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¿Por qué no se puede calificar de fracaso a la temporada turística?

Tal como era previsto, disminuyó el ingreso de turistas argentinos en la presente temporada estival.

Arribos: este año se aguardan 172 llegadas de cruceros. Foto: R. Figeuredo
Foto: Ricardo Figeuredo

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Dada la importancia del turismo receptivo como uno de los cuatro principales generadores de divisas, junto a la carne, la soja y la celulosa, ello es motivo de atención y hasta preocupación, dadas las implicancias que tendrá en el desempeño de la economía.

Trascurrida la primera quincena del año, la más importante en cuanto al número y gasto de los turistas, no se han divulgado aún cifras oficiales. De forma preliminar, el gobierno estima un descenso de aproximadamente el 30% en el ingreso de turistas argentinos que arribó a nuestras playas respecto al año anterior. Este número surge de comparar el ingreso de turistas desde ese origen en el último trimestre de 2018 respecto a igual período de 2017, cuando ya los efectos del ajuste en la economía vecina se sintieron en toda su magnitud. Se trata además de un trimestre que incluye los últimos días del año, cuando comienza el ingreso masivo de veraneantes.

El descenso era esperado debido a las dificultades por las que atraviesa la economía vecina y al ajuste de precios relativos que experimentó a lo largo del pasado año, lo que encareció relativamente el veraneo en nuestras costas. No obstante, la magnitud de la caída es importante, lo que ha generado un debate en cuanto al fracaso o no de la temporada.

Lejos de considerarla como tal, la actual puede ser catalogada como una temporada, sino buena, por lo menos "normal".

El problema se encuentra en el punto de comparación. El verano 2018 marcó un récord en cuanto al número de turistas argentinos que visitaron nuestro país. En el primer trimestre del pasado año arribaron a nuestras costas 1.160.495 ciudadanos de ese país.

Se trató de un número excepcional. Para tener una idea de ello baste con decir que, en promedio, entre el año 2000 y el 2015 el número de turistas argentinos que visitaron Uruguay a lo largo de cada uno de esos años ascendió a 1.284.000. Prácticamente el número de turistas argentinos que visitó nuestro país el verano pasado igualó al número anual de turistas provenientes desde ese país en los 15 primeros años del siglo.

Se podrá decir con razón que el verano es la zafra del turismo argentino, y ello es verdad. Pero representa aproximadamente la mitad de todos los viajeros. Otra forma de aquilatar lo excepcional de la temporada 2018 (y también la anterior) es que en promedio ingresó casi el doble de turistas argentinos que en el quinquenio anterior.

Extrapolando el porcentaje de caída que maneja el gobierno, ingresarían al Uruguay más de 800.000 turistas argentinos en la presente temporada, lo que la situaría en un nivel similar a la del año 2016 que, hasta ese momento, fue la más exitosa desde el año 2000.

Fila de autos en el puente San Martín. Foto: Daniel Rojas
Foto: Daniel Rojas

Visto así, no se puede catalogar de fracaso a la actual temporada, ya que la caída es frente a un momento excepcional, que no era sostenible a lo largo del tiempo.

La razón de esa excepcionalidad no fue otra que la situación macroeconómica imperante en Argentina entre 2016 y comienzos de 2018. El exceso de gasto financiado con endeudamiento llevó a un atraso cambiario que estimuló el gasto en viajes al exterior y llevó el déficit en cuenta corriente al 5% del Producto Interno Bruto (PIB). Uno de los destinos elegido fue Punta del Este y las playas uruguayas. Pero no fue el único. Cruzando datos del gasto total en viajes de los argentinos a lo largo de 2017 y el gasto en Uruguay, surge que en nuestro país dejaron menos del 10% del gasto total.

Ese patrón resultó insostenible, y en el segundo semestre de 2018 Argentina se quedó sin financiamiento externo, debió recurrir al Fondo Monetario Internacional y experimentó una fuerte devaluación del peso frente al dólar.

A nivel del bolsillo del argentino medio, la devaluación abarató relativamente a su país, encareciendo el gasto en el exterior. Visto desde Uruguay, ello significó un encarecimiento en primera instancia del orden del 25% en dólares.

Con el paso de los meses, esa brecha se fue reduciendo al caer un poco la cotización del dólar en el vecino país desde 42 pesos argentinos a 38 al tiempo que la inflación cerró el año arriba del 40% y se espera baje en el 2019 al orden del 30%. La brecha en los precios en dólares con nuestro país se viene reduciendo luego que explotara en agosto del año pasado.

Pero a los efectos del turismo, tan o más importante que el precio relativo es el poder adquisitivo del viajante. Y desde este punto de vista la caída en el ingreso promedio medido en dólares de los argentinos fue importante. Así como el atraso cambiario (cuya contracara es el incremento de los ingresos en dólares) durante 2016 y 2017 motivó un boom de viajes al exterior de las capas medias de la sociedad, la devaluación de 2018 provocó el efecto contrario.

Teniendo todos estos elementos en cuenta se puede concluir que, de registrarse la caída estimada por el gobierno en el entorno al 30%, la actual no debe considerase como una mala temporada turística, ya que la comparación es ante un año excepcional.

Tampoco debe considerarse como buena ya que el principal origen de los turistas atraviesa por una situación económica delicada con caída del ingreso, lo que afecta negativamente los flujos de visitantes a nuestro país. Sin duda que cuando se recupere el ingreso de nuestros vecinos nos visitarán con más frecuencia.

Una observación final. El año pasado, en medio de una temporada excepcional, el gobierno divulgó casi que en tiempo real el número de ingreso de turistas. Este año no lo ha hecho. No entendemos porqué, ya que el descenso del turismo argentino estaría dentro de los previsto. De no ser así y la caída registrada fuera mayor sí se estaría ante una mala temporada.

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