SEGURIDAD SOCIAL

Las dos amenazas sobre la sostenibilidad de las cajas Bancaria, Notarial y de Profesionales

Un informe del Observatorio de Seguridad Social del Cinve analiza los números de cada una de las cajas paraestatales y advierte sobre dos procesos en marcha.

Señora mayor con computadora. Foto: AP
Señora mayor con computadora. Foto: AP

Dos fenómenos acechan a mediano plazo al sistema de seguridad social, pero por sus características pueden amenazar todavía más a las cajas paraestatales. Se trata de la transición demográfica, un proceso gradual que desembocará en una población con más personas pasivas y menos trabajadores activos, y de los impactos del cambio tecnológico en el mundo del trabajo.

Un estudio del Observatorio de Seguridad Social del Centro de Investigaciones Económicas (Cinve) analizó los efectos de estas tendencias sobre la Caja Bancaria, Notarial y de Profesionales. Estas junto a la Caja Policial, reformada en 2008, y la Caja Militar cuya reforma se aprobó en 2018, conforman el universo de cajas paraestatales.

Las dos últimas son deficitarias y en 2017 requirieron 1,4% del Producto Interno Bruto (PIB) como asistencia.

Para el Cinve, la Caja Notarial está “bajo presión” en términos de sustentabilidad pero es el subsistema en que menos impactará la automatización del empleo. La Caja de Profesionales tiene como mayor desafío la cantidad de activos que se declaran en no ejercicio de la profesión, y la Caja Bancaria será la más afectada por la tecnología, habiendo ya tomado algunas salvaguardas en la última reforma para atender la situación demográfica interna.

Escribanos. 

En el filo de la legislatura, el Parlamento aprobó la reforma de la Caja Notarial, aunque hay críticas sobre los nuevos parámetros (ver aparte).

El estudio de Cinve fue previo, pero ya advertía que “la acción temprana en pos de la preservación de las condiciones de sostenibilidad financiera debería ser una regla general en los procesos de reforma de la seguridad social”. Como explicó a El País hace unas semanas Pablo Arretche, presidente de la entidad, se requería “una definición urgente por el déficit”, que llegó a US$ 14,5 millones en 2018 y se cubrió con recursos propios.

En línea con las proyecciones que apuraron la reforma, el Cinve analizó que “una porción significativa de los afiliados se encuentran en edades cercanas al retiro (hay un 15% entre 50 y 59 años)”. Estos números son un reflejo del “aumento explosivo de la cantidad de escribanos en la década de 1980”, y provocarán “una mayor presión sobre los egresos de la Caja Notarial en la próxima década”.

Además, el “claro predominio femenino (hay 3,4 mujeres por cada afiliado hombre)” tensiona más “la sostenibilidad financiera” de la caja, atendiendo su mayor esperanza de vida.

Respecto al impacto en la actividad de la tecnología, el Cinve señaló en base a la metodología usada “que el riesgo de automatización de tareas (12,9%) es el más bajo entre los subsistemas”.

Como “tensiones específicas” para la actividad de los escribanos, se menciona “la dependencia” del ciclo económico y la suba “en la tasa de no ejercicio notarial” por el desajuste entre oferta y demanda.

Profesionales. 

La Caja de Profesionales mantenía hasta hace unos meses discusiones internas sobre un proyecto de reforma, enfocado en fomentar el aporte de unos 60.000 afiliados que declararon el no ejercicio de la profesión, para luego elevarlo al Poder Ejecutivo.

El Cinve examinó la estructura demográfica de los socios activos y reveló que es el subsistema “que menos refleja el proceso de transición demográfica avanzado en que se encuentra el país”. Esto porque hay “cierta concentración en las primeras franjas etarias” (17% entre 35 y 39 años), y mayor proporción de mujeres (53,9%).

En parte, esto responde a la reforma legal de 2006 que permitió la incorporación de nuevas profesiones a la caja.

Pensando en la sustentabilidad de largo plazo, el informe marca como desafíos el hecho de la mayor cantidad de mujeres y también que los profesionales suelen vivir más años que el resto de la población. A su vez, debe atenderse “el fuerte incremento de afiliados con declaración de no ejercicio”.

Sobre esto último, el Cinve añadió que “las reglas de aporte al sistema hacen que el riesgo principal sea el elevado porcentaje de aportantes voluntarios”, dado que la contribución no es obligatoria sino que depende de que el afiliado se declare en ejercicio libre de la profesión.

Acerca de los impactos de la tecnología, “la heterogeneidad existente entre las profesiones” de afiliados “complejiza el análisis”, aunque el Cinve aseguró que “el riesgo de automatización es relativamente bajo en comparación con el resto de la economía”. Esto debido a que hay “un importante componente de tareas no rutinarias, particularmente cognitivas”.

Bancarios. 

Un trabajo previo de Cinve mostró que la Caja Bancaria es la que paga en promedio jubilaciones más altas. El nuevo estudio analizó que “la población activa cubierta ya ha alcanzado la última fase de la transición demográfica” y está “en la etapa de envejecimiento poblacional”. Así, marcó que hay “una concentración significativa (de afiliados) en edades cercanas a la edad mínima de retiro (30% entre 50 y 59 años)”.

Esto se “traducirá en un elevado número de altas jubilatorias, lo que impactará sobre la situación financiera” de la caja, aunque estas “tensiones demográficas” ya fueron contempladas en la reforma hecha en 2008. Además, el ingreso de nuevos colectivos en aquel momento llevó a una “pirámide demográfica más equilibrada en términos etarios”.

Cinve destacó que es la única caja paraestatal en que “parte de los ingresos se vinculan al dinamismo de la actividad del sector”, significando ese aporte extra de las empresas hoy un 20% de los ingresos totales.

El sector bancario ya está sufriendo los impactos del cambio tecnológico, y según la metodología aplicada en el informe “son las ocupaciones que presentan mayor riesgo (73,2%) de ser automatizadas en el mediano plazo”. Para el Cinve esto debe ser “el principal motivo de preocupación”, aunque señaló como otros puntos de atención la tendencia al retiro temprano y los avances de procesos de tercerización en el sector.

Los números de cada subsistema
Escribanos 
Sello. Foto: Pixabay

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La Caja Notarial ofrece protección a los escribanos públicos en ejercicio así como a sus empleados. Al cierre de 2017 tenía 7.624 socios activos y 1.629 pasivos, con $ 2.349 millones de ingresos y $ 2.542 millones de egresos. La jubilación promedio es $ 64.873.

Bancarios
Casa de cambio en Buenos Aires. Foto: AFP

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Comprende a empleados de bancos públicos y privados, de firmas de intermediación financiera y de seguros. Tenía 20.782 socios activos, pagaba 11.266 jubilaciones y 6.603 pensiones. Con ingresos por $ 16.186 millones y egresos por $ 16.407 millones.

Profesionales
Mujer en computadora. Fuente: Pixabay

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La Caja de Profesionales ampara a los egresados universitarios en ejercicio libre. Los activos sumaban 59.203 al cierre de 2017 -71.020 se declararon en no ejercicio-, y 15.819 pasivos. Recibió ingresos por $ 11.396 millones y egresos por $ 10.474 millones.

Caja Notarial: jubilados cuestionan reforma aprobada

El día previo a que el plenario de Diputados diera la aprobación final a la reforma de la Caja Notarial, acudió a la Comisión de Seguridad Social una delegación de escribanos jubilados que plantearon sus reparos en varios asuntos. Por un lado, presentaron informes de abogados constitucionalistas que entienden que la creación de un impuesto de 2% sobre las pasividades notariales es inconstitucional, por la “doble imposición tributaria (ya pagan IASS)”.

También criticaron los cambios en los parámetros jubilatorios. La reforma eleva de 60 a 65 años la edad mínima de retiro y el tiempo mínimo de actividad de 30 a 35 años, pero esto se procesará en forma gradual en 20 años. “Ese período de transición tendría que ser de cinco años o, a lo sumo, de 10 años; no se justifica que sea de 20 años”, porque en todos los escenarios proyectados “a pesar de la reforma la caja seguirá dando déficit”, dijo José Urraburu, jubilado de esa caja paraestatal.

La reforma fijó la tasa de reemplazo (porcentaje del sueldo que cubre la pasividad) de retirarse a la “edad normal” (con 65 años y 35 de servicio) en 50% y una bonificación de 3% por cada año extra de trabajo. Urraburu señaló que “si uno se jubila después de los 70 años, puede acceder a tasas de reemplazo mayores, en las mismas condiciones que hoy”.

“Es un proyecto desbalanceado, que hace sumo hincapié en los ingresos, con aumentos muy importantes en la tasa de aportación y con la creación de un nuevo impuesto, pero hace muy poco por combatir el problema que surge del diagnóstico, que son las prestaciones”, concluyó el delegado de los pasivos notariales.

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