TEMA DE ANÁLISIS

El empleo es clave para que no empeore el nivel de pobreza

La pobreza en la sociedad es un tema muy complejo, que involucra además del nivel del ingreso que recibe un hogar aspectos tales como las condiciones de vida, el confort, el nivel educativo, y el acceso a determinados servicios.

En la región, el índice de Gini en promedio en 2016 fue 0,467; en Uruguay 0,391. Foto: M. Bonjour
 Foto: M. Bonjour

Hay varios tipos de mediciones y recientemente se divulgó la que compara el ingreso de los hogares con una meta objetiva de recursos mínimos. Es una medida que está bueno que muestre mejoras pero para cuidarla hay que actuar sobre las carencias que tienen estos hogares en educación y fundamentalmente cuidar el nivel de empleo en la economía.

El método del ingreso para medir la pobreza es bien objetivo y de fácil cálculo. Lo que se mide es la cantidad de hogares o personas que perciben ingresos que no alcanzan para adquirir una canasta de bienes y servicios que permitan alcanzar un nivel mínimo decoroso de vida.

Se trata de un método objetivo, fácil de calcular, que permite realizar comparaciones internacionales, pero que al basarse solamente en el ingreso deja de lado aspectos muy importantes relativos a la pobreza. Un ejemplo extremo y caricaturesco es bien ilustrativo. Si un individuo recibe un ingreso monetario que supera ligeramente la línea de pobreza, pero lo gasta todo en bebida o juegos de azar, estadísticamente no es pobre, pero quien se lo cruce por la calle difícilmente no lo consideraría como tal.

La información que se acaba de divulgar refiere a este método. En promedio, en el último año el 7,9% de los uruguayos tuvo un ingreso per cápi- ta inferior al necesario para adquirir la canasta básica. En números esta-mos hablando de aproximadamente 276.000 personas.

La reducción de la pobreza a lo largo del tiempo responde a varios factores. El más importante es el salario. Por construcción, la línea de pobreza se ajusta mensualmente por la variación de los precios de sus componentes, en cierto modo sigue al Índice de Precios del Consumo (IPC). Pero a lo largo de la última década aumentó el salario real. Es decir que los ingresos aumentaron a un ritmo mayor que la línea de pobreza.

Por otra parte, al medir el ingreso se contabilizan como tal una serie de transferencias en especie que recibe la población, algunas de las cuales se fueron implementando a lo largo de estos años, como el seguro de salud y los programas asistenciales del Ministerio de Desarrollo Social. La contracara de estas transferencias que mejoran el ingreso de los más humildes es el costo fiscal que implican.

Un dato que comenzó a divulgarse es el de la brecha de la pobreza. A nivel individual marca la distancia entre el ingreso que percibe esa persona que se encuentra por debajo de la línea de pobreza y la propia línea, es decir cuánto le falta para dejar esa condición.

A nivel global señala algo diferente, ya que refleja el esfuerzo monetario hipotético que sería necesario realizar para erradicar la pobreza medida por el ingreso. El supuesto es que esos recursos se focalizan efectivamente en la población objetivo.

Tal cual acontece con la pobreza, la brecha se fue cerrando con el paso del tiempo, debido a la mejora en los ingresos monetarios y las transferencias recibidas. En promedio en el último año se situó en el 1,2%. Este número mide el hipotético costo per cápita que implicaría focalizar eficientemente los recursos necesarios para erradicar la pobreza medida por el método del ingreso.

Este valor se puede estimar. Para ello hay que realizar algunos cálculos y efectuar algunos supuestos, pero se puede llegar a un rango bastante aproximado. El inconveniente principal es que la línea de pobreza varía según la zona geográfica de que se trate. Es mayor en Montevideo que en el interior. A su vez es más alta en el interior urbano que en zonas rurales.

Ello responde a diferencias en el costo de vida en uno u otro lugar y a los distintos servicios que se reciben, que se compatibilizan como parte del ingreso.

Para solucionar estos inconvenientes trabajamos con dos líneas de pobreza a los efectos de simplificar los cálculos. Una hipótesis de máxima, es decir la más cara, considerando la línea de Montevideo. La otra es un promedio simple entre Montevideo y el Interior urbano. En términos anuales la focalización del gasto representa un monto de entre US$ 180 millones y US$ 220 millones.

En base a los cálculos sobre el número total de pobres, ello representaría una transferencia promedio de entre $ 1.550 y $ 1.880 según qué línea de pobreza se considere. A nivel de cada persona que recibiría esta asistencia, ello significaría un incremento del ingreso del orden del 18%.

Más allá del abatimiento de la pobreza y el cierre de la brecha, se encienden luces de alerta sobre la posibilidad de poder mejorar los indicadores sociales del país.

La mejora del empleo fue una variable fundamental que contribuyó al descenso de la pobreza, pero en los últimos tiempos se está deteriorando. Al respecto, la tasa de empleo es sustancialmente inferior entre los más pobres. Mientras que el 58,8% de la población cuyo ingreso supera la línea de pobreza trabaja, a nivel de los más pobres el porcentaje se reduce al 45,3%. En materia de desempleo, también se observan diferencias, 6,9% y 23,9%.

Claramente el aumento del desempleo reduce el ingreso y acerca a las personas a la pobreza o, las lleva a aceptar trabajos de baja calidad. Mientras que el 22% de los trabajadores más pudientes están en una situación de informalidad, a nivel de los más pobres ese porcentaje supera al 70%.

El deterioro que está mostrando el mercado laboral con disminución del empleo y aumento de la desocupación impactará en el ingreso de los más vulnerables con implicancias en la pobreza, por lo que será más costoso erradicarla, al menos estadísticamente a través del método del ingreso.

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