Entre lo sostenible y lo convencional

¿Cómo coexisten dos modelos de negocio en la vestimenta?

Mientras crece la preferencia por la ropa sostenible, la indumentaria en base a cuero y pieles pelea su lugar.

La industria del cuero atraviesa un mal momento aunque sigue siendo un producto demandado por el mercado local. Foto: Darwin Borrelli
La industria del cuero atraviesa un mal momento aunque sigue siendo un producto demandado por el mercado local. Foto: Darwin Borrelli

En los últimos años, a nivel mundial ha aumentado la tendencia del consumo responsable, un concepto que es cada vez más común en Uruguay y que trata sobre los cambios de hábitos en aspectos tan diversos como la alimentación saludable, la preferencia por la indumentaria sostenible, los productos orgánicos y naturales, el interés por el reciclaje y otras prácticas que tienen como objetivo la reducción del impacto en el medio ambiente.

Estas nuevas tendencias han contribuido a la creación de una nueva forma de consumo y por ende, de nuevos modelos de negocios que fomentan —entre otras cosas— la reutilización de los productos, las prácticas "amigables" con el medio ambiente y con los animales.

En este contexto, algunos sectores de la actividad económica han sido afectados. Un ejemplo de esto en Uruguay es la industria peletera, dedicada tradicionalmente a la elaboración de indumentaria a base de cuero y pieles, que ha recibido críticas por utilizar materias primas provenientes de los animales.

Federico García Cabanas, director de South American Leather Services, una compañía dedicada a brindar servicios de cuero, explicó a El País que hay tres razones principales por las cuales la demanda de cuero en el mundo ha disminuido.

La primera tiene que ver con la aparición de productos sustitutos que ofrecen características similares al cuero, la segunda refiere al elevado precio (los productos sustitutos son más baratos y de menor calidad) y la tercera responde a una corriente de pensamiento que defiende la naturaleza y que combate la matanza de animales.

"La tendencia a nivel internacional —y también local— es a estar en contra del cuero por defender la vida de los animales y eso no suma al negocio", indicó el empresario. Además, dijo que hay una "desinformación" sobre el sector y argumentó que "el cuero es en realidad un subproducto de la industria frigorífica y que no se mata al animal para obtener su piel, sino que se mata para obtener su carne".

En línea con esto, la diseñadora uruguaya Victoria Liguori, dijo estar convencida de que utilizar cuero como materia prima para la elaboración de sus productos también ayuda al ecosistema, porque de lo contrario se convertiría en desperdicio.

Por su parte, la diseñadora textil, Valentina Barreiro, cuestionó que los productos llamados ecológicos o sustentables sean realmente amigables con el medio ambiente.

"La generación de fibras artificiales también tiene costos fuertes en cuanto al impacto medioambiental y no sé qué tan sustentable es que generen un material de polietileno con otros derivados del petróleo. Hay que encontrar otras alternativas", indicó.

Pese a las críticas, los empresarios dedicados a la venta de productos de cuero y otros derivados de animales, coincidieron en que sus ventas no se han visto afectadas. Si bien reconocieron que en múltiples ocasiones recibieron críticas por el origen de sus productos, afirmaron que hay un mercado interesado en su oferta.

"Probé hacer productos reciclados pero no tuvieron mucha aceptación. A veces la gente quiere comprarse una cartera de cuero y no por eso cree o siente que está atentando contra los animales o el ecosistema", indicó Liguori.

En el caso de Barreiro, la diseñadora manifestó que en "alguna ocasión" evitaron comprarle alguno de sus productos porque tenían cuero, sin embargo, dijo que a nivel de ventas "nunca" le afectó.

El empresario García Cabanas confía en que "algún día" se termine la idea de que la industria de cuero nacional está directamente relacionada con la matanza de animales. Al respecto, dijo que en Uruguay se matan más de dos millones de vacunos al año por el negocio frigorífico.

"Si no utilizáramos ese material para convertirlo en un bien aprovechable, contaminaría muchísimo, pero hay mucho desconocimiento sobre el tema. Tarde o temprano la ignorancia tiene fecha de vencimiento", sentenció.

Del otro lado de la vereda, Valentina Suárez, fundadora de Mola, una feria internacional de moda sostenible, explicó a El País que "es muy complicado cambiar la mentalidad de las empresas que ejecutan un modelo de negocios tradicional ya que su fin primordial es hacer dinero".

La principal crítica de Suárez hacia las empresas que trabajan con derivados de animales, tiene que ver tanto con el origen de sus productos, como con el proceso que utilizan en la industria para acondicionar las pieles.

"Las curtiembres generan muchísimos residuos químicos, si se tratara solo de la piel de un animal que se murió de forma natural no me parece mal, pero si la piel atravesó un proceso químico sí porque va a impactar en el medio ambiente", explicó.

Sobre este punto, el director de South American Leather admitió que los procesos empleados por la industria del cuero se hacen con productos químicos que contaminan.

Empero, afirmó que la regulación vigente y los controles de calidad que deben cumplir las curtiembres son "mucho más exigentes" que antes y que además, los procesos tecnológicos han ayudado a reducir el impacto ambiental.

"Hay un protocolo serio y exigente, no solo a nivel estatal sino a nivel de los clientes. No sé si se logrará algún día ser cero contaminante pero seguro que vas a llevar tus procesos a que cumplan todos los requisitos ambientales", comentó.

A pesar de no estar de acuerdo con el modelo de negocios "convencional", Suárez admite la dificultad de que un modelo de producción sea cien por ciento sostenible.

"Lo que hacemos con Mola es trabajar en el medio, ni en un extremo ni en otro, por supuesto que apuntamos a ser totalmente sustentables pero somos conscientes de que el camino de transición es un proceso", dijo.

Según la directora de Mola, hay "dos grandes modelos de negocios" (sostenible y convencional) que coexisten en el país. Su objetivo es que nazcan "nuevos paradigmas económicos" que aboguen por un impacto medioambiental positivo.

"Es muy difícil que ambos modelos compitan entre sí queriendo aniquilar al otro, además tienen públicos diferentes. Aunque nosotros trabajamos para generar conciencia, a fin de cuentas el que tiene la batuta es el consumidor", concluyó.

Dos visiones

Dos visiones
Las "ventajas" de ser sostenible

Para Valentina Suárez ser sostenible tiene "muchísimas ventajas", entre ellas la de generar un impacto positivo en el medio ambiente y en la sociedad. Además, confía en que a nivel económico una empresa sostenible puede generar mayores ingresos al ofrecer "productos únicos que son valorados" y que tienen una historia detrás. La sostenibilidad es algo muy creativo porque te lleva a ejecutar modelos de negocios que además de ser muy llamativos, pueden generar una fidelización con el público, mucho más fuerte que cualquier otro modelo". Para la directora de Mola, "se están encontrando nuevos caminos" en la forma de consumir, además dijo que confía en que la industria de la moda sostenible "se está consolidando y resurgiendo cada vez más".

Dos visiones
El "valor" de la materia prima

El empresario García Cabanas, confía en que la industria del cuero vuelva a posicionarse en el negocio, para eso espera que "los jóvenes" adquieran conciencia sobre sus hábitos de consumo actuales. "Hoy ya hay personas que están empezando a reflexionar, que ven mucha cosa barata que es una porquería", indicó. Agregó que espera que se vuelvan a valorar los productos "de calidad" aunque sean más caros. "Tenemos la suerte de tener una materia prima de valor, que es muy buscada. Creo que va a haber una concientización y un regreso a la compra de este tipo de productos", concluyó. Para la diseñadora Valentina Barreiro, "hay que buscar alternativas y si hay que reconvertirse será un desafío interesante".

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