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Por el bien del bloque, llegó el tiempo de revisar el Mercosur

El estancamiento del Mercosur se transforma en una carga para Uruguay que está cada vez más necesitado de medidas tendientes a mejorar la competitividad y así dotar a la economía de una esperanza de crecimiento en los próximos años.

Cumbre del Mercosur en Paraguay. Foto: EFE
Cumbre del Mercosur en Paraguay. Foto: EFE

Se viene un estancamiento de la economía y para evitarlo hay que activar todos los motores posibles. Los acuerdos comerciales son uno de ellos y así lo entiende el gobierno, que al asumir la presidencia temporal del Mercosur anunció un nuevo intento para revivir el acuerdo regional.

El reclamo no es solo para el país, dados los desafíos que enfrentan los socios integrantes, hay una necesidad urgente de comenzar a hacer algo distinto. El acuerdo original entre Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay prevé que los temas comerciales frente al resto del mundo se deben negociar en forma conjunta. Pero cuando se intenta avanzar hay una gran debilidad porque los intereses son muy diferentes. A veces, como en el caso de las negociaciones en curso con la Unión Europea, también del otro lado de la mesa hay dificultades para concretar.

Fue en este contexto que el presidente Tabaré Vázquez señaló al asumir la presidencia temporal del bloque que bajo su mandato se procurará avanzar en la búsqueda de acuerdos con la mayor cantidad posible de países y regiones, fundamentalmente en la cuenca del Pacífico que se presenta en la actualidad como el área más dinámica del planeta.

Uruguay asumió la presidencia pro témpore del Mercosur. Foto: Reuters
Uruguay asumió la presidencia pro témpore del Mercosur. Foto: Reuters

Para nuestro país los acuerdos son necesarios por las siguientes consideraciones: a) no funcionó la integración regional para darnos economías de escala en la producción; b) perdemos en la posición competitiva con los principales mercados porque nuestros competidores tienen acuerdos preferenciales y c) no tenemos fuerza para resolver problemas administrativos que operan como barreras no arancelarias de las exportaciones.

El Mercosur no funcionó en fomentar el comercio entre los países de la región. Pasado un cuarto de siglo, el comercio exterior de Uruguay con la región pasó de ser casi la mitad al 25%. Cuando se mira el comercio desde Brasil y Argentina surge la misma historia. Para Brasil, Argentina representa menos del 10% de su comercio exterior y en el caso de Argentina, apenas hay una participación del 20% en el total de parte de Brasil. Mucho anuncio y poco avance.

Al mismo tiempo los tres países tienen el mismo desafío en la concentración de China como destino de las exportaciones. La soja tiene mucho que ver con este ascenso, pero no es el único producto que predomina en la estructura de importaciones del gigante asiático. Hay ventas también de productos de la forestación, carne, lanas dentro de nuestros productos y de hierro del lado de Brasil.

En el otro extremo, el comercio intrarregional tiene pocas estrellas identificadas, siendo el armado de automóviles un producto de alta participación, pero en su totalidad montada sobre una realidad artificial.

Hoy hay seis multinacionales con plantas abiertas en el país. Foto: Archivo El País
Foto: Archivo El País

El comercio es el principal vínculo de transmisión de conocimientos con impactos muy favorables sobre el funcionamiento de las economías. En primer lugar, porque permite lograr economías de escala, lo que torna más eficiente la producción propiciando una mejor asignación de los recursos.

El segundo tema por el cual se debe buscar con fuerza un cambio es la capacidad de competencia internacional. Las economías de escala mejoran la productividad y al mismo tiempo atraen nuevas inversiones sin las cuales no hay crecimiento posible.

Este fue el espíritu que alentó la conformación, no solo del Merco- sur, sino de una serie de acuerdos comerciales a lo largo del mundo en los años 90. Algunos avanzaron más rápido, y otros como el Mercosur se estancaron, situación que Uruguay intenta modificar durante su mandato.

Las distintas velocidades a las que avanzaron las distintas economías en materia de integración a lo largo del último cuarto de siglo las fueron reposicionando en el escenario internacional en materia de competitividad. Este es un aspecto clave en el mundo actual en el que crecen las presiones proteccionistas en la cuenca del Atlántico, mercado tradicional de las exportaciones uruguayas, presentándose el Pacífico, fundamentalmente China, como el bando defensor del libre comercio.

El tercer punto por el cual estamos quedando relegados es que en las condiciones actuales del Mercosur es imposible negociar acuerdos con terceros países o regiones. En la realidad global actual estos acuerdos parecen ser muy necesarios. Además de los logros arancelarios se mejoran los lazos y se establecen contactos que facilitan la cooperación y la resolución de las trabas no arancelarias a las importaciones.

Canciller. “Si el acuerdo se firma en 2018, en 2019 o en 2020 lo firman otros ¡bienvenido sea! Lo cierto es que vamos a seguir insistiendo”, dijo. Foto: EFE
Foto: EFE

Estas últimas son la gran barrera al comercio entre los países. Mientras que desde 1997 hasta 2015 el arancel promedio bajó de 10% a 4%, el equivalente en tarifas de las barreras no arancelarias subió de 22% a 50%. Para doblegar estas trabas es necesario generar vínculos con quienes administran la política en los países de destino y en la actualidad los acuerdos comerciales apuntan fundamentalmente a este logro.

No debe extrañar entonces el énfasis puesto por Vázquez en la búsqueda de acuerdos que permitan el acceso privilegiado de nuestra producción a la mayor cantidad posible de mercados. Económicamente es una necesidad no solo para Uruguay, sino también para sus socios al no haber concretado el Mercosur sus objetivos iniciales. La velocidad a la que se mueve el mundo y los constantes cambios que se están procesando no esperan por nosotros. Cuantos más trenes dejemos pasar más se irá ampliando la brecha con las economías más pujantes, la que jamás podrá ser cubierta por algún precio internacional que coyunturalmente se ubique en niveles excepcionalmente altos.

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