PLAN ECONÓMICO

Argentina: un vecino complicado que busca salir de la crisis

El gobierno de Alberto Fernández elaborará medidas de reactivación.

El ministro de Economía, Martín Guzmán, junto al presidente Alberto Fernández. Foto: Archivo
El ministro de Economía, Martín Guzmán, junto al presidente Alberto Fernández. Foto: Archivo

El gobierno de Alberto Fernández alcanzó uno de los objetivos prioritarios que se había planteado al inicio de su gestión: despejar el cronograma de vencimientos de deuda en los próximos cuatro años. Con la adhesión al canje del 93,5% de los tenedores de bonos bajo legislación extranjera y un aval de 98,8% en la reestructuración de títulos en dólares bajo ley local, Argentina deberá afrontar hasta 2024 vencimientos con acreedores privados por unos US$ 6.100 millones, la décima parte de los pagos que se hubieran debido realizar con el cronograma de la deuda original.

A eso se suma que, a diferencia de lo sucedido en las reestructuraciones de 2005 y 2010, todo indica que no habrá esta vez acreedores que litiguen contra el país en los tribunales de Nueva York. Al activarse las cláusulas de acción colectiva -aquellas que fuerzan a los acreedores que rechazaron la propuesta a atenerse a las condiciones aceptadas por la mayoría-, la porción de la deuda reestructurada llegó al 99% del total.

“Esta reestructuración exitosa, que despeja fuertemente el perfil de vencimientos hasta 2024, le da a la economía argentina aire para aflojar la restricción de dólares y tiempo para hacer la consolidación fiscal que se requiere en el marco de una negociación con el FMI”, dijo a El País el economista Federico Furiase, director de la consultora EcoGo, en Buenos Aires.

Si bien el horizonte de vencimientos vuelve a tornarse desafiante a partir de 2025, el gobierno tiene en el corto plazo un escollo menos para intentar sacar a la economía de la profunda depresión en la que está inmersa. Según el último Relevamiento de Expectativas de Mercado -una recopilación de los pronósticos de consultoras y entidades financieras que realiza mensualmente el Banco Central-, el PIB caerá este año 12,5%.

Tras el histórico desplome del 26,4% registrado en abril, la actividad económica, si bien continuó registrando fuertes caídas interanuales, mostró tanto en mayo como en junio recuperaciones con respecto al mes anterior en línea con la flexibilización de la cuarentena. Sin embargo, esa tendencia se habría frenado en julio. En ese mes, el Índice General de Actividad, elaborado por la consultora Orlando Ferreres & Asociados, registró una caída del 0,5% en la medición desestacionalizada con respecto a junio.

Nuevas medidas

Cerrado el capítulo de la deuda con los acreedores privados, Alberto Fernández tiene previsto anunciar en los próximos días 60 medidas con las que buscará reactivar la economía. El foco estará puesto en el lanzamiento de obras públicas para dinamizar al sector de la construcción, sustitución de importaciones por producción nacional en rubros industriales y estímulos para impulsar los alicaídos niveles de consumo.

En esa línea, si bien el gobierno contempla reducir el elevado déficit fiscal primario que se registrará este año, planea hacerlo a ritmo lento. Ante el derrumbe de la recaudación impositiva y el aumento del gasto público, el rojo fiscal cerrará este año en un nivel equivalente al 8% del PIB, un fuerte salto con respecto al 0,4% registrado en 2019. Para el año próximo, el ministro de Economía, Martín Guzmán, anticipó que planea reducir el déficit al 4,5% del PIB.

“El objetivo del 4,5% no es un número malo si se lo analiza a la luz del déficit que dejará la pandemia. El problema es que buena parte del ajuste se haría simplemente por la mejora de los ingresos que se derivarían de la recuperación de la actividad, además de la eliminación de los gastos transitorios de la pandemia. Esa parte del déficit es fácil de ser recortada; lo complicado será seguir haciendo ajustes en la porción del gasto público que es mucho más estructural”, dijo a El País Juan Pablo Iorio, economista de la consultora ACM, en Buenos Aires.

Para Furiase, “un déficit del 4,5% es un objetivo razonable en un contexto de pandemia, pero deja un piso alto para la inflación en 2021”.

“Aún con el canje exitoso, Argentina todavía no va a tener disponible el mercado internacional de deuda, con lo que el déficit tendrá que ser financiado con emisión monetaria y con el mercado local de capitales. Dado que Argentina tiene un mercado de capitales chico, probablemente se requerirá más financiamiento monetario y ahí habrá que ver cuál será la respuesta del mercado”, agregó.

En cualquier caso, el nivel del déficit fiscal para los próximos años, al igual que el futuro de las políticas monetaria y cambiaria, deberán ser negociados con el FMI, el principal acreedor de Argentina tras los US$ 44.000 millones desembolsados en 2018 y 2019. El principal objetivo del gobierno argentino en las discusiones con el organismo es postergar los vencimientos que hoy están concentrados entre 2021 y 2023. De concretarlo, Argentina terminaría por alivianar la carga de la deuda en el corto plazo.

Con ese margen, el gobierno cree que la economía argentina estaría en condiciones de repetir la rápida recuperación que exhibió entre 2003 y 2008. “Una vez más encerraron a la Argentina en un laberinto muy difícil de salir, pero ya estuve alguna vez en esa situación con Néstor (Kirchner). Confíen en nosotros, porque vamos por el camino correcto”, dijo Alberto Fernández el lunes pasado al anunciar el resultado del canje con los acreedores privados. 

Una situación distinta a 2003

Si bien el contexto internacional presenta algunas similitudes con el período 2003-2008 ante las bajas tasas de interés y el alza del precio de la soja, maíz y trigo que se viene registrando en las últimas semanas, el escenario interno luce muy distinto al de aquellos años. “A diferencia de 2003, hoy no hay margen para incrementar el gasto público financiado con emisión monetaria. La inflación ya es muy alta, los niveles de gasto público están al límite y la carga impositiva es elevada. El canje exitoso es un primer paso, pero ahora se necesita convencer al mercado de que habrá un sendero de convergencia al equilibrio fiscal en 2023 para que baje la brecha cambiaria y, con eso, el Banco Central deje de perder reservas”, dijo el economista Federico Furiase.

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