innovación, digitalización, siendo líderes en el mundo. Tenemos experiencia muy positiva con CAF en canalizar ahorro privado para inversión en infraestructura. En Uruguay hemos logrado canalizar US$ 1.200 millones del ahorro previsional hacia proyectos de infraestructura vial, educativa. Es un país en el que nos sentimos muy cómodos y es una plaza importante para CAF. Tenemos aquí todo el negocio de la parte sur de CAF e inauguramos la nueva sede.

—-¿A dónde va CAF?

—Apoyamos en dos niveles a los gobiernos: infraestructura y necesidades de liquidez que pueden tener para cubrir eventualidades. El mandato de CAF está basado en desarrollo sostenible e integración. En nuestro plan estratégico lo hemos bajado en cinco ámbitos: integración no solo comercial, energética, financiera, productiva y luego tenemos eficiencia, equidad, sostenibilidad (la parte ambiental es fundamental) e institucionalidad, que es el otro gran reto de América Latina.

—¿Se piensa en buscar nuevos socios para CAF?

—CAF empezó con cinco países andinos, actualmente tenemos 19 países (dos extrarregionales) y la experiencia con España ha sido muy positiva en términos de cooperación, asistencia técnica y es una experiencia que nos gustaría replicar. Estamos viendo la incorporación de socios extrerregionales en Asia y en Europa pero sin perder nuestra identidad latinoamericana. Miembros plenos solo van a ser países latinoamericanos y como accionistas clase C van a entrar estos accionistas extrarregionales si es que avanzamos en las negociaciones, pero con un tope de 15% de capital. Lo que queremos es continuar fortaleciendo nuestro capital para poder aumentar la posibilidad de financiamiento a nuestros países, pero sobre todo, aprovechar cooperación técnica de estos países extrarregionales.

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