CAMBIAN LOS JUGADORES Y LOS MÉTODOS

Tras batallar, los bancos y las fintech ahora son aliados

Expresidente del BCU analizó las nuevas tecnologías bancarias y sus riesgos.

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Hasta hace un par de años, en una esquina del ring estaban los bancos y en la otra las fintech, como se conoce a una industria relativamente joven, compuesta por empresas que a través de la tecnología hoy dis- ponible, ofrecen servicios que generalmente eran terreno exclusivo de las instituciones bancarias.

Las fintech veían al sistema bancario como la "Kodak del siglo XXI" y afirmaban que eran capaces de prestar servicios de mayor calidad y eficacia que esos "monstruos de antaño" condenados a la extinción. Los bancos, por su parte, consideraban a su incipiente competencia como "chicos en camiseta" que terminarían trabajando para ellos. Así graficó las posturas de ambos contendientes el economista Julio De Brun, cuando ayer participó en la primera edición del Montevideo Fintech Forum, un evento que entre miércoles y jueves convocó a decenas de actores para compartir puntos de vista sobre esta industria en la sede de la Cámara de Comercio.

De Brun —presidente del Banco Central (BCU) de 2002 a 2005 y posteriormente, director ejecutivo de la Asociación de Bancos Privados del Uruguay— dedicó su presentación a delinear qué desafíos le presentan las fintech a la banca.

Esa situación descripta más arriba que reinaba hace unos años dio paso, de acuerdo a De Brun, a un entorno más pacífico. "Esto más que un terreno de batalla se ha convertido en un campo bastante parecido a un escenario de cooperación", dijo.

Los bancos se adaptan al nuevo ecosistema que los rodea, pero también hay riesgos, planteó el extitular del BCU, quien durante su charla se centró en dos: los denominados shadow banking y de-banking. El primero implica la realización de actividades que han sido tradicionalmente bancarias pero por parte de entidades financieras no bancarias.

"Los dos grandes territorios de expansión de estas actividades de shadow banking en la última década han sido los préstamos y los sistemas de pago", indicó. En Uruguay, agregó, se está acostumbrado a que el mercado de préstamos siempre tuvo una "fuerte presencia" de actores no bancarios, pero a nivel internacional esto "explotó" tras la crisis financiera de 2008.

El experto subrayó que el hecho de que algunos servicios bancarios hoy los estén prestando entidades no bancarias responde a la existencia de incentivos para que esto pase. Por ejemplo, costos regulatorios. Hay "más exigencia sobre los bancos que sobre intermediarios no bancarios que eventualmente terminan realizando la misma actividad que los bancos", dijo. Además, la adopción de tecnologías es "mucho más ágil fuera de las instituciones bancarias" que dentro de ellas. "El propio proceso de supervisión limita o condiciona o demora o restringe las posibilidades de adopción de nuevas tecnologías por parte de los bancos", a diferencia de lo que sucede en los no regulados, dijo.

Las bajas tasas de interés que han imperado en casi toda la última década también han impactado. Entre otros, este fenómeno generó un proceso de "desintermediación", dijo. "Han bajado tanto que lo que el banco me va a pagar por mi depósito es prácticamente despreciable", apuntó. Esto es aprovechado por estos nuevos actores. También pega lo que De Brun denominó el "cambio en la percepción de riesgo": su disminución ha erosionado el "principal valor agregado" de los bancos, que es la "transformación" de riesgos. "Cuando el riesgo no vale, el valor agregado de la intermediación bancaria empieza también a ser poco apetecible", señaló. Esto propició el desarrollo de estas alternativas.

El otro riesgo mencionado fue el de-banking, cuando los bancos echan a clientes, proceso asociado a otro llamado de-risking: la eliminación de áreas de negocio, fruto de la percepción de riesgo a la que se las vincula. Esto, también, genera el "potencial" para que entren otro tipo de operadores.

De Brun concluyó que es bueno que aparezcan instituciones no bancarias, porque provocan más competencia, lo que redunda en beneficios para los consumidores. "Pero si lo único que justifica que aparezcan operadores no bancarios prestando servicios bancarios es que tienen un menor costo porque su regulación es distinta, entonces eventualmente podemos tener un problema", advirtió.

El "gran problema" de cómo tributan.

Cómo pagan impuestos las empresas de la industria fintech es una de las preguntas que han surgido en el mundo con su aparición. Para tratar este tema y brindar una visión local el contador Félix Abadi dedicó su oratoria ayer a aspectos tributarios vinculados a este tipo de emprendimientos.

El cofundador del estudio Rueda, Abadi, Pereira dijo que cómo tributa el comercio electrónico (dentro del cual incluyó a las fintech) es un "gran problema a nivel internacional", y todavía se está en una "etapa incipiente".

Abadi recurrió a un ejemplo clásico de la fintech para ilustrar qué impuestos, en teoría, deberían pagar en Uruguay las diferentes partes involucradas: el conocido como peer to peer lending. Esta modalidad consiste en un prestador que da dinero al tomador del préstamo, a través de la mediación de una plataforma. Esto, agregó Abadi, no tiene riesgo para el mediador, sino que lo asume el prestamista. El banco —que hace intermediación financiera y no mediación, como en este caso— sí asume el riesgo.

¿Qué efectos tributarios puede haber por esta operación? Abadi hizo el ejercicio si todas las partes fueran residentes fiscales. Entre otros, se podría cobrar Impuesto a la Renta de las Personas Físicas (IRPF) de 12% sobre los intereses que se generan. La plataforma, agregó el contador, podría actuar como agente de retención de ese interés. En tanto, esta actividad no abonaría Impuesto al Valor Agregado (IVA), pero sí quien presta pagaría Impuesto al Patrimonio (IP) el 31 de diciembre de cada año.

La plataforma, a su vez, debería abonar por Impuesto a la Renta de las Actividades Empresariales (IRAE) un 25% sobre la renta neta.

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