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Cómo se puede convertir al Mercosur de un “lastre” a un bloque abierto al mundo

El Mercosur no ha logrado despertar del “estado letárgico” tras 20 años de “estancamiento y retrocesos”, sostuvo Ricardo Markwald, economista y consultor privado.

Académicos coinciden en que desde hace 20 años el Mercosur permanece en estado “letárgico”. Foto: EFE
Académicos coinciden en que desde hace 20 años el Mercosur permanece en estado “letárgico”. Foto: EFE

En un reciente encuentro virtual organizado con el objetivo de debatir sobre el Mercosur a sus 30 años, académicos de los cuatro países del bloque coincidieron en que este aniversario no tiene mucho para celebrar.

El Mercosur no ha logrado despertar del “estado letárgico” tras 20 años de “estancamiento y retrocesos”, sostuvo Ricardo Markwald, economista y consultor privado, a modo de presentación.

Sobre esa base, los académicos se plantearon qué posibilidades tiene el Mercosur para emerger, fundamentalmente en base a dos acciones: la concreción del acuerdo con la Unión Europea y la flexibilización de las condiciones que permitan a sus socios acordar con terceros países, causa que impulsan especialmente, Brasil y Uruguay.

“Son 20 años ya que estamos en esta situación, con reducción del comercio intrazona”, aseguró Juan Carlos Hallak, investigador de la UBA y el Conicet de Argentina, quien subrayó las dificultades que genera la falta de competitividad y de insumos en los países del bloque

El lastre.

Para Andrés Malamud -politólogo argentino e investigador del Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Lisboa-, el Mercosur, así como está “es un lastre”.

Al repasar las distintas dimensiones en las que se basa la importancia de un proyecto de integración regional, Malamud remarcó que se deben “sopesar costos y beneficios”, pero, afirmó, dejar esta “porquería funcionando así es más barato que convertirlo en algo que funcione”.

Para Oscar Stark, exviceministro de Industria y viceministro de Comercio de Paraguay, es necesario no poner en riesgo lo existente, ya que su país “igual está ganando mucho con este Mercosur imperfecto”, dado que es el destino a donde coloca la mayoría de sus productos con valor agregado.

Marcel Vaillant, docente de Comercio Internacional de la UdelaR -uno de los convocantes al evento virtual junto con Sandra Ríos, directora del Centro de Estudios de Integración y Desarrollo de Brasil (Cindes)- remarcó que el principal problema es de credibilidad: “hacemos una mímica de algo que no somos”.

Exportaciones tuvieron una fase de crecimiento en los 10 años posteriores a la crisis de 2002. Foto: Archivo El País
Exportaciones en el Puerto de Montevideo. Foto: Archivo El País.

Las represalias.

Hallak sostuvo que la unión aduanera no está funcionando porque hace falta un consenso entre los países acerca de “querer tener una economía abierta al mundo”.

Roberto Bouzas, profesor de la Universidad de San Andrés, de Argentina dijo no estar de acuerdo con que lo que impide salir de este statu quo sean los compromisos adquiridos entre los países y sus eventuales represalias. “Lo que impide en realidad son los compromisos y dilemas internos que tiene cada uno de los países” y en ese contexto, “el Mercosur se convierte en una buena excusa”. Y puntualizó que, “si algo no ha tenido el Mercosur, es liderazgo”.

Según Markwald, “el único que puede liderar” al Mercosur, “es Brasil”.

Pero Malamud refutó esa afirmación. “Brasil no tiene capacidad de liderazgo, tiene capacidad de hacer las cosas solo y llevar a los demás a rastras. Y los que no creen que Brasil va a liderar, como Uruguay, tienen que hacer las cosas sensatas e inteligentes e ir por su lado”, subrayó.

Al inicio del mandato de Jair Bolsonaro, Brasil parecía ponerse al frente de impulsar la flexibilización del Mercosur y aún insiste con la baja del Arancel Externo Común, según apuntó Sandra Ríos.

Pero este gobierno se enfrentó “con lobbies sectoriales proteccionistas de la industria” y el presidente, a diferencia de su ministro de Economía Paulo Guedes, “es un nacionalista que no tiene una agenda liberal en su ADN”.

Pedro Motta, sociólogo y director de Cindes, rememoró que la concreción del Mercosur y sus compromisos, fue “una novedad económica, comercial y política de los años 90, poco a poco absorbida por el establishment proteccionista de Brasil”.

La vacuna disponible.

Para Vaillant, los acuerdos comerciales preferenciales con terceros países son “las vacunas” contra el proteccionismo. “Tenemos que ir hacia la flexibilidad, que en buena medida ya existe”, declaró.

“Si ya existe, lo que debemos hacer es sincerarlo de una buena vez -apuntó Oscar Stark- cuando uno lee el tratado de Asunción es una mentira, era imposible tener en un año una unión aduanera”.

Pero Sandra Ríos, advirtió que pensar en institucionalizar esa flexibilidad “no luce como una opción probable”. Por tanto, pronosticó que el resultado esperable es que esa flexibilidad ocurra de forma “caótica”.

Y Markwald advirtió que, aunque ya exista de hecho la flexibilización, “una cosa es que hayamos negociado con los países andinos o con México acuerdos bilaterales. Pero si mañana a Brasil se le ocurre hacer un acuerdo con Estados Unidos y a Uruguay con China, estaríamos en otro escenario”.

En tanto, la ratificación del acuerdo con la Unión Europea generó gran escepticismo entre los académicos que participaron del foro, aunque la posición mayoritaria fue que, en caso de avanzar, podría actuar como un “catalizador” que obligue a los países del Mercosur a adoptar reformas.

Bouzas remarcó su escepticismo: “¿Alguien piensa que este acuerdo tiene alguna viabilidad en un horizonte panificable?, ¿cuál es el incentivo de los europeos para firmar?”, se preguntó.

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