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160 años de reparaciones navales

Sí señor, lo del título: desde hace 160 años se están haciendo reparaciones navales en el Puerto de Montevideo en apoyo a la navegación internacional.

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Marítimas.

Las hizo primeramente el famoso dique seco de Cibils y Jackson en 1875 (desde 1910 de la Armada), luego el dique seco más pequeño de Mauá, y a continuación el otro actor importante en este teatro de actividades que fueron los famosos Talleres Regusci & Voulminot quienes también trajeron el primer dique flotante al Puerto de Montevideo, bien importante entonces. El segundo esfuerzo de magnitud, por distintas circunstancias, lo hizo Talleres Tsakos a principios de los años ‘70, que adquirió aquella antigua empresa uruguaya en el año 1974. Luego se agregaron pequeños e importantes talleres navales que también contribuyeron con su esfuerzo y artesanía a realizar lo suyo con capacidad profesional. En varios de ellos, algo así como media docena, asumen la dirección técnica profesionales uruguayos con vocación. Propietarios y trabajadores viven de esta actividad que sin duda tiene sus altibajos, diríamos que casi a diario.

En este racconto nos falta mencionar la existencia del no menos famoso Varadero de Miller, ahí en la falda del Cerro, que fue de Tsakos y ahora con el nombre de Astillero Montevideo es propiedad de dos conocidos buzos uruguayos: Roberto Da Cunha y Carlos Centeno, donde se hacen reparaciones y se construyen pequeñas naves.

Siempre le hemos dado importancia a este tema porque para nosotros integra la consagrada esencia del destino del Puerto de Montevideo que está constituido por la trilogía de los servicios portuarios, que además de las reparaciones navales se agregan otros ítems como el aprovisionamiento de vituallas a los barcos y los servicios a la mercadería representados por las prestaciones de Puerto Libre y Zonas Francas. De esto vivimos. Esto es lo que por vocacion y sentimiento innato vienen haciendo los montevideanos en el Puerto de Montevideo desde los albores de la patria; hasta el propio Lavalleja se sintió tan tocado por esta realidad que lo apadrinó. Seguramente ese sentir permeó en la modesta y sobria sociedad oriental, al punto que la atracción por los barcos —formados por los españoles desde su Apostadero Naval (1776)— hizo de Montevideo el puerto más concurrido de naves y Montevideo la ciudad más poblada de extranjeros con vocación marinera. Y no pocos fueron tripulantes desertores de los barcos visitantes que se radicaron acá por la buena vida que ofrecía este país, especialmente la calidad del agua potable que era única en el mundo. El Puerto de Montevideo siempre estuvo repleto de barcos, con cargas para Buenos Aires, trasbordos para el Pacífico y el retorno a la Madre Patria, pero, sobre todo, servicios para resguardar los intereses imperiales, incluidas las Malvinas. Fueron servicios que superaron a la actividad de Buenos Aires gracias a las ventajas que ofrecía la costa uruguaya y particularmente Montevideo, ya que gracias al efecto Coriolis (rotación de la Tierra) tenía puertos privilegiados: algunos tienen aguas para los barcos a tres millas de distancia y otros a quince como Buenos Aires. (en Montevideo fondeaban a cien metros de Las Bóvedas). Pero hablemos de reparaciones navales.

EXPERIENCIAS.

Ver un barco sobre el picadero de un dique es una imagen impresionante y un foco de atracción sin igual para la foto; colocarse debajo del casco y entender que encima tenemos una mole de 10 mil toneladas es sin duda una experiencia única. Esto lo hicimos por años en el dique de Regusci y más tarde en el de Tsakos. Ahora tomamos la foto a 40 metros de distancia.

Pero una visita a un dique será siempre el gran atractivo para el cual hay que tener algunos años menos que los nuestros para desplazarse dentro de sus peligrosas instalaciones.

BARCAZA GIGANTE.

Días pasados nos atrajo la presencia adentro del dique Tsakos de una barcaza gigantesca, la más grande que hemos visto, ya que tiene 134 metros de eslora y 26 de manga, un barco sin motor. En realidad se trata de una embarcación llamada Sand Carrier 106, que actúa de ganguil de dragas que la empresa internacional dragadora Van Oord tiene operando en puertos y canales del Brasil. Es una embarcación con capacidad para cargar 10 mil toneladas de barro que extrae y le transfiere la draga. Fue traída a Montevideo desde Brasil empujada por un remolcador. La barcaza, según muestra la foto, es empujada por un remolcador, y es tan grande, que su popa tiene una entrada donde se incrusta la proa del remolcador, se amarra en varios puntos y todo queda convertido en una embarcación con motor bien controlable desde el remolcador. Se les llama ganguiles porque debajo de su casco tiene puertas hidráulicas que se abren para descargar el barro con tremenda facilidad.

En cuanto a las propias dragas, tienen por lo general una capacidad de cántara de más o menos entre tres mil y cinco mil toneladas de barro. Pero las dragas no pueden tener mucha capacidad de recoger barro porque después no pueden navegar por las aguas que está dragando debido a que se agranda su calado. Lo dicho, nunca habíamos visto un ganguil tan grande.

Las dragas y los puertos representan para nosotros un hito muy importante en el desarrollo del país por efecto del comercio exterior. Si este crece, se incrementa el movimiento de los barcos y consecuentemente necesitan el respaldo de los talleres navales; si el comercio crece más, los puertos necesitan agrandar sus canales de acceso, y donde entran dragas se necesitan rigurosamente talleres especializados. Construir barcos tiene riesgos para los armadores, mejor es reparar.

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