VOLATILIDAD FINANCIERA

Argentina frente a un problema conocido: la escasez de dólares

El gobierno de Mauricio Macri jugó de sus últimas cartas al prorrogar los pagos de deuda a los inversores institucionales en busca de contener al dólar hasta la elección.

El presidente Macri saluda a Hernán Lacunza, su nuevo ministro de Economía. Foto: AFP
El presidente Macri saluda a Hernán Lacunza, el nuevo ministro de Economía argentino. Foto: AFP

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Como tantas otras veces a lo largo de su historia, la economía argentina vuelve a chocar contra la misma piedra. Una vez más se enfrenta a la escasez de dólares. Sin credibilidad para obtener financiamiento en los mercados, las reservas disponibles en el Banco Central son insuficientes para afrontar los pagos de la deuda de corto plazo y, a la vez, impedir un nuevo salto en la cotización de la divisa estadounidense.

Enfrentado a esa encrucijada, el gobierno de Mauricio Macri decidió el miércoles pasado prorrogar en forma compulsiva —sin quita de capital ni de intereses— los pagos de deuda a tenedores institucionales, como bancos, aseguradoras y fondos de inversión.

Con eso, el Banco Central dispondrá de entre US$ 4.000 millones y US$ 9.000 millones más, según las distintas estimaciones de las consultoras, para enfocarse en su objetivo principal hasta el recambio presidencial del 10 de diciembre: frenar las intensas presiones sobre el tipo de cambio.

“En una situación normal de crédito, el Banco Central podría renovar todos los vencimientos de deuda sin problemas, y no necesitaría utilizar las reservas. Pero esa no es claramente la situación actual. El Banco Central tiene que pagar cash porque todo el mundo quiere liquidez. Eso hace que los dólares de las reservas sean escasos en este escenario de stress financiero”, dijo el economista Gabriel Zelpo, socio de la consultora Seido.

Las renovaciones de los títulos de deuda, que superaban el 80% en las licitaciones convocadas por el Ministerio de Hacienda antes de las elecciones primarias del 11 de agosto, cayeron a menos del 10% tras el triunfo del candidato peronista, Alberto Fernández.

Alberto Fernández, candidato presidencial argentino. Foto: @alferdez
Alberto Fernández, candidato presidencial argentino. Foto: @alferdez

El precio exigido por los inversores para renovar los bonos (Letes, Lecap, Lecer y Lelink) se multiplicó. Por ejemplo, las Letes en dólares, que operaban con tasas del 4% al 7% anual antes de las elecciones PASO, pasaron a rendir hasta el 130% en el mercado secundario.

Con el mercado más pendiente de las palabras del principal candidato de la oposición que de las del gobierno, la huida del peso y de los bonos argentinos se aceleró desde el lunes pasado.

Ese día, tras una reunión en Buenos Aires con los enviados del Fondo Monetario Internacional (FMI), Alberto Fernández emitió un duro comunicado en el que acusó al organismo de crédito de ser corresponsable, junto al gobierno, de la crisis económica en Argentina.

La declaración fue leída por el mercado como un virtual pedido al FMI para que no autorice el desembolso de US$ 5.400 millones pautado para mediados septiembre. Sin ese ingreso de divisas, el poder de fuego del Banco Central para afrontar los pagos de deuda y ponerle un techo al dólar quedaría aún más debilitado.

“Alberto Fernández venía con declaraciones más moderadas y en la última semana dio un giro. Es una estrategia política que tiene sentido: él no ganó todavía las elecciones y tiene que intentar ganarlas con la mayor cantidad de votos posibles. En ese marco, no quiere quedar pegado a la crisis y tampoco al FMI que tiene una muy mala imagen en Argentina”, señaló Matías Rajnerman, coordinador de Análisis Económico de la consultora Ecolatina.

“Pero más allá de cuestiones políticas, que se haga efectivo el desembolso es clave. Si el Fondo, que es el prestamista de última instancia, se niega a concretarlo, será una señal muy negativa”, añadió Rajnerman.

El objetivo dólar

Ante las fuertes presiones sobre el tipo de cambio de los últimos días y la incertidumbre sobre si finalmente llegará el desembolso del FMI, el gobierno decidió jugar una de las pocas cartas que tenía disponible.

Con la reprogramación del 73% de la deuda de corto plazo, el Banco Central tendrá más herramientas para intentar contener el valor del dólar.

“No sirve tener reservas en el Banco Central y un dólar que suba como un barrilete”, dijo el ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, en los últimos días.

El stock de reservas brutas del Banco Central asciende a cerca de US$ 56.000 millones. No obstante, las reservas líquidas y disponibles —descontados los encajes de los depósitos en dólares y un intercambio de monedas o swap con el Banco de la República Popular de China, entre otros ítems— suman unos US$ 14.000 millones.

Banco Central argentino. Foto: Archivo El País
Edificio del Banco Central de la República Argentina. Foto: Archivo El País.

Sin perspectivas de una mejora en los porcentajes de renovación de deuda en un contexto de alta inestabilidad, el monto de las reservas lucía insuficiente para cumplir con un programa de vencimiento de títulos equivalentes a más de US$ 10.000 millones hasta fin de año.

Obturada la salida de dólares que iban a destinarse al pago de la deuda de corto plazo de inversores institucionales, el Banco Central viene jugando más fuerte en el mercado cambiario.

En las últimas cuatro ruedas, la autoridad monetaria vendió en el mercado spot cerca de US$ 1.300 millones para intentar frenar la suba de la divisa estadounidense. Aún así, la cotización acumuló un salto de 7% en la semana.

En medio de una evidente fragilidad política provocada por un gobierno debilitado tras el resultado de las elecciones primarias y un virtual presidente electo aún sin poder real, Argentina vuelve a coquetear con el riesgo, una vez más.

Si bien la prórroga compulsiva de títulos de deuda otorga más poder de fuego al Banco Central, la decisión incrementó la incertidumbre y, con ello, aceleró el anticipado proceso de dolarización.

“En las próximas semanas, cualquier período de calma que se logre será muy frágil dado que una mínima declaración o lectura de una declaración de Alberto Fernández y sus referentes económicos alterará los mercados. La volatilidad será la norma y la tranquilidad, algo muy esporádico”, sentenció Rajnerman.

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