Tema de análisis

¿Cómo cambió el mapa laboral los últimos años?

Las actividades productoras de bienes fueron reduciendo consistentemente los puestos de trabajo, al tiempo que los aumentaron los servicios sociales.

Proyección: consultoras esperan “una leve tendencia a la baja” de la demanda laboral y que se sigan destruyendo puestos de trabajo. Foto: Gerardo Pérez.
 Foto: Gerardo Pérez.

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El empleo es uno de los temas que más preocupa y seguramente será uno de los ejes de la campaña electoral que está a punto de comenzar. La pérdida de puestos de trabajo que se observa en los últimos años es real e impacta en el humor de la población, lo que se ve reflejado en el pesimismo que muestran las distintas encuestas a nivel de consumidores y empresarios.

Es un tema complejo, cuyas causas se encuentran en el propio funcionamiento de la economía, que sufre la incertidumbre derivada de la coyuntura internacional, los problemas de la región, pero también arrastra dificultades internas que inciden negativamente sobre la competitividad del sector productivo.

El mercado laboral ha sufrido una transformación importante a lo largo de los últimos años que es bueno analizarla para entender mejor su desempeño.

El escaso dinamismo de la economía, los problemas de competitividad, el mayor gasto público, la falta de capacitación y las regulaciones laborales van moldeando una estructura de empleo sectorial que en mayor o menor grado afecta a todos las ramas de actividad en el sector privado.

Globalmente la conjunción de estos factores impide que se creen nuevos empleos netos, lo que afecta particularmente a los menos calificados.

Según los datos recientemente divulgados por el Instituto Nacional de Estadística, la tasa promedio de empleo se situó en el 57,2% de la población económicamente activa. Es un descenso de 0,7 puntos respecto al dato del año anterior, estimándose una pérdida de aproximadamente 8.000 puestos de trabajo. Este comportamiento refleja el escaso dinamismo de la economía, que desde el año 2014 muestra una clara tendencia al estancamiento.

En una perspectiva de largo plazo, el nivel de empleo que registró la economía uruguaya en el último año fue similar al registrado en 2011. Teniendo en cuenta que la población en edad de trabajar aumentó en aproximadamente 140.000 personas en ese lapso, el que no haya aumentado el empleo neto es un problema serio que refleja las dificultades y afecta las expectativas.

A lo largo de este período las actividades productoras de bienes fueron reduciendo consistentemente los puestos de trabajo, al tiempo que los aumentaron los servicios sociales y las actividades empresariales.

Los casos de la industria manufacturera y el agro son muy ilustrativos. En el caso de la industria, en promedio en 2011 trabajaban 200.000 personas, cayendo a 170.000 en la actualidad. Las distintas actividades agropecuarias mostraron un desempeño similar, desde aproximadamente 155.000 trabajadores en su conjunto en 2011 a 135.000 en 2018.

Estos dos importantes sectores de actividad perdieron aproximadamente 50.000 puestos de trabajo en los últimos años, fundamentalmente a partir del año 2014.

No es casual el momento, ya que coincide con el descenso de los precios internacionales de los commodities, lo que impactó negativamente en la rentabilidad sectorial. Directamente en el caso del agro y la agroindustria e indirectamente en la manufactura por el impacto de la caída de los commodities en el desempeño de las economías vecinas.

Debido a ello los sectores afectados se ajustaron coincidiendo con cambios tecnológicos que los fueron tornando cada vez menos intensivos en el factor trabajo.

Pero así como en una perspectiva de largo plazo la economía refleja un descenso del empleo en los sectores productores de bienes, muestra como contrapartida un aumento en otras ramas de actividad, concretamente en los sectores que proveen servicios de carácter social.

Si sumamos la administración pública, la educación, la salud y los servicios sociales, el empleo aumentó en aproximadamente 35.000 puestos en el período analizado.

Todas estas actividades están muy vinculadas al sector público, pero también a una mayor demanda desde la sociedad. La educación es un claro ejemplo de ello.

Más allá de las dificultades y los magros resultados en materia de enseñanza, hubo un esfuerzo muy grande para aumentar su presupuesto, el que se destinó fundamentalmente al pago de salarios. Se mejoró la retribución de los docentes al tiempo que aumentaron los puestos de trabajo, tanto de docentes como no docentes. A nivel privado aumentó la demanda, aparecieron nuevos centros educativos y se consolidaron las universidades.

En materia de salud también se registro un aumento importante asociado al Sistema Nacional Integrado de Salud.

Desde un punto de vista teórico, una población más educada y sana es más productiva y socialmente más económica, ya que genera ingresos suficientes para mantenerse y no demanda asistencia pública, al tiempo que los gastos en salud disminuyen al no enfermarse.

Este círculo virtuoso por el momento no se ha consolidado en el país, pero en el corto plazo si está impactando a través de un mayor gasto público cuyo financiamiento recae sobre el sector privado, agravando la pérdida de competitividad del sector productor de bienes y con ello el empleo.

Otro sector de actividad que aumentó la ocupación en los últimos años es el de servicios empresariales. Incluye los servicios globales y las nuevas tecnologías. Desde 2011 a la fecha se han creado aproximadamente 25.000 puestos en estas actividades. Se trata de un sector moderno, cuyo limitante en materia de empleo es la disponibilidad de mano de obra con la calificación adecuada.

La construcción presenta un nivel de empleo similar al de 2011, cuando ya se diluía el boom de la década pasada, vinculado a la demanda argentina. En el ínterin se dio la construcción de Montes del Plata y el impulso de la ley de Vivienda de Interés Social, que propició un aumento transitorio de aproximadamente 15.000 puestos de trabajo.

Por último, el comercio, que es la actividad que más trabajo genera, no muestra mayores cambios, pero sí crece la ocupación en restaurantes y hoteles de la mano del crecimiento del turismo receptivo. Seguramente la temporada actual los afectará negativamente.

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