TEMA DE ANÁLISIS

Argentina: un ajuste previsible que sorprende por tributo al turismo

La gravedad de los desequilibrios que hay en nuestro vecino explican la batería de medidas muy fuertes.

Alberto Fernández, nuevo presidente de Argentina. Foto: Reuters
Alberto Fernández, nuevo presidente de Argentina. Foto: Reuters

Con el inicio de una nueva administración en Argentina se conocieron las primeras medidas en materia de política económica y como era esperable van a haber repercusiones sobre nuestro país. La gravedad de los desequilibrios que hay en nuestro vecino explican la batería de medidas muy fuertes. La gran sorpresa fue el impuesto sobre las compras de moneda extranjera y el uso de la tarjeta de crédito en el exterior. Se trata de una medida que va a afectar negativamente al flujo de turistas que recibe Uruguay desde el vecino país, anunciada justo al inicio de la temporada que está a punto de comenzar.

Ya hace más de un año que la pérdida de confianza en la situación financiera Argentina es casi total. En su momento lograron tirar hacia adelante los problemas con un importante acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), pero las cosas no salieron como se pensaban y volvió a caer en crisis luego de las elecciones internas. Desde ese momento hasta la asunción del gobierno de Alberto Fernández la semana pasada, predominó una idea: en cuanto asumiera debía hacer un ajuste.

No es necesario hacer ningún análisis fino y detallado para pronosticar el ajuste en un país donde se postergaron vencimientos selectivos de deuda pública, el déficit fiscal es grande y la economía está en recesión. Incluso una parte del financiamiento tiene que ver con la emisión de moneda lo que repercute al final en la inflación que es una de las más altas del mundo.

Entre las medidas, la que sorprendió más en nuestro país fue la fijación de una tasa del 30% a las compras en el exterior con tarjetas de crédito y de débito. Esta tasa seguramente se extienda a las compras de dólares on-line que hoy está topeada en US$ 200 por día para evitar la dinámica perversa de una corrida, pero limitando en forma importante una de las libertades individuales.

También hay un incremento en la retención a las exportaciones de soja (de 30% a 33% y sin topes) y de trigo (de 12% a 15%), así como la tasa estadística sobre las importaciones que sube de 2,5% a 3%. El comercio exterior en este contexto es un lugar para recaudar y la necesidad de caja lleva a que se encare esta medida.

Turistas argentinos en Punta del Este. Foto: Darwin Borrelli
El nuevo impuesto es una complicación más para los operadores turísticos locales. Foto: Darwin Borrelli.

Otro impuesto que generará distorsiones, pero que tiene una base de recaudación importante, es el que grava los bienes personales y que aplica también a los bienes que se tienen en el exterior. En este caso la tasa va de 0,5% a 1,25% pero puede duplicarse sin necesidad de ley. En este caso se establecen excepciones, sobre todo en el marco de las pequeñas y medianas empresas.

Otro conjunto de medidas procura frenar la baja en algunas tasas de impuestos que había anunciado Mauricio Macri. Se posterga la baja en el aporte patronal y en el impuesto a la renta de las empresas. Eran medidas que procuraban incentivar la inversión pero que su postergación se suma a algunas medidas y anuncios de corte intervencionista y por lo tanto contrario a las inversiones privadas.

También se postergaron los mecanismos indexatorios por seis meses en el caso de las pasividades y en las tarifas de algunos servicios públicos sensibles para los hogares. En el contexto de inflación alta esta medida puede representar una transferencia de recursos hacia el gobierno importante pero también es necesario encarar un programa de estabilización de precios con una desindexación que evite la tendencia inercial.

A las medidas que procuran mejorar el déficit fiscal hay que agregarle la necesidad de negociar los vencimientos de deuda pública y eventualmente alguna quita sobre el capital adeudado para volver la dinámica planteada a una trayectoria razonable que no tire abajo la confianza de los agentes privados. En tal sentido el gobierno le pide al parlamento una facultad para encarar dicha negociación.

Entonces, se trata de una combinación de medidas que obviamente tienen una impronta diferente a la del gobierno saliente pero que en el contexto apremiante en que se encuentran las finanzas públicas son inevitables. En todo caso es solo el inicio y todo dependerá de los resultados que se vayan obteniendo, pero el impacto negativo sobre la sociedad va a durar algunos años.

Esta realidad era esperada pero siempre con la esperanza de que afectara nuestro nivel de actividad lo menos posible. Hasta el momento el principal efecto es el del turismo.

En el turismo hay un impacto por las diferencias entre los niveles de precios en dólares en los dos países. Lo curioso es que cuando se compara el ratio de precios actual con el que predominó en la temporada turística del año pasado no hay una diferencia muy grande. O sea, Uruguay está caro para los argentinos, pero no empeoró mucho contra lo vivido el año pasado. Es que el tipo de cambio cuando sube en escalón como lo hizo en agosto, luego queda quieto mucho tiempo y allá la inflación del 50% anual corrige rápidamente el tipo de cambio real. A modo de ejemplo, hoy Argentina está un 8% más caro de lo que estuvo en agosto pasado.

El impacto sobre el turismo no viene solo por los precios relativos. En efecto, el nivel de ingresos de los hogares y la tasa de desempleo son variables centrales. En este sentido, mientras los salarios están creciendo al 40% o 45% anual, la inflación es del orden del 50%. La caída en el poder adquisitivo de los salarios es lo que puede tirar hacia abajo la temporada turística.

Los precios en dólares más bajos en Argentina por razón de la devaluación generaban una proyección de temporada turística veraniega mala pero no muy distante de la del año previo. El gran problema radica en la crisis en los ingresos de los hogares y el nuevo impuesto del 30% a los consumos en el exterior que va a perjudicar la temporada en forma significativa.

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