TASAS A LAS IMPORTACIONES

China y Estados Unidos al borde de la guerra comercial

Trump insiste con ampliar aranceles y Pekín devuelve la misma moneda.

En espejo: a cada anuncio proteccionista del gobierno de Trump, China responde con medida similar. Foto. Reuters
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La guerra comercial entre China y Estados Unidos nunca ha parecido tan cercana, con Pekín mostrándose inflexible ayer ante la última ofensiva de Donald Trump, que amenaza con triplicar las tasas a las importaciones chinas.

A lo largo de la semana las amenazas recíprocas han sido casi diarias entre Pekín y Washington.

China luchará con fuerza y "determinación" si Estados Unidos publica una nueva lista de tasas, señaló ayer el portavoz del ministro chino de Relaciones Exteriores, Wang Yi. "Esto perjudica a los intereses vitales de China y a los intereses comunes de la economía mundial", justificó.

Por su parte, el secretario del Tesoro estadounidense, Steve Mnuchin, estimó que una guerra comercial entre Estados Unidos y China se mantiene como posible aunque destacó la voluntad norteamericana de negociar.

"Estamos dispuestos a negociar y a no entrar en guerras comerciales pero, por otra parte, el presidente está determinado a defender nuestros intereses", declaró a medios televisivos.

De hecho, el asesor económico del presidente Donald Trump, Larry Kudlow, aseguró que los aranceles a productos chinos no constituyen una "carta de negociación".

"Trump no está usando aranceles como una carta de negociación, él mismo me lo ha dicho. Algo tiene que cambiar", dijo Kudlow.

El jueves Trump afirmó haber pedido al departamento de Comercio que examine implementar tasas a productos chinos por 100.000 millones de dólares bajo la aplicación de la artículo 301 (sobre la propiedad intelectual). Washington denuncia a Pekín por presuntas robos de propiedad intelectual a firmas estadounidenses en unos 1.300 productos.

Estas nuevas cifras se sumarían a las tasas que abarcan unos 50.000 millones de dólares ya mencionadas por Washington.

"Si Estados Unidos ignora la oposición de China y de la comunidad internacional y persiste en sus medidas unilaterales y proteccionistas, China está dispuesta a ir hasta las últimas consecuencias, al precio que sea", señaló el ministerio chino de Exteriores.

Estrategias.

"No digo que no vaya a haber ningún daño", reconoció al respecto Donald Trump en una radio local de Nueva York, determinado a reducir el déficit comercial de Estados Unidos con el gigante asiático (375.200 millones de dólares en 2017), que imputa a las prácticas "desleales" de Pekín.

El representante estadounidense del Comercio (USTR), Robert Lighthizer, denunció una vez más prácticas chinas que, según Washington, constituyen robos de propiedad intelectual a las empresas de EEUU que desean hacer o hacen negocios en el gigante asiático.

Sin embargo, ante la volatilidad de los mercados, que dudan de la posibilidad de una guerra comercial, el consejero Kudlow intentó calmar la situación señalando que por ahora, no había ninguna amenaza real ya que las tasas propuestas estaban sometidas a un periodo de consulta que podía durar hasta dos meses.

"Todavía no se ha aplicado nada", dijo. "Ya veremos. Esperamos que todo acabe bien", acotó.

Aliados.

Entretanto China se empeña en sumar a su causa a la Unión Europea (UE), que también se encuentra bajo la presión de Washington por las tasas al acero y al aluminio. Pekín pidió ayer a los europeos "actuar juntos" contra el proteccionismo de Washington.

"China y la Unión Europea tienen por responsabilidad hacer respetar el orden comercial multilateral basado en reglas (...) tenemos que actuar juntos", afirmó el embajador chino ante la UE, Zhang Ming.

Contrariamente a China, los 28 estados miembros de la UE están exentos por ahora de las tasas del 25% a sus exportaciones de acero, y del 10% a las de aluminio con destino a Estados Unidos, tarifas promulgadas por Trump el 8 de marzo.

El canciller Wang Yi, que visitó Moscú el jueves, pidió una movilización internacional contra Washington por sus "acciones unilaterales y la violación de normas", y además exhortó a la comunidad internacional a "defender el crecimiento de la economía mundial".

Y China también demandó formalmente el jueves a Estados Unidos ante la Organización Mundial de Comercio (OMC) por las "medidas arancelarias sobre productos chinos".

En respuesta, en uno de sus habituales tuits matinales, Trump afirmó que la "OMC es injusta con Estados Unidos".

"China, que es una gran potencia económica, es considerada como un país en desarrollo en el seno de la OMC. Por tanto recibe enormes beneficios y ventajas (...). Estamos mal representados. La OMC es injusta con Estados Unidos", tuiteó ayer.

Antes de dirigirse a la OMC, Pekín respondió a Washington con su propia nómina de productos estadounidenses a ser gravados -incluyendo soja, automóviles y aeronáutica- por un monto equivalente a 50.000 millones de dólares.

Los expertos señalan que China, en sus anuncios de represalia, incluyó productos estratégicos en la lista de productos a ser gravados para afectar de la forma más dura posible a las regiones que han votado a favor de Trump, una forma de ejercer un máximo de presión sobre el mandatario antes de las elecciones de medio mandato del 6 de noviembre.

La disputa que pone incómoda a la región

La guerra comercial en ciernes entre Estados Unidos y China ha dejado a América Latina en el medio, analizando riesgos y oportunidades.

"Estados Unidos está obligando a los países de la región a elegir entre Estados Unidos y China", dijo Margaret Myers, directora del programa para América Latina y el Mundo de Diálogo Interamericano. "Está poniendo a los países latinoamericanos en una posición muy desafiante, pero al mismo tiempo no ofrece una política particularmente atractiva", señaló.

Para muchos países de la región, entre ellos Brasil y Uruguay, China es su principal socio comercial.

Todos también están cautos con las derivaciones del conflicto. La aplicación de China de aranceles a la soja estadounidense podría implicar una oportunidad de exportar más, pero a la vez se teme de una caída de precios. LA NACION/GDA

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